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¿Qué ver en YouTube?

En el último año he aumentado bastante mi consumo de contenidos en YouTube. Como mucha gente, solía entrar a la plataforma para ver virales, vídeos musicales y alguna web serie, pero poco más (¡el canal de Bittia, por supuesto!).

Apenas estaba suscrito a ningún canal. Esto era debido principalmente a la influencia de los medios tradicionales, obsesionados con un perfil concreto de youtuber (denominación que reciben los autores que suben vídeos a la plataforma) y sus ingresos, un tema recurrente en las noticias relacionadas con YouTube. La idea del chaval haciendo el tonto mientras juega a algún videojuego (gamers) me espantaba y apenas perdía tiempo en ver qué me podían ofrecer

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Tratando de superar este cliché comencé a ver contenido de varios de los autores más populares en España y, si bien es cierto que me sorprendió ver una mayor variedad de lo que yo esperaba (no todo son gamers), no dejaba de tener la sensación de que muchos eran esclavos de su público. Si veías sus vídeos más populares y luego los más recientes, observabas como los contenidos de canales completamente distintos en origen comenzaban a asemejarse entre sí, dando la sensación de que habían dado con la tecla para rentabilizar cada uno de sus vídeos, imponiéndose incluso cierta autocensura. Si alguien hacía un vídeo de preguntas de suscriptores, a la semana había otros 100 en otros canales y la originalidad caía en picado.

Evidentemente, esta primera inmersión no fue especialmente satisfactoria pero conseguí mediante búsquedas, vídeos relacionados y artículos en Internet dar con contenidos de interés para mí. Aunque la mayor parte de los vídeos que veo son de humor, he ampliado bastante la variedad de canales a los que estoy suscrito. Aquí dejo algunas (que podrían ser muchas más) de mis recomendaciones:

Nekojitablog

Seguramente sea el canal al que esté más enganchado ahora mismo. Un matrimonio formado por una japonesa y un español afincado en el País del Sol Naciente explica cómo es la vida en Japón, desmontando todo tipo de estereotipos occidentales sobre sus gentes y tradiciones.

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axelcasas

Llegué hace años a su canal a través de su web serie VHS, llevada más tarde al canal de televisión TNT por la productora El Terrat. La serie, situada en un videoclub, partía de la crítica a una película de serie B como punto de partida de las andanzas del propio Áxel Casas y su amigo Ronquete (habitual en sus producciones). Tanto VHS como sus posteriores proyectos son una fuente inagotable de risas.

Fortfast WTF

Autodenominado “el Iñaki Gabilondo de la botellonada” este youtuber se hizo muy popular por los vídeos donde, micrófono en mano, hacía todo tipo de cuestiones en botellones universitarios. Siguiendo el mismo formato, ha puesto en más de un apuro a jóvenes, mayores, extranjeros o incluso políticos en todo tipo de eventos.

Around The Corner

Aunque no soy muy de maquillarme y no me acabo de combinar bien un body, muchos de sus contenidos (más allá de los típicos vídeos de preguntas y respuestas, tags o challenges de YouTube) me parecen bastante entretenidos y bien editados. Mención especial para los vídeos de DIY (Do It Yourself, Hazlo tú mismo), que me encantan.

Entrena con Sergio Peinado

Sergio Peinado es entrenador personal y sube mucho material para que todos nos pongamos como burros mediante consejos prácticos y una gran de rutinas de pocos minutos que él mismo hace en sus propios vídeos.

Ecce-Loulogio

Loulogio

Aunque Loulogio ganó mucha notoriedad ya hace años en YouTube gracias a sus cómicos doblajes de productos de teletienda (Telemierda Entertaiment) su pasión por el cine y cómics es lo que me ha enganchado a su canal.

Rodrigo Fáez

El periodista asturiano de beIN Sports tiene un vídeo blog de lo más interesante para los amantes del fútbol. Trabajar cubriendo la Copa de Europa durante el pasado curso le ha permitido crear el ‘Diario de Champions’ relatando las experiencias de sus viajes por el Viejo Continente.

rodrigo faez

andro4all

¿No sabes qué móvil Android comprarte? andro4all es famoso por sus completas reviews de terminales con el sistema operativo de Google exponiendo de forma clara y sencilla los pros y contras de cada teléfono.

aNDRO4CILL

Tastemade

Si te gusta la cocina en este canal encontrarás un filón. Existen versiones en inglés y español con recetas y otros contenidos diferentes entre sí.

TASTEMADE

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Demasiadas notas

Por Jaime Poncela

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Todos tenemos creatividad, al igual que tenemos un coche, un ojo del culo y diversas opiniones. Pensamos además que nuestras ideas, nuestras opiniones y nuestros coches son mejores que los del resto y que nuestro ojete está más limpio y huele mejor que el de los demás. Pero, claro, eso no es así y hace falta experiencia vital, práctica y algo de modestia para ser capaces de calibrar si todas esas cosas que nosotros tenemos son realmente mejores que las de los demás. Este es en esencia el problema del creativo: dedica cientos de horas a una idea que es como de su familia. La teje, la pule, la limpia, la fija, la defiende y cuando ya cree que esa cosa creada es el no va más de su talento, viene un público en general, un cliente en particular o un un envidioso profesional y le echa por tierra el invento.

La creatividad es un trabajo duro y oscuro que empieza dando palos de ciego con mil intuiciones propias, otras tantas peticiones inconexas del cliente que cree saber lo que quiere pero que no sabe explicarlo, comentarios bobochorras de los compañeros de la oficina y, sobre todo, una férrea determinación de conseguir un producto final original, que cumpla las expectativas del cliente y que sea comercial además de artístico. ¿Siempre se consigue? No. Rara vez el creativo ve como coincide al 100% su idea con la del cliente. El ego de creador se doblega a las necesidades del negocio y trata de hacer de la necesidad virtud consolándose con lo de “pudo haber sido peor”.

Tal vez esta somera descripción de lo que es el trabajo creativo, hecha por alguien ajeno parcialmente a ese trabajo, permita comprender el carácter de los creativos, seres que pueden oscilar entre declaraciones grandonistas y numantinas en defensa de su obra para, a los cinco minutos, quedar desarbolados por un escueto “no lo veo” salido de la boca del cliente que, como es lógico, también piensa que es un gran creativo.

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Hay una escena de la película “Amadeus”, de Milos Forman, en la que el emperador sube al escenario a felicitar a Mozart tras el estreno de una de sus óperas. Pero el emperador, que además de representar el poder por antonomasia también se cree en el derecho de juzgar el trabajo de un genio y de bajarle los humos por si se lo tiene demasiado creído, se ve en la obligación de poner su “toque” y le dice a Mozart que a la ópera “le sobran notas”, dejando al compositor entre perplejo e indignado ante una boutade de esas dimensiones proferida desde la regia frivolidad. ¿Demasiadas notas? ¿Se atreve alguien a decirle al mecánico que acaba de reparar su coche que el arreglo tiene “demasiados tornillos”? No. ¿Por qué entonces todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre el trabajo creativo y a exigir al autor obras buenas, bonitas y, ojo, baratas, pero que, además, acierten en toda la diana con el gusto de la mayoría ¿Explica todo esto el carácter algo rarito de creadores y diseñadores? ¿Explica su ego superlativo o su inseguridad enfermiza? ¿Explica que casi todos tengan barba? (esto último no cuenta). ¿Explica que no se fíen de nadie pero a la vez tengan la necesidad de la aprobación de todos?

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Bueno, pues todas estas cosas y alguna más nos las cuenta Ángel Heredia, veterano diseñador y creativo, director creativo de Bittia, que contará en la Librería La Buena Letra algunos secretos de la vida del creativo. Ángel responde fielmente al esquema del creativo, es un pura sangre que sufre y disfruta a partes iguales con un trabajo que forma parte de la historia de Bittia.

El día a día en Bittia

Sonia Vázquez Hevia 

Trabajar en una agencia de publicidad es simplemente ¡genial! No hay tiempo para aburrirse y el trabajo nunca es monótono.
Cuando llegas a la oficina por la mañana no sabes si vas a tener que programar una página web, retocar unas imágenes, salir en un spot publicitario o escribir un artículo para el blog…
Aunque soy informática, también he estudiado diseño gráfico, y siempre me ha apasionado el mundo de la publicidad.
Trabajar con profesionales de perfiles tan distintos es muy enriquecedor, sobre todo a la hora de aportar ideas.
El proceso desde que el cliente viene con unas necesidades concretas, nace la idea, se le da forma y, finalmente, se materializa, es muy complejo e intervienen muchas personas:
Desde los creativos, que tienen las ideas, hasta el copy que da forma a los textos, pasando por las ejecutivas de cuentas, que hacen de nexo entre el cliente y la agencia, y las planificadoras de medios, que pactan con los medios de comunicación dónde, cuándo y cómo se publicará la campaña.

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No podemos olvidarnos de los comerciales, quienes se encargan de establecer, fomentar y mantener la relación con el cliente, ni de la directora, quien tiene la ardua labor de coordinar a tantos y tan dispares perfiles.
No menos importante es la labor de nuestra administrativa, quien atiende a todo aquel que cruza nuestra puerta o nos contacta por teléfono.
Luego estamos los informáticos… Nosotros nos dedicamos a maquetar y programar (sí, ese montón de líneas de código aparentemente sin sentido, pero eso os lo contaré otro día) las páginas web y las aplicaciones móviles.
Y entre una cosa y otra aún nos queda tiempo para arreglar el mundo, estar al día de la actualidad, defender a los animales y al trigo sarraceno, discutir (esto nos gusta mucho), aprender, ver anuncios (desde que trabajo en Bittia… ¡ya no hago zapping!), comer regaliz, intentar enseñar a programar a nuestro copy (debo decir que con muy poco éxito), fomentar la adopción de gatitos abandonados y beber mucho café para sobrellevar este ritmo tan ajetreado.
Pero, sobre todo, nos queda tiempo para disfrutar de nuestro trabajo y de nuestro día a día. Y eso, se nota.

 

El Quino de mi vida

Ángel Heredia, director creativo de BITTIA

Esta historia ya la conté otra vez –uno acaba contando siempre las mismas historias–, con algunas variaciones, hará diez años, a propósito de un libro que editó el Ayuntamiento de Gijón sobre el genial dibujante Alfredo Truán (1895-1964).

A mediados de los años 80 un servidor solía bajar tres o cuatro veces por semana desde el barrio de Pumarín hasta la vetusta –y única, por entonces– Biblioteca Pública de Gijón, con la firme intención de estudiar allí lo que no estudiaba en casa, una casa con demasiados hermanos, demasiado ruido y demasiada tele. Demasiadas distracciones.

Normalmente empezaba bien, con ganas. Cogía mi tocho de papeles, ponía la cabeza entre las manos, a modo de orejeras, e intentaba sumergirme en mi particular océano de sabiduría, ayudado por aquel silencio monacal. Así las primeras dos horas. Luego, inexorablemente, las distracciones venían a mí: además de chicas con apuntes, en una biblioteca hay libros. Y los libros tienen algo, un no sé qué, que distrae mucho. Total, que más tarde o, casi siempre, más temprano, me levantaba y me ponía a recorrer anaqueles al azar, deteniéndome sobre todo en libros gordos con fotos o ilustraciones, que exigían menos esfuerzo intelectual.

Fue así como aprendí a distinguir entre dinosaurios saurisquios y ornistiquios por la forma de su cadera y como conocí los hitos fundamentales de la historia del motociclismo hasta Freddie Spencer. También recuerdo una vez que, después de ojear con excesiva atención a los detalles un manual de cirugía plástica y reparadora, me puse pálido y tuve que salir a que me diera el aire. Hubo otra vez que igualmente tuve que salir de la Biblioteca, pero en este caso porque me dio la risa y la gente empezó a mirarme raro, como cuando te da la risa en un funeral. Bueno, en realidad esto de la risa en la biblioteca me pasó al menos dos veces: la última, que recuerde, repasando “Los forrenta años” de Forges. La primera, eso seguro, fue ojeando la antología “Gente en su sitio” (Lumen) de Quino, hoy flamante Premio Príncipe de Asturias 2014 en la categoría de Comunicación y Humanidades.

Siempre quise ser dibujante, aunque apenas lo he conseguido. En aquella época dibujaba a todas horas y en todas partes, compulsivamente. Era bastante malo y sufría de una inseguridad atroz. Al ser necesariamente autodidacta –lo de las clases y los profesores particulares fue un invento del maligno y de la sociedad del bienestar en los 90– aprendía a golpe de ensayo y error. Me negaba a copiar (algo que muchos años después descubrí, por boca de dibujantes profesionales, que es el mejor camino –el único, quizá– para aprender a dibujar) y me preguntaba cosas como si, cuando empiezas a dibujar, por ejemplo, un tigre, tiene que notarse desde el principio que va a ser un tigre y no, por ejemplo, una vaca. Y, como todos los dibujantes imberbes, sufría mucho dibujando manos.

Me deprimía ver lo buenos que eran –que habían llegado a ser– artistas del bocadillo tan diferentes en todo como Moebius-Giraud (dios por encima de todos, aún hoy), Hal Foster, Hugo Pratt… o Quino.

Mafalda, los inicios

Mafalda, los inicios

Lo de Quino fue un caso especial. Aquel Quino rápido y minimalista de Mafalda (ver imagen 1), me daba esperanzas. A ver: aunque era evidente que andaba sobrado de soltura y expresividad –y yo no– los suyos eran unos trazos rápidos, funcionales, muy subordinados al texto (escribir como los ángeles es “el otro” talento inigualable del argentino, como ocurre con todos los grandes humoristas gráficos que en la historia han sido)… Parecía un objetivo, no sé, asequible llegar a dibujar, al menos, como el Quino de Mafalda, el primer Quino que conocí. Nunca –eso sí lo supe, ay, muy pronto– sería Moebius, pero Quino (el de Mafalda)… bueno, podía intentarse. Aún guardo en alguna parte unas cartulinas con unas tiras cómicas que empecé a escribir y dibujar bajo el “síndrome Quino”, aunque justo es aclarar en este punto que tal síndrome resultó ser escasamente contagioso por falta de talento en el cultivo.

Eso, ya digo, fue cuando Mafalda. Con Mafalda me pasa como a mucha gente: la niña en sí me resulta algo repolluda y marisabidilla para sus escasos ocho o diez años, supongo que porque está interpretada por un señor de veinte o treinta años más, los que tuviese Quino entonces. Pero la genialidad –y la necesidad, tal vez hoy más que nunca– de las ideas que expresa, y la forma hilarante y puntiaguda en que lo hace, acabaron dejando su huella en varias generaciones de jóvenes ilusos. Y yo fui uno de aquéllos, a mucha honra.

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Pero eso fue cuando Mafalda. Años después, en la Biblioteca Pública de Gijón, descubriría que Quino el de Mafalda no solo dibujaba a Mafalda. Resulta que, cuando se ponía, cuando no estaba constreñido por el rígido cajón horizontal de las tres o cuatro viñetas para el periódico, el jodío Quino dibujaba como el jodío Leonardo da Vinci (ver imagen 2). Y lo que era aún más asombroso: ese considerable esfuerzo añadido no menguaba ni una ápice la agudeza y gracia de sus textos. ¿Ves cuando vas a dar un paseo en bici con Lance Armstrong (igual tendría que buscar otro ejemplo) y, en una cuesta larga, justo cuando tienes la sensación de que estás consiguiendo apretarle un poco las tuercas, va él y te dice “Taluego”? Pues eso.

No resulta muy original, tal día como hoy, declarar que uno ha disfrutado mucho y durante mucho tiempo con Quino. Es don Joaquín Salvador Lavado Tejón una referencia artística, intelectual y ética necesaria, universal y, seguramente, eterna. Del mismo modo que uno puede recordar, sin esforzarse, escenas y diálogos de pelis de Woody Allen o de Pajares y Esteso, es oír “Quino” y venirse a la memoria un torrente de trazos, escenas y frases, cada una más genial que la anterior. Por eso mismo sufrí tanto, también, con Quino. Porque cuando empezaba a pensar –ya, ya lo sé: qué ingenuo– que algún día podría alcanzarlo dibujando, una sola palabra, una sola perspectiva suya en un dibujo de un libro de la editorial Lumen, como una revelación, me mostró que la distancia era, en realidad, astronómica y que igual debería imponerme objetivos profesionales más humildes, como diseñador gráfico o así.

Imaginaos la distancia ahora, que es Príncipe…

 

 

Mentiras como una casa en Whatsapp y redes sociales

 Cosas que se creen en Whatsapp

No eres el único que está bajo la lupa de los rumanos. Ellos controlan los movimientos de 100.000 personas a la vez, todo un barrio. Lo dicen carteles en las paradas de autobús y los mensajes de Whatsapp… No sabes cuándo la vecina del 3A del final del barrio hace sus compras, pero los rumanos sí.

La «información vecinal» llega a un periódico local:

«Vecinos de Sevilla Este alertan de la existencia de una banda de rumanos con carteles en las paredes…»

Un lector del diario pregunta: ¿Cómo se sabe que eran rumanos?

Otro lector replica: Son rumanos porque los vio la vecina de mi primo mientras entraban en el bloque de enfrente.

A esta historia de rumanos se suceden otras, también vía Whatsapp como: Si tocan el timbre unos rumanos para vender colonia, no las huelas que te duermes y te roban en casa.

Otros mensajes añaden: secuestran a tus hijos y los venden a burdeles de Oriente Próximo, venden sus órganos… Esto ha pasado en Murcia (los whatsapps en Sevilla), ha pasado en Sevilla (los whatsapps en Cáceres), ha pasado en Cáceres (los whatsapps en Oviedo)…

A estos rumanos itinerantes, ladrones de órganos, se les une la cofradía errante de argentinos violadores. Estos tienen el poder de la bilocación (la posibilidad de estar en dos sitios a la vez): recorren la geografía española violando a la vez que permanecen encarcelados en su país de origen. Así que están en Argentina y, a la vez y ahora, en Zaragoza o tal vez Alcalá de Henares.

… Son algunas de las leyendas urbanas que circulan a través Whatsapp y que obliga a la Policía a emitir comunicados para calmar los ánimos de los ciudadanos.

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Cosas que se creen en Twitter

Mientras tanto, los usuarios de Twitter se burlan de quienes difunden trolas en Whatsapp, pero no están libres de falta. Basta recordar la difusión de la mentira de la donación de Iniesta tras ganar la Eurocopa 2012. Una mentira surgida en Twitter y que Twitter pronto aceptó, y tardó días en enterrar (lo que sucede en Twitter, se queda en Twitter).

Cosas que se creen en Facebook

En Facebook, son las citas célebres falsas, los virales de amor y los montajes fotográficos para desprestigiar a los enemigos. Contenidos en muchos casos desprestigiados, pero que no inspira a los difusores a pedir perdón. Lo importante es el mensaje, dicen, el mensaje de amor o el mensaje contra el contrario. De manera que seis policías golpeando a un mendigo que duerme tranquilamente en un banco se convierte en una fotografía icónica antisistema.

Por qué compartimos trolas

El director y guionista transmedia Gustavo Palacios comenta sobre las trolas y leyendas que: «de alguna forma el gran motor de cambio ha sido Facebook, ya que “compartir” un contenido es parte esencial de su naturaleza y eso hace ver como normal que compartas cualquier cosa. Cadenas de fortuna, de urgente ayuda, de curaciones mágicas… Yo creo que hay algo de la naturaleza humana en la necesidad de creer, ser parte de una comunidad y hasta de una verdad».

Quizá la necesidad de pertenecer a una comunidad conduce a millones de alumnos de secundaria españoles a secundar una huelga falsa. Ocurrió con un mensaje de Whatsapp animando a los alumnos a no asistir a clase el 5, 6 y 7 de febrero. La trola llevó al Sindicato de Estudiantes a emitir un comunicado para desmentir la convocatoria.

Difundir leyendas de rumanos y seguir una huelga falsa son ejemplos de que a menudo solo queremos creer lo que reafirma nuestros prejuicios, nos interesa o nos place (como rehuir las obligaciones) o nos permite permanecer «dentro de la comunidad». Para algunos, estar fuera del grupo es duro; aceptar mentiras es más cómodo.

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La pereza intelectual

Jorge, un español afincado en Australia, dice que: «Si compartes una “noticia” que dice que no hay que beber Coca-Cola porque un estudio científico ha revelado que provoca desligamiento ultramolecular en el testículo izquierdo, ¿te has molestado siquiera en poner en Google “coca cola desligamiento ultramolecular” a ver qué sale?»

Para Jorge es síntoma de pereza intelectual. Palacios coincide al afirmar: «Solemos repetir fórmulas sin razonar y compartir pensamientos que ni hemos reflexionado, porque el ejercicio de la razón es exigente y hasta peligroso».

Viejos mitos, nuevos soportes

Esta pereza explica la pervivencia de leyendas urbanas del pasado, acogidas ahora por las redes sociales y que programas como Cazadores de mitos se encarga de desmontar. Al respecto, la periodista Marina Montes recuerda la carta de la peseta de los 80 y los 90. ¿Quién no recibió un sobre con una peseta y una carta sugiriendo enviar diez copias con una peseta cada una a otras personas?

«La diferencia es que ahora todo es más inmediato», señala Montes.

La tarea de continuar la cadena era tan penosa como vergonzosa. El temor irracional a no seguir las instrucciones obligaba a muchas personas a escribir a mano diez o más cartas (tantas como las solicitaba el anónimo), punto por punto y coma por coma, comprar diez sobres y meterlos en buzones ajenos esperando no ser vistos. Ahora compartir cadenas, bulos y leyendas urbanas es tan fácil como hacer click en el botón «compartir» en el navegador o el móvil. Y ya no hay vergüenza por recibir un tirón de orejas.

Difusores de trolas y reincidentes

«En mi experiencia, la gente que manda ese tipo de “alertas” continuamente no para de hacerlo por muchas veces que les informes, amablemente, de que son una patraña», dice Jorge. Asegura no tener reparos en bloquear o dejar de seguir a quienes son adictos a la propagación de bulos, personas que en muchos casos carecen de curiosidad intelectual.

Realmente, crear mentiras es tan fácil como saber dirigirse a un público concreto.

Una niña inventa que si dejas a un Pou con cien cacas aparecerá un ovni para llevárselo, lo difunde por Whatsapp y miles de niñas pican y difunden «el truco». Siguen esperando el ovni.

Uno de mis tíos me comentó en cierta ocasión que los fantasmas eran señores que por las noches salían con farolas bajo sábanas blancas para acostarse con la mujer de otro. Nadie detenía a los fantasmas. Esto demuestra que el conocimiento es poder. En este caso, saber que los fantasmas no existen, y sacar un provecho de ello.

Las leyendas urbanas, las fotografías trucadas, mitos científicos, lo que dicen los políticos, los virales de amor, que la muralla China se ve desde el espacio… son algunos fantasmas de nuestro tiempo. ¿Qué mentiras has dejado de creer?

 

La guía del titular irresistible en 5 minutos: 8 fórmulas radicalmente eficaces para conseguir que tus lectores no pasen de ti olímpicamente

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A través de Luis Arroyo (http://www.luisarroyo.com)

Bueno quizá no sean siempre tan eficaces, pero si has llegado hasta aquí no empezamos mal.

Me acabo de encontrar con un artículo interesante que fija las ocho cosas que hacen que en Internet los artículos, los posts, los tuits, tengan especial interés. Obviamente, son las mismas ocho cosas que funcionan en el mundo analógico de toda la vida. Pero ya sabemos que a la gente que anda en Internet aún le gusta que le hablen de Internet…

Aquí estás las ocho cosas:

1. La sorpresa

Obama, por ejemplo, consigue según parece especial viralidad cuando pone esas exclamaciones del tipo “¡Pues sí, me gusta Obamacare!” o preguntas sorprendentes como “¿Quieres cenar conmigo?”. Esa disonancia de “escuchar” a un presidente decir cosas con tanta naturalidad, produce una sorpresa que invita a compartir.

2. Las preguntas

Es un clásico. La pregunta fia la anteción y predispone a la lectora a saber qué podrá encontrar. No tiene mucho secreto. Los publicitarios conocen el efecto desde antiguo.

3. La curiosidad

Por ejemplo: “El secreto mejor guardado en la mesilla de noche del presidente”, “Adivina quién estaba cenando el lunes con Messi…” El cotilleo, la información “confidencial”, los “nos cuentan qué…”, las campañas teaser… Y las propias curiosidades. Según parece uno de los libros más comprados en Navidad para los muy curiosos niños y adolescentes es el famoso catálogo de los récords del mundo. No nos resuelven la vida, pero en la sala de espera de un dentista el libro triunfaría.

4. Lo negativo.

El artículo que estamos adaptando aquí cita un estudio de 65.000 titulares y descubre que el uso de superlativos negativos incrementa un 30 por ciento la lectura del contenido.

5. El uso del “Cómo..”

Está estadísticamente demostrado que funciona muy bien el “Cómo llegar”, el “cómo hacerse rico” o “cómo hacer amigos”. Los lectores no buscan tanto información como una cierta estructuración de su mundo. Y el “cómo” ayuda. Pero también muestra la estadística que funciona mejor aún la fórmula “guía para principiantes”, o el “paso a paso”, o el “hazlo tú mismo”, o “lo que sea para torpes”.

6. Los números

Por supuesto, puede que los números sean la estrella de los buenos titulares. Números en general y números en forma de lista. Los decálogos, las listas de éxitos, los 40 principales, las cien primeras medidas… De nuevo, un estudio bien interesante, comparando el uso de varias técnicas con un mismo titular, demuestra que el número sigue siendo el rey. Vamos a por la séptima fórmula:

7. Las referencia a la audiencia

Otro estudio compartivo: En Noruega se midió la eficacia de hacer referencia a la audiencia en un titular comparándolo con otro similar genérico. Tenía más éxito el titular “¿Es éste tu Iphone 4?” que un simple “Se vende Iphone 4″.

8. La concreción

Nunca lo dijo de esa manera, aunque sí parecido, pero se atribuye a Stalin la frase “un millón de hombres muertos son una estadística; un hombre muerto es una tragedia”. Las historias concretas son mucho más poderosas que los conceptos abstractos.

Caja Rural de Asturias: el reto de publicitar un banco (y 2)

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Una vez llegados al punto de considerar que Caja Rural de Asturias es una marca consolidada, con buena imagen y unas fortalezas que superan las amenazas o las debilidades, pusimos en marcha el trabajo para elaborar dos líneas de comunicación basadas en el convencimiento de que hacer una campaña para Caja Rural sirve al  objetivo de reforzar una entidad con excelente imagen y buenos servicios, no para “lavar la cara” a un banco en momentos de baja popularidad. Este no es el caso.

En primer lugar se creó un lema genérico capaz de definir el espíritu de la entidad y la actitud con la que Caja Rural de Asturias se relaciona con sus clientes. Se trata de una entidad financiera, profundamente arraigada en Asturias, muy familiar para los asturianos y, a la vez, comprometida con la modernización de sus servicios, sus plantillas y las herramientas que ofrece a sus clientes para que accedan a todos los servicios que ofrece esta institución financiera.

Del trabajo preparatorio, el análisis de la empresa y el intercambio de ideas con el cliente surgieron dos ideas fundamentales. Por un lado, una campaña de posicionamiento centrada en un lema simple: “Estás en tu caja”. Más allá del juego de palabras que dejaba abierta la combinación “casa” y “caja” nos pareció muy oportuno unir ambos conceptos para definir en una sola frase o en un golpe de vista la personalidad de un cliente que tiene entre sus fortalezas principales la cercanía, la permanencia, la continuidad y la familiaridad con Asturias, en otras palabras, ser “de casa”. Personajes anónimos y cercanos aparecen en la comodidad de sus casas, sabedores de que esa misma seguridad acogedora la van a encontrar en su trato con Caja Rural. La invitación a entrar “en tu casa” es intercambiable con la que se hace para entrar “en tu caja”. Por eso todas las piezas gráficas que se han colocado en las sucursales de la entidad, o mupis son una invitación reforzada con el lema y con la imagen de personas como cualquiera de nosotros que se sienten en su caja como en su casa.

En las piezas de radio se ha optado por Amanda, Juan, Laura y Andrés, cuatro clientes de Caja Rural de Asturias que cuentan cómo se sienten como en casa trabajando con nuestra entidad.

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Todo encaja

Como una acción derivada de la anterior para Caja Rural de Asturias, sugerimos un segundo lema que sería aplicable a los diferentes productos de la entidad: “Plan todo encaja”. El denominador común de la propuesta es destacar la cercanía de Caja Rural de Asturias a las necesidades y las realidades de sus clientes, tanto los particulares como los autónomos, empresarios y profesionales, los clientes de toda la vida y los que se acercan ahora a Caja Rural de Asturias. En definitiva, se buscaron lemas en los que queda claro que en la Caja Rural de Asturias son “los de siempre”, aunque con una clara vocación de mostrar que no dejan de modernizarse, de “encajar” en la realidad de la comunidad y de sus clientes, de trabajar por Asturias y hacerlo con los medios más modernos, adaptados a las necesidades de sus clientes, con la experiencia y la honestidad que ofrece el modelo de la banca cooperativa.

La campaña cuenta con sus correspondientes adaptaciones para prensa, Internet, radio y televisión.