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¿Una tienda online? Lo que hay que saber

Eduardo Martínez Cristóbal. Desarrollador web/mobile

Una de las especialidades de Bittia es el desarrollo de tiendas online. Muchos son los clientes que han confiado en nuestro trabajo y que han implementado este servicio en sus páginas web. Sin embargo, y sin dudar de los beneficios que reporta este modelo de comercio, es importante llegar al punto de tomar la decisión de crear una tienda online con unas cuantas ideas claras. Aquí se resumen algunas que pueden ser utilidad.

Antes de empezar

Existen varios puntos fundamentales a tener en cuenta antes de iniciar el desarrollo de una tienda en línea que sirvan para asentar las bases del proyecto.

Actualmente, existe un error muy extendido al pensar que una tienda en línea requiere menos tiempo y esfuerzo que una tienda física, cuando más bien es lo contrario, ya que hay que tener en cuenta aspectos como los horarios, los envíos o la asistencia.

Los pilares fundamentales sobre los que sostener una tienda en línea son, además de la calidad del producto (obviamente), la transparencia de cara al cliente, la facilidad para comprar y la presencia en Internet de nuestra tienda.

Competencia

Evidentemente, el primer paso debe ser conocer si hay alguien que ya vende a través de Internet nuestro producto. Comprobar quién (recurriendo a su asistencia técnica o contacto comercial, por ejemplo) y cómo lo hace (leyendo sus condiciones de venta, viendo sus promociones, añadiendo productos al carrito o realizando una pequeña compra, por ejemplo) es una buena forma de saber con qué encontrarnos, encontrar ideas y buscar puntos fuertes y débiles en los que basar nuestra página.

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Métodos de envío

El envío de los artículos es un punto fundamental a tener en cuenta en una tienda en línea. El cliente siempre espera un servicio rápido y seguro por lo que es indispensable definir muy claramente los métodos y tiempos de envío, así como las condiciones de devolución.

Hoy en día muchas agencias de transporte ofrecen servicios express de 24/48 horas a precios asequibles con precios que varían según destino y peso.

Es recomendable escoger el transportista antes de comenzar a desarrollar la página a fin de poder escoger la mejor solución para la web que vayamos a crear.

Métodos de pago

Del mismo modo que una página requiere de un buen servicio de envíos, ésta debe ofrecer al cliente la posibilidad de pagar a través de los métodos más habituales.

PayPal y una pasarela de pagos (Terminal de Punto de Venta, TPV) contratada a través de nuestra entidad bancaria son las formas más habituales de recibir cobros.

Si bien darse de alta en PayPal es relativamente fácil y rápido, la solicitud y alta de un TPV virtual se puede demorar días o incluso semanas dependiendo de la entidad bancaria, por lo que es recomendable realizar los trámites a la mayor brevedad posible.

Cada entidad bancaria utiliza una pasarela de pagos distinta, por lo que la programación del TPV variará en función de con quién contratemos el servicio. Así, al igual que con los métodos de envío, es importante definir previamente quién nos da el servicio de cara a escoger la mejor solución para nuestra web.

Otros métodos de pago podrían ser el pago contra reembolso, el cual se gestionaría a través de la agencia de transportes, o la transferencia bancaria, facilitando al usuario un número de cuenta donde realizar el pago del pedido.

En cualquier caso, es importante que el método de pago resulte reconocible y fiable para el usuario para evitar que éste recele ante una posible página de fraude.

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Condiciones de compra y Condiciones de envío y devolución

Definir muy claramente cuáles son las condiciones en las que el cliente compra y recibe el pedido ahorrará muchos conflictos con él y ayudará a afianzar una imagen de transparencia a nuestro negocio en Internet.

Contacto

Muchos clientes potenciales tienen como práctica habitual ponerse en contacto con la tienda en línea simplemente para ver que hay alguien ‘detrás’.

Facilitar varios métodos de contacto y dar una respuesta rápida a través de ellos permitirá a los clientes resolver sus dudas. Facilitar un teléfono y una cuenta de Skype (indicando en ambos casos unos horarios de atención para evitar malos entendidos)  así como una dirección de correo electrónico son las mejores vías de comunicación.

Facilitar también datos como el CIF o la dirección fiscal de la empresa puede ser importante para aumentar la seguridad del cliente en nuestra empresa.

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Puesta en marcha

Una vez que ya hemos sentado las bases de nuestra tienda en línea, comienza el proceso de desarrollo y puesta en marcha.

Catálogo

La presentación de nuestros productos es fundamental. Un buen nombre y una buena descripción pueden ayudarnos a posicionar mejor nuestra tienda en Internet. Múltiples imágenes de buena calidad permitirán al cliente comprobar mejor la calidad del producto. Facilitar datos técnicos, en el caso de que los hubiera, o incluir productos relacionados con el que se esté consultando en ese momento son otros puntos favorables.

Presencia en Internet

Que nuestra tienda esté en Internet no implica que la gente sepa que nuestra tienda exista. A fin de llegar a un buen número de clientes potencias sin fiarlo todo a las búsquedas que éstos hagan en los buscadores; podemos darnos de alta en comparadores de precio.

Los comparadores de precio dan servicios, por lo general gratuitos, a tiendas en línea. Sincronizando nuestro catálogo con el suyo, facilitándoles periódicamente los productos, descripciones y precios de éstos, podremos conseguir accesos a nuestra página desde otras páginas.

Otra opción es recurrir a pagar por publicitarse en buscadores, siendo la opción más extendida Google Adwords. Google nos cobrará un importe por cada clic que hagan en nuestra publicidad, dependiendo el coste de los términos de búsqueda por los que queramos aparecer.

Las redes sociales nos sirven tanto para promocionarnos como para conseguir un feedback de forma rápida y barata. Facebook, Twitter o Instagram son las plataformas más populares y otras con Pinterest también pueden resultar interesantes para darnos a conocer.

Dado que cada red cuenta con su propia idiosincrasia, es recomendable adaptar el lenguaje y los contenidos a cada una de ellas, evitando en la medida de lo posible duplicar contenidos.

Llevar a cabo acciones promocionales (ofertas, descuentos, regalos, concursos, etc.) tanto en nuestra web como en nuestras cuentas en redes sociales debe ser siempre una opción a tener en cuenta.

Demasiadas notas

Por Jaime Poncela

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Todos tenemos creatividad, al igual que tenemos un coche, un ojo del culo y diversas opiniones. Pensamos además que nuestras ideas, nuestras opiniones y nuestros coches son mejores que los del resto y que nuestro ojete está más limpio y huele mejor que el de los demás. Pero, claro, eso no es así y hace falta experiencia vital, práctica y algo de modestia para ser capaces de calibrar si todas esas cosas que nosotros tenemos son realmente mejores que las de los demás. Este es en esencia el problema del creativo: dedica cientos de horas a una idea que es como de su familia. La teje, la pule, la limpia, la fija, la defiende y cuando ya cree que esa cosa creada es el no va más de su talento, viene un público en general, un cliente en particular o un un envidioso profesional y le echa por tierra el invento.

La creatividad es un trabajo duro y oscuro que empieza dando palos de ciego con mil intuiciones propias, otras tantas peticiones inconexas del cliente que cree saber lo que quiere pero que no sabe explicarlo, comentarios bobochorras de los compañeros de la oficina y, sobre todo, una férrea determinación de conseguir un producto final original, que cumpla las expectativas del cliente y que sea comercial además de artístico. ¿Siempre se consigue? No. Rara vez el creativo ve como coincide al 100% su idea con la del cliente. El ego de creador se doblega a las necesidades del negocio y trata de hacer de la necesidad virtud consolándose con lo de “pudo haber sido peor”.

Tal vez esta somera descripción de lo que es el trabajo creativo, hecha por alguien ajeno parcialmente a ese trabajo, permita comprender el carácter de los creativos, seres que pueden oscilar entre declaraciones grandonistas y numantinas en defensa de su obra para, a los cinco minutos, quedar desarbolados por un escueto “no lo veo” salido de la boca del cliente que, como es lógico, también piensa que es un gran creativo.

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Hay una escena de la película “Amadeus”, de Milos Forman, en la que el emperador sube al escenario a felicitar a Mozart tras el estreno de una de sus óperas. Pero el emperador, que además de representar el poder por antonomasia también se cree en el derecho de juzgar el trabajo de un genio y de bajarle los humos por si se lo tiene demasiado creído, se ve en la obligación de poner su “toque” y le dice a Mozart que a la ópera “le sobran notas”, dejando al compositor entre perplejo e indignado ante una boutade de esas dimensiones proferida desde la regia frivolidad. ¿Demasiadas notas? ¿Se atreve alguien a decirle al mecánico que acaba de reparar su coche que el arreglo tiene “demasiados tornillos”? No. ¿Por qué entonces todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre el trabajo creativo y a exigir al autor obras buenas, bonitas y, ojo, baratas, pero que, además, acierten en toda la diana con el gusto de la mayoría ¿Explica todo esto el carácter algo rarito de creadores y diseñadores? ¿Explica su ego superlativo o su inseguridad enfermiza? ¿Explica que casi todos tengan barba? (esto último no cuenta). ¿Explica que no se fíen de nadie pero a la vez tengan la necesidad de la aprobación de todos?

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Bueno, pues todas estas cosas y alguna más nos las cuenta Ángel Heredia, veterano diseñador y creativo, director creativo de Bittia, que contará en la Librería La Buena Letra algunos secretos de la vida del creativo. Ángel responde fielmente al esquema del creativo, es un pura sangre que sufre y disfruta a partes iguales con un trabajo que forma parte de la historia de Bittia.

Cinco cosas que me gustan de ser desarrollador web

Por Eduardo M. Cristobal. Desarrollador web de Bittia.

Allá por el año 1998 hice mi primera web: tenía el fondo naranja y muchos, muchos GIFs animados. Era horrible pero me encantó hacerla porque resultó un reto buscar los recursos necesarios, aprender HTML y subir el resultado a Internet (¡cómo costó esto último!).

Pasaron unos años hasta que decidí ser desarrollador web, pero hoy puedo decir que tengo el privilegio de dedicarme a lo que me gusta. Estas son algunas de las razones, ilustradas todas ellas con GIFs en pequeño homenaje a aquella página exageradamente naranja:

Tu trabajo llega a muchísima gente

Es una perogrullada, pero cada vez que subes un proyecto a Internet estás expuesto a la crítica (buena y mala) de mucha gente. Luchas contra el síndrome del impostor (http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%Adndrome_del_impostor): Cada trabajo es un termómetro de lo bien o lo mal que lo estás haciendo, hay una exigencia detrás, un listón que superar.

No te puedes quedar atrás

Seguir día a día la actualidad, tecnologías, tendencias, etc. es una máxima del sector. Aprendes o te quedas atrás. La evolución de Internet es brutal y existen grandes fuentes de información de profesionales de alto nivel. Es de agradecer que trabajadores de BBC expliquen cómo trabajan, por poner un ejemplo. Admiro el talento que tiene la mucha gente que pone a disposición de todo el mundo sus trabajos en Internet, herramientas de gran ayuda para el resto de la comunidad de desarrolladores.

Me gusta dedicar unos minutos al día a revisar todas estas novedades y probarlas: Nunca falta una carpeta de ‘test’ en el ordenador donde poder probar un estilo CSS, un script de jQuery o una clase PHP.

Lo que aprendes de los clientes

Salvo que te dediques a publicar contenidos única y exclusivamente relacionados con el diseño y desarrollo web, la gran mayoría de nosotros solemos trabajar para todo tipo de clientes: particulares,  autónomos, empresas, fundaciones, etc.

Eso te permite conocer mucho mejor la actividad de profesionales ajenos a tu sector y valorar aún más lo que hacen: cuando menos lo esperas te das cuenta de que aquel trabajo, como todo, requiere talento y esfuerzo.

Lo que aprendes de tus compañeros

En Bittia trabajas con un jefe de proyecto que osa ponerle precio en forma de horas a tus preciadas “obras de arte”, un diseñador gráfico que te descoloca aquel dichoso formulario, un responsable de comunicación que te pone pingando en redes sociales, una ejecutiva de cuentas que te pregunta cuándo estará la web que te encargaron esa misma mañana, una responsable de medios que te pide un banner interactivo para ayer… incluso algún comercial del equipo de fútbol rival.

Como ocurre cuando tratas con un cliente, acabas aprendiendo mucho de ellos viéndoles desarrollar su trabajo día a día: para que yo entre en acción alguien tuvo que buscar el cliente, reunirse con él, presentar una propuesta, etc. Hay mucho trabajo colectivo detrás de cada proyecto.

Y por supuesto, también están otros desarrolladores web (¡se os quiere!) con los que trabajas codo a codo (o código con código) y que te ayudan a mejorar compartiendo trucos, opiniones, recursos, etc.

También trabajas solo

Muchas veces ese proyecto en el que estás metido se convierte en “tu” proyecto. Vuelves al primer punto: tu trabajo llega mucha gente. Se convierte casi en una cuestión de orgullo. Quieres asumir la responsabilidad de hacerlo bien y la sensación cuando esto ocurre es magnífica porque nadie más que tú (salvo que vociferes por la oficina, como es mi caso) sabe lo que te ha costado rehacer ese código o maquetar esa página. ¡Bien por uno mismo!

Caja Rural de Asturias: el reto de publicitar un banco (y 2)

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Una vez llegados al punto de considerar que Caja Rural de Asturias es una marca consolidada, con buena imagen y unas fortalezas que superan las amenazas o las debilidades, pusimos en marcha el trabajo para elaborar dos líneas de comunicación basadas en el convencimiento de que hacer una campaña para Caja Rural sirve al  objetivo de reforzar una entidad con excelente imagen y buenos servicios, no para “lavar la cara” a un banco en momentos de baja popularidad. Este no es el caso.

En primer lugar se creó un lema genérico capaz de definir el espíritu de la entidad y la actitud con la que Caja Rural de Asturias se relaciona con sus clientes. Se trata de una entidad financiera, profundamente arraigada en Asturias, muy familiar para los asturianos y, a la vez, comprometida con la modernización de sus servicios, sus plantillas y las herramientas que ofrece a sus clientes para que accedan a todos los servicios que ofrece esta institución financiera.

Del trabajo preparatorio, el análisis de la empresa y el intercambio de ideas con el cliente surgieron dos ideas fundamentales. Por un lado, una campaña de posicionamiento centrada en un lema simple: “Estás en tu caja”. Más allá del juego de palabras que dejaba abierta la combinación “casa” y “caja” nos pareció muy oportuno unir ambos conceptos para definir en una sola frase o en un golpe de vista la personalidad de un cliente que tiene entre sus fortalezas principales la cercanía, la permanencia, la continuidad y la familiaridad con Asturias, en otras palabras, ser “de casa”. Personajes anónimos y cercanos aparecen en la comodidad de sus casas, sabedores de que esa misma seguridad acogedora la van a encontrar en su trato con Caja Rural. La invitación a entrar “en tu casa” es intercambiable con la que se hace para entrar “en tu caja”. Por eso todas las piezas gráficas que se han colocado en las sucursales de la entidad, o mupis son una invitación reforzada con el lema y con la imagen de personas como cualquiera de nosotros que se sienten en su caja como en su casa.

En las piezas de radio se ha optado por Amanda, Juan, Laura y Andrés, cuatro clientes de Caja Rural de Asturias que cuentan cómo se sienten como en casa trabajando con nuestra entidad.

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Todo encaja

Como una acción derivada de la anterior para Caja Rural de Asturias, sugerimos un segundo lema que sería aplicable a los diferentes productos de la entidad: “Plan todo encaja”. El denominador común de la propuesta es destacar la cercanía de Caja Rural de Asturias a las necesidades y las realidades de sus clientes, tanto los particulares como los autónomos, empresarios y profesionales, los clientes de toda la vida y los que se acercan ahora a Caja Rural de Asturias. En definitiva, se buscaron lemas en los que queda claro que en la Caja Rural de Asturias son “los de siempre”, aunque con una clara vocación de mostrar que no dejan de modernizarse, de “encajar” en la realidad de la comunidad y de sus clientes, de trabajar por Asturias y hacerlo con los medios más modernos, adaptados a las necesidades de sus clientes, con la experiencia y la honestidad que ofrece el modelo de la banca cooperativa.

La campaña cuenta con sus correspondientes adaptaciones para prensa, Internet, radio y televisión.

 

Caja Rural de Asturias: el reto de publicitar un banco (1)

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¿Hacer publicidad para una entidad bancaria? Lo que en cualquier otra época habría sido el inicio de un proceso más de creatividad, de búsqueda ideas y de relación con un cliente más (un cliente solvente  y deseable tratándose de un banco), en las actuales circunstancias económicas y sociales se trata de un reto publicitario por encima de lo corriente. Los bancos, las entidades financieras en general, todo lo que tenga que ver con este sector soporta el peso de una publicidad negativa generada por varios años de escándalos, rescates, reconversiones internas y casos de fraudes protagonizados por gestores bancarios o responsables políticos vinculados a estas instituciones. Un ejemplo de como la crisis bancaria había dañado la imagen de todo el sector, fue el autobús fletado por un bufete de abogados de Madrid dedicado en su totalidad de pregonar las condenas impuestas por los tribunales a Bankinter para conseguir captar clientes entre los perjudicados.

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Una imagen así hubiera sido impensable no hace demasiado tiempo, pero esta demostraba a la perfección el nivel de malestar que los bancos habían generado en la opinión pública.

Crear una campaña para un banco en estas circunstancias era todo un reto creativo y de comunicación para cualquier agencia. Así nos lo planteamos en  BITTIA cuando Caja Rural de Asturias contactó con nuestra agencia para solicitar una propuesta de campaña en la que el reto era conseguir reforzar la imagen de la entidad sin modificar su identidad corporativa, así como crear una imagen de marca capaz de atraer a un sector de público muy concreto: pymes, autónomos y profesionales.

Partiendo de la constatación de que los bancos son empresas poco valoradas y más bien temidas o despreciadas por los ciudadanos, y de que muchas de las cajas de ahorros han perdido su carácter de instituciones con un perfil social, además de verse envueltas en grandes escándalos, procedimos a analizar qué elementos del perfil de Caja Rural de Asturias permitían separar a esta entidad de ese ‘agujero negro’ que se tragaba la imagen y la marca de buena parte de sus competidores. Y una vez más llegamos a la conclusión de que es fácil hacer publicidad cuando el producto es  bueno, cuando tiene más virtudes que defectos y asienta sus bases sobre principios sólidos y una trayectoria coherente. Caja Rural de Asturias forma parte de esas entidades de ahorro que han sido muy consecuentes con sus principios y fieles a la ética que supone trabajar en el régimen de banca cooperativa. Una ventaja fundamental para nuestro trabajo es que la marca “Caja Rural de Asturias” nunca ha estado asociada a escándalo o irregularidad alguna, ha sabido mantener su posición aún a costa de poder aparecer en el mercado como una entidad menos “moderna”.

Pero ¿basta con ofrecer tecnología para atraer a los clientes? En el proceso de preparación de la oferta pudimos comprobar que la mayoría de los usuarios de la banca hacen más hincapié en contar con un banco cercano, amigable y de confianza que en los aspectos tecnológicos. En la mayoría de las encuestas de opinión sobre la banca, los clientes subrayan que toman las decisiones relacionadas con su dinero en función de la proximidad, la confianza y la transparencia que ofrecen las diferentes entidades. Las crisis hacen recomendable la prudencia, la vuelta a los valores sólidos, tradicionales y de reconocido prestigio. Caja Rural de Asturias se iba perfilando como una entidad bancaria con suficientes fortalezas propias para resultar atractiva sin necesidad de crear una imagen positiva “de laboratorio”.

¿No había zonas grises? Sí, desde luego. No hay anverso sin reverso. Caja Rural de Asturias tiene más de medio siglo de presencia en el Principado a base de trabajar un sistema de negocio personalizado y cercano. Pero la propia entidad es consciente de que esa proximidad a los clientes se había sustentado durante mucho tiempo  en un contexto casi exclusivamente rural y su intención actual es acercarse a un tipo de cliente urbano, joven, profesional o empresarial. Ello no implica que Caja Rural de Asturias renuncie a sus orígenes, al contrario, quiere basar en esos orígenes el incio de una etapa de expansión en la que el público demanda una de las virtudes de esta marca: la confianza.

Por tanto, nuestra ruta estaba ya trazada por las fortalezas de una marca bien valorada. En nuestro siguiente post os contaremos como lo hicimos.

¿Por qué está de moda “Man men”?

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Extracto del libro “La Publicidad me gusta”

Autor: José Carlos León Delgado

Editado por: El Viso Media, S.L.U. www.elvisomedia.com

La serie ambientada en una agencia de publicidad de los años sesenta, en la famosa Madison Avenue en la que genios como David Ogilvy llevaron la profesión a todo lo alto, es una de las sorpresas televisivas de los últimos años. ¿Y por qué logra tanto éxito en un momento en el que las voces en la red proclaman la muerte de la publicidad. Especialmente en la primera temporada, la trama desgranaba los secretos de la creatividad publicitaria, de la negociación, de la creación de mercados y productos. Era veraz, y algunos viejos rockeros lo hemos vivido tal cual se presenta. Pero no es prehistoria.

No es casualidad que atraiga a los nativos digitales tanto como a los dinosaurios del marketing. Porque el marketing y la comunicación están de moda. Y en el mundo de la web social y de los prosumers, esos consumidores y productores a la vez de información de los que hablaremos más adelante, todos quieren ser publicistas o parecerlo. Sí. Se empieza escribiendo un blog y se acaba anunciando algo. O vendiendo espacios para la publicidad.

Nos hemos creído eso de que los consumidores son los apóstoles de las marcas, y más allá de la celebérrima frase “el medio es el mensaje” de McLuhan, ahora “el usuario es el medio, el mensaje y el producto al mismo tiempo“.

Y entonces, llega la curiosidad por saber cómo se hace, para hacerlo o para deshacerlo, porque siempre habrá quien insista en la teoría conspiranoica de que los publicitarios maquinamos para esclavizar a la sociedad al consumo y a las marcas. No importa que tengas inteligencia y sepas que no necesitas tres pares de zapatillas de deporte o cuatro relojes. No importa que te guste desayunar el pan de ayer tostado, si hago una buena campaña de publicidad, te haré comprar todo lo que yo diga y cambiarás el pan por los cereales multivitaminados con el envase de ‘Toy Story’, aunque cueste tres veces más.

¿Tenemos superpoderes, como ironizaba Carlos Dulanto en un fantástico post en el blog Roastbrief?

“Sí, quise ser publicista porque me di cuenta de que una sola palabra es más poderosa que todas las poses del mundo. Quise ser publicista porque podía ser invisible y hablar a través de las marcas, reflejándome a mí mismo en sus ideas, ocultándome detrás de cada slogan”

No somos Fu Manchú, pero sí tenemos un cierto poder. Y cuanto más crezca la cultura del on line, más poder tendremos. Porque en la red casi todo es gratis. Facebook, Google o Spotify. Es gratis, para el usuario, porque quien lo paga es la publicidad. Sin publicidad, adiós deporte, adiós información, adiós cultura… ¿Seguro que quieres que muera?

A finales de 2011, España vivió una revuelta de los usuarios en redes sociales para convencer a los anunciantes de que retiraran sus spots de un programa de “telebasura”, indignados porque pagaron una entrevista a la madre de un implicado en un asesinato. Y las marcas reaccionaron quitando sus anuncios, todas. Pero las redes sociales no amenazaron con un hashtag que llegara a Trending Topic durante años o con mil páginas de Facebook en contra del programa. No, pidieron a quien tiene el poder que lo ejerciera. Porque sin publicidad, no hay dinero para el programa.

No estamos locos. Somos ‘Mad Men’ porque estamos locos por nuestro trabajo, pero no porque no sepamos lo que hacemos. Lo sabemos muy bien. Somos quienes ponen en contacto a quienes quieren comprar algo con quien quiere vendérselo. Comunicamos y tratamos de convencer, pero si tú no estás loco, sabrás lo que quieres y lo que no quieres. Yo sólo te mostraré el camino y tú lo andarás.

Como en los años dorados de Madison Avenue, la publicidad tiene poder, pero el verdadero poder lo tiene el consumidor, que es quien abre su cartera y decide qué comprar, y como le dijo Winston Churchill a Roosevelt:

“La publicidad nutre la capacidad de consumo de los hombres. Presenta ante ellos la meta de un hogar mejor y una mejor alimentación y vestido para ellos y sus familias. Espolea el esfuerzo individual y la mayor producción”

Aunque si esto te parece demasiado capitalista en los tiempos que corren, mira lo que decía el ruso Anastás I. Mikoyán en la era comunista:

“La tarea de la publicidad soviética consiste en dar al pueblo la información exacta respecto a las mercancías que están en venta. La tarea primaria es dar una información verdadera y exacta, una descripción completa sobre la naturaleza, calidad, propiedades y forma de uso de las mercancías anunciadas”

La publicidad es información y, como tal, es necesaria y útil. Podemos y debemos plantearnos a quién le corresponde emitirla, cómo y dónde. Pero sea social o no, la vida es marketing.

Título original: La Publicidad me gusta

Autor: José Carlos León Delgado

Editado por: El Viso Media, S.L.U. www.elvisomedia.com

Nada es más fiable que la publicidad

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El texto forma parte del libro “La publicidad me gusta” de José Carlos León.

“Publicidad es: Un mensaje emitido por una marca, que informa de su producto y de su oferta a un receptor, posible comprador.”

 

Está claro que el objetivo de informar es tratar de convencerle pero, a partir de ahí, las estrategias de comunicación serán más o menos lineales o complejas, concretas o difusas, pero información. Técnicamente, serían funciones connotativas y denotativas del lenguaje, para seguir en un entorno de la teoría. Pero a diferencia de otras formas de comunicación, ninguna, y creo decir bien, ninguna está tan controlada, observada y legislada como la publicidad. Créanme.

 

• Para empezar, mientras un periodista puede ocultar sus fuentes bajo secreto profesional, un publicitario está obligado a demostrar, con estudios independientes de mercado, o análisis de laboratorio, cada afirmación. Especialmente si se atreve con la publicidad comparativa.

 

• Y si se trata de una pieza creativa, con más o menos fantasía, está obligado a indicar con una leyenda que se trata de “ficción publicitaria”, no vaya a ser que alguien se crea que un coche puede volar y se lance al vacío después de ver un anuncio. Algo a lo que un director de cine o un escritor de novelas no están obligados.

 

• Y por si fuera poco, y sin olvidar a las asociaciones de consumidores y de espectadores, ahora están las redes sociales, que tienen como deporte favorito ir a por cada anuncio para buscarle cualquier atisbo de discriminación, abuso, intento de venderte algo o de lavarte el cerebro. Algo, que no ocurre tan frecuentemente con las noticias que lees en los periódicos, aunque algunas de ellas sean auténticas tropelías a la objetividad. Sin contar con que los medios, rara vez hablan de publicidad si no es para mencionar alguna campaña polémica.

 

• Y siempre se sabe de qué va. Si se ajustan a la legalidad, los contenidos publicitarios deben estar claramente identificados en los entornos informativos con la palabra “publirreportaje”, “infocomercial” o la separación de contenidos clara.