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Arquímedes, el torero y las redes agujereadas

Por Javier Rivas en El País.

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En 1964, cuando el sustantivo “redes” aludía solo al sector pesquero o al futbolístico, Umberto Eco fijó una taxonomía sobre la actitud ante la cultura de masas y los medios de comunicación que ha devenido en clásico. Con la falta de matiz de todo resumen, apocalípticos serían aquellos pesimistas que ven en toda manifestación de la cultura de masas una vulgar anticultura; integrados, los optimistas que elogian la multiplicación de los bienes culturales y el acceso social generalizado a los mismos.

Cincuenta y dos años después, cuando comparar la cultura de masas del final del siglo XX con la actual megauniversalización de la información —que no la sabiduría— en Internet resultaría tan absurdo como confrontar un ábaco con un superordenador, no se trata ahora de ser caducamente apocalíptico y atrincherarse como un ludita frente a la Revolución Industrial —y sí, datos de este texto han sido comprobados en Google—. Pero parece procedente comentar si el desarrollo de las redes sociales ha de ir necesariamente acompañado por la más desesperante anulación del conocimiento y la posibilidad del diálogo.

Desde Bauman se ha vuelto también lugar común hablar de la modernidad líquida, pero ahora el pensamiento líquido va camino de ser solo eso, un líquido. La foto de Francisco Rivera Ordóñez toreando con su hija en brazos ha sido el último —por ahora— ejemplo de lo que cabría llamar nuevo principio de Arquímedes: “Cualquier cuestión total o parcialmente sumergida en una red social en actividad recibe un empuje hacia la ignorancia igual al peso del volumen de reflexión que desaloja”. En apenas un mes, los más virulentos y menos argumentados debates en la quinta economía de la UE han sido, entre otros, el vestuario de unos Magos, el bebé de una diputada, el peinado de otro o las pancartas sobre la esposa de un futbolista. Con mayor sabiduría y mejor estilo lo escribía Fernando Savater en un artículo el domingo: unas redes “nulas en la solución de problemas pero insuperables en la orquestación de escándalos”. Y otro principio de la física actual: “Cualquier bulo difundido en la Red experimenta en su receptor un empuje de veracidad al alza directamente proporcional a los prejuicios y desconocimiento del citado receptor”. Como si ya solo interesase la queja o la opinión ciudadana si llega con “vanos comentarios”, como escribió Tácito a cuenta de la Roma de Tiberio.

Ayer fue trending topic en España… Paul Newman, quien hubiese cumplido 91 años, de no haber muerto, ay, en 2008. Nada que objetar a su memoria si no fuese porque ese éxito en Twitter iba acompañado por multitud de mensajes del siguiente tenor: “OMG me acabo de enterar de lo de Paul Newman…”. En ese batallón de insospechados fallecidos ya desfilan Audrey Hepburn, Miliki…

¿El problema es de educación, de banalización, de odio, de una sociedad que ya ha pasado del espectáculo a la barraca? ¿Por primera vez en la historia una forma de comunicación irá contra su propia esencia: difundir lo que se conoce? Pero, por favor, no seamos apocalípticos.

Las 3 maneras de convertir su marca en un verdadero “influencer” en las redes sociales

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A través de Marketing Directo.

Existen muchas maneras a través de las cuales las marcas tratan de obtener followers. Y es que el número de seguidores se ha vuelto una obsesión no solo para los usuarios normales de las redes sino también para los anunciantes. Muchos optan por pagar a celebrities para que publiquen un tuit mencionando su marca y otros que compran seguidores. Pero ¿cómo conseguir construir una poderosa base de followers y convertirse en un verdadero influencer? Estas son las 3 mejores maneras de hacerlo.

1. Ser pionero en las redes
En un mundo en el que no paran de surgir nuevos canales sociales resulta complicado estar presente en todos. Sin embargo, es importante que sepa escuchar la tendencia en su comunidad, ¿qué es lo que su target lee? Si descubre una nueva plataforma que puede aprovechar sea pionero en estar presente en ella.

Uno de los beneficios de ser de los primeros es que puede ser citado por la prensa como un usuario poderoso y atraer así mucha atención hacia su marca. Además, la propia plataforma le recomendará a otros usuarios.

2. Acuda a donde esté la gente
Aunque su marca esté consolidada en una plataforma concreta, como un blog, es necesario evolucionar y adaptarse a las tendencias sociales. Si la conversación se dirige hacia las redes sociales es necesario que su marca también siga ese camino.

3. Apueste sobre seguro
Es importante apostar por varias plataformas o por lo menos por las que parece que van a despuntar en mayor medida ya que, si fracasa una, siempre tiene más opciones de llegar al público.

En el mundo digital cada vez más competitivo es muy difícil destacar. Por lo tanto, crear una base potente de seguidores en el social media le permitirá hacerse un hueco entre el ruido y llegar a su target. Embarcarse el primero en una plataforma social le permitirá maximizar las oportunidades de llamar la atención de la audiencia.

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Venta on line. Una experiencia personal y empresarial.

Por Codés Labra

Cada vez más personas optamos por comprar a través de Internet, y no es que lo diga yo; según el “Informe sobre el comercio electrónico en España a través de identidades de pago” esta actividad ha crecido un 24,1% con 56,6 millones de compras realizadas.

En mi último año de carrera me busqué mis primeras prácticas y, gracias a una beca del Banco Santander, las pude realizar en una empresa de mi elección que fue MALBAC, una tienda online de ropa y complementos para mujer. Por diferentes motivos y con muy poca experiencia laboral me vi “casi” al frente de una tienda online durante un verano. Me lo tomé como un training donde a base de “googlear” fui sobreviviendo.

Estaba realizando un curso de “Desarrollo de  productos editoriales multimedia” con vistas a irme al extranjero pero por motivos que no vienen al caso, no era un buen momento para salir de España y yo necesitaba algo más que un curso de formación para el empleo. MALBAC se traspasaba, así que lo vi claro y compré la tienda online.

No os puedo hablar de cómo empezar desde cero porque cuando me hice con el traspaso la tienda ya estaba en marcha. Ya tenía una imagen corporativa, la página web funcionaba a la perfección, existía un contrato con una empresa de mensajería para realizar los envíos y ya tenía una “comunidad” creada con dos mil seguidores en Facebook, mil seguidores en Twitter y una clientela. Así que intentaré explicar algunos elementos importantes que creo que os pueden ayudar si estáis pensando en crear un comercio electrónico.

MALBAC LOGO

MALBAC está creada con Prestashop, un gestor de contenidos cms gratuito pero que se compone de servicios –o módulos – que sí hay que pagar. La instalación y puesta en marcha no es demasiado sencilla así que tendréis que contratar estos servicios a una empresa externa a no ser que seáis unos cracks de la informática. También es conveniente que trabajéis con un informático de confianza para que os solucione los problemas que os puedan surgir una vez que la tienda esté en marcha.

Además para poder instalar vuestra tienda online necesitaréis contratar también los servicios de hosting o almacenamiento así como registrar vuestros dominios. Empresas como 1and1, Dinahosting o Hostalia ofrecen este tipo de servicios.

Os recomiendo que uno de vuestros pasos iniciales sea crear un plan de empresa en el que debéis realizar un análisis de vuestro tipo de negocio, así como del mercado y de vuestros competidores estableciendo un modelo organizativo para conseguir vuestros objetivos. Este puede que sea uno de los pasos más pesados pero a la vez más importantes porque será vuestra guía, necesitáis planificar. No os agobiéis si no sabéis cómo se hace, en Internet podéis encontrar un montón de información al respecto.

La planificación es muy importante así como la gestión de vuestros recursos para aprovechar al máximo vuestro tiempo y dinero. Esto es válido para cualquier cosa, pero arrancar un comercio desde cero requiere mucho esfuerzo y sobre todo mucho tiempo.

Una vez cogí el traspaso lo primero que hice fue actualizar la pasarela de pago, vincularla a una nueva cuenta bancaria. Este es un servicio que ofrecen los bancos a todos los comercios y por el que cobran una pequeña cantidad de dinero, dependiendo el banco pueden ser unos 20 o 50 céntimos

Yes, we can

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Por Codés Labra Berruete.

A todo el mundo le toca buscarse unas prácticas. Te tienes que buscar una empresa y no sabes ni por donde empezar. Yo me decidí por Bittia, una agencia de publicidad con 27 años de recorrido a sus espaldas y claro, eso impone.

Al principio no sabes por donde empezar, ¿les llamo? ¿les envío un mail? ¿me presento allí a entregarles el currículum personalmente? ¿Me contestarán siquiera? Al final me decidí por el mail y después de darle mil vueltas, lo envié. Al poco tiempo tenía la respuesta en mi bandeja de entrada. Estaban dispuestos a aceptarme como becaria y en los próximos días comenzarían a preparar la documentación de mis prácticas. ¡Guay! Así de fácil. No me lo podía creer.

Después de alguna ida y venida con la fecha de inicio, llegó el día D: ducha rápida, desayuno ligero y adelante. Busqué la calle en Google Maps y allí me dirigí.

Llegas a una oficina desconocida, con gente desconocida y sin tener ni pajolera idea de lo que vas a hacer… Da un poco de respeto porque sabes que vas a trabajar junto a profesionales del mundo de la publicidad, ese mundo del que tú también quieres formar parte, entonces te conviertes en una pequeña garrapata que se alimenta del conocimiento y saber hacer ajenos.

Nada más entrar me encontré a Irene recibiéndome con una sonrisa, me presenté y rápidamente me dio la bienvenida. Llamó a mi tutor,  Javier Sáez, que se presentó junto a Ángel Heredia, me llevaron a la sala de reuniones donde, tengo que reconocer, que con un poco de vergüenza, les conté mi escaso recorrido. Tras esto y alguna aclaración en cuanto a mi nombre, me llevaron al que sería mi puesto de trabajo durante 200 horas de prácticas y me presentaron a mis compañeros. Tuve suerte porque son todos encantadores, me recibieron con los brazos abiertos.

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Un miedo muy común es pensar que vas a ser la chica de los cafés, pero no fue mi caso, desde el primer día me pidieron que les ayudase con una tarea de “naming” y pude asistir a una reunión en la que se presentó el briefing para un nuevo proyecto y, claro, esas cosas motivan. Tener compañeros majos y que encima cuenten contigo para participar en proyectos es agradable.

En una empresa como Bittia en la que conviven profesionales de diversos perfiles, se aprende algo todos los días (aquí habla la becaria receptora de información). Desde que llegué no hubo ningún día en el que no aprendiera algo y es que nunca sabes qué te va a tocar hacer: un día escribes un post para el blog, al día siguiente tienes que ayudar con un guión para un vídeo y otro te toca hacer un trabajo de investigación sobre la sidra…

¡Gracias compañeros por hacerme sentir tan a gusto!

Demasiadas notas

Por Jaime Poncela

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Todos tenemos creatividad, al igual que tenemos un coche, un ojo del culo y diversas opiniones. Pensamos además que nuestras ideas, nuestras opiniones y nuestros coches son mejores que los del resto y que nuestro ojete está más limpio y huele mejor que el de los demás. Pero, claro, eso no es así y hace falta experiencia vital, práctica y algo de modestia para ser capaces de calibrar si todas esas cosas que nosotros tenemos son realmente mejores que las de los demás. Este es en esencia el problema del creativo: dedica cientos de horas a una idea que es como de su familia. La teje, la pule, la limpia, la fija, la defiende y cuando ya cree que esa cosa creada es el no va más de su talento, viene un público en general, un cliente en particular o un un envidioso profesional y le echa por tierra el invento.

La creatividad es un trabajo duro y oscuro que empieza dando palos de ciego con mil intuiciones propias, otras tantas peticiones inconexas del cliente que cree saber lo que quiere pero que no sabe explicarlo, comentarios bobochorras de los compañeros de la oficina y, sobre todo, una férrea determinación de conseguir un producto final original, que cumpla las expectativas del cliente y que sea comercial además de artístico. ¿Siempre se consigue? No. Rara vez el creativo ve como coincide al 100% su idea con la del cliente. El ego de creador se doblega a las necesidades del negocio y trata de hacer de la necesidad virtud consolándose con lo de “pudo haber sido peor”.

Tal vez esta somera descripción de lo que es el trabajo creativo, hecha por alguien ajeno parcialmente a ese trabajo, permita comprender el carácter de los creativos, seres que pueden oscilar entre declaraciones grandonistas y numantinas en defensa de su obra para, a los cinco minutos, quedar desarbolados por un escueto “no lo veo” salido de la boca del cliente que, como es lógico, también piensa que es un gran creativo.

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Hay una escena de la película “Amadeus”, de Milos Forman, en la que el emperador sube al escenario a felicitar a Mozart tras el estreno de una de sus óperas. Pero el emperador, que además de representar el poder por antonomasia también se cree en el derecho de juzgar el trabajo de un genio y de bajarle los humos por si se lo tiene demasiado creído, se ve en la obligación de poner su “toque” y le dice a Mozart que a la ópera “le sobran notas”, dejando al compositor entre perplejo e indignado ante una boutade de esas dimensiones proferida desde la regia frivolidad. ¿Demasiadas notas? ¿Se atreve alguien a decirle al mecánico que acaba de reparar su coche que el arreglo tiene “demasiados tornillos”? No. ¿Por qué entonces todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre el trabajo creativo y a exigir al autor obras buenas, bonitas y, ojo, baratas, pero que, además, acierten en toda la diana con el gusto de la mayoría ¿Explica todo esto el carácter algo rarito de creadores y diseñadores? ¿Explica su ego superlativo o su inseguridad enfermiza? ¿Explica que casi todos tengan barba? (esto último no cuenta). ¿Explica que no se fíen de nadie pero a la vez tengan la necesidad de la aprobación de todos?

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Bueno, pues todas estas cosas y alguna más nos las cuenta Ángel Heredia, veterano diseñador y creativo, director creativo de Bittia, que contará en la Librería La Buena Letra algunos secretos de la vida del creativo. Ángel responde fielmente al esquema del creativo, es un pura sangre que sufre y disfruta a partes iguales con un trabajo que forma parte de la historia de Bittia.

Neurociencia, la ventana a la que debe asomarse el marketing para encontrar la inspiración

Dibujo de Jürgen Klaric

A través de Marketing Directo

Neuromarketing como herramienta para empoderar e incluso inspirar el marketing. Una propuesta sobre la que ha girado la presentación realizada por Douglas Van Praet, marketing consultant y autor de “Unconscious branding” ofrecida en elNeuromareting World Forum de Barcelona.

Van Praet ha comenzado exponiendo que “es muy importante saber dónde centramos nuestros recursos, y los expertos en marketing han estado tomando sus recursos en los sitios equivocados”. “Hay que dar la bienvenida a lo misterioso y escuchar a esa vocecita que nos dice que lo estamos haciendo bien”.

La mayoría de las cosas de la vida suceden de forma subconsciente y hemos construido toda la industria pensando que podemos cambiar esto” lo que supone un gran error, puesto que el 95% de las decisiones se toman de forma subconscientes. “Tenemos que preguntar a los usuarios por qué hacen algo”, ha recalcado.

El necesario camino al subconsciente 

La persona es sólo la máscara que llevamos puesta y “ahora tenemos que llegar al consciente y subconsciente”. “La racionalidad juega un papel, pero si quieres llegar a la mente intuitiva hay que entender los comportamientos subconscientes”.

Mediante la presentación de dos estudios basados en la neurociencia (Canadá y EEUU) en los que expusieron a usuarios a imágenes que no sabían a qué marcas se asociaban, “escogieron los que intuitivamente estaban condicionados a responder” ya que “nuestros sentimientos influyen en nuestra forma de pensar”.

“Tenemos que aceptar que la innovación está comprometida porque en muchas ocasiones no sabemos por qué hacemos algunas cosas. Si vemos los deseos de nuestro cerebro más profundo, este mueve por las 7S entre las que destacan la seguridad, el sexo o la supervivencia” ha afirmado añadiendo que es necesario sacar provecho de estos aspectos intuitivos por los que se rige nuestra atención.

6 claves que no puede obviar

“La creatividad no es algo consciente, es intuitiva” explicando seis procesos o pistas que se tienen que tener en cuenta:

1. Interrumpir el patrón: para centrar la atención hay que atender a las expectativas para generar un impacto más potente y subir los niveles de dopamina como la publicidad de Old Spice.

2. Crear comodidad: al cerebro le atrae lo distinto pero le atrae lo familiar.

3. Apostar por la imaginación ya que para tomar una decisión nos proyectamos hacia el futuro poniendo como ejemplo el lema “Just do it” de Nike que se puede aceptar desde muchas realidades humanas.

4. Satisfacer lo que ha denominado como “the critical mind”.

5. Cambiar las asociaciones para conseguir cambiar las percepciones que en muchas ocasiones son implícitas.

6. Tomar la acción ya que la ironía en el mundo del marketing es que las marcas no funcionan cuando estamos viendo la televisión sino que lo hacen en las experiencias reales. Red Bull, es el mejor ejemplo como marca que ha creado experiencias potentes rechazando el marketing tradicional.

Cinco cosas que me gustan de ser desarrollador web

Por Eduardo M. Cristobal. Desarrollador web de Bittia.

Allá por el año 1998 hice mi primera web: tenía el fondo naranja y muchos, muchos GIFs animados. Era horrible pero me encantó hacerla porque resultó un reto buscar los recursos necesarios, aprender HTML y subir el resultado a Internet (¡cómo costó esto último!).

Pasaron unos años hasta que decidí ser desarrollador web, pero hoy puedo decir que tengo el privilegio de dedicarme a lo que me gusta. Estas son algunas de las razones, ilustradas todas ellas con GIFs en pequeño homenaje a aquella página exageradamente naranja:

Tu trabajo llega a muchísima gente

Es una perogrullada, pero cada vez que subes un proyecto a Internet estás expuesto a la crítica (buena y mala) de mucha gente. Luchas contra el síndrome del impostor (http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%Adndrome_del_impostor): Cada trabajo es un termómetro de lo bien o lo mal que lo estás haciendo, hay una exigencia detrás, un listón que superar.

No te puedes quedar atrás

Seguir día a día la actualidad, tecnologías, tendencias, etc. es una máxima del sector. Aprendes o te quedas atrás. La evolución de Internet es brutal y existen grandes fuentes de información de profesionales de alto nivel. Es de agradecer que trabajadores de BBC expliquen cómo trabajan, por poner un ejemplo. Admiro el talento que tiene la mucha gente que pone a disposición de todo el mundo sus trabajos en Internet, herramientas de gran ayuda para el resto de la comunidad de desarrolladores.

Me gusta dedicar unos minutos al día a revisar todas estas novedades y probarlas: Nunca falta una carpeta de ‘test’ en el ordenador donde poder probar un estilo CSS, un script de jQuery o una clase PHP.

Lo que aprendes de los clientes

Salvo que te dediques a publicar contenidos única y exclusivamente relacionados con el diseño y desarrollo web, la gran mayoría de nosotros solemos trabajar para todo tipo de clientes: particulares,  autónomos, empresas, fundaciones, etc.

Eso te permite conocer mucho mejor la actividad de profesionales ajenos a tu sector y valorar aún más lo que hacen: cuando menos lo esperas te das cuenta de que aquel trabajo, como todo, requiere talento y esfuerzo.

Lo que aprendes de tus compañeros

En Bittia trabajas con un jefe de proyecto que osa ponerle precio en forma de horas a tus preciadas “obras de arte”, un diseñador gráfico que te descoloca aquel dichoso formulario, un responsable de comunicación que te pone pingando en redes sociales, una ejecutiva de cuentas que te pregunta cuándo estará la web que te encargaron esa misma mañana, una responsable de medios que te pide un banner interactivo para ayer… incluso algún comercial del equipo de fútbol rival.

Como ocurre cuando tratas con un cliente, acabas aprendiendo mucho de ellos viéndoles desarrollar su trabajo día a día: para que yo entre en acción alguien tuvo que buscar el cliente, reunirse con él, presentar una propuesta, etc. Hay mucho trabajo colectivo detrás de cada proyecto.

Y por supuesto, también están otros desarrolladores web (¡se os quiere!) con los que trabajas codo a codo (o código con código) y que te ayudan a mejorar compartiendo trucos, opiniones, recursos, etc.

También trabajas solo

Muchas veces ese proyecto en el que estás metido se convierte en “tu” proyecto. Vuelves al primer punto: tu trabajo llega mucha gente. Se convierte casi en una cuestión de orgullo. Quieres asumir la responsabilidad de hacerlo bien y la sensación cuando esto ocurre es magnífica porque nadie más que tú (salvo que vociferes por la oficina, como es mi caso) sabe lo que te ha costado rehacer ese código o maquetar esa página. ¡Bien por uno mismo!

El abuso de tópicos y muletillas en las redes sociales

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A través de Yorokobu POR ISABEL GARZO ( @ISABELGARZO)

¿Quién sería el primero que escribió «un marco incomparable»? Seguro que le pareció una elección acertada, con buena sonoridad y un significado tajante. Cómo iba él a suponer que el abuso de esta expresión terminaría anulando su significado.

Utilizar un tópico, también llamado lugar común, al escribir o hablar equivale a no decir nada, o a decir muy poco en el mejor de los casos. Los ojos de los lectores y los oídos de los oyentes pasan de largo por estas construcciones demasiado trilladas.Frases como «solo se vive una vez» o «rectificar es de sabios» y asociaciones lingüísticas como «claro exponente», «oportunidad única» o «estrecha colaboración» demuestran la pobreza léxica de quien las utiliza.

En el lenguaje digital utilizado por las marcas y los particulares en las redes sociales y otros entornos web (blogs, foros…) podemos encontrar una gran cantidad de nuevos lugares comunes que se han sumado a los tradicionales.

TÓPICOS DE LAS MARCAS EN REDES SOCIALES

– Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo? ¡Bingo! El muy manido «¿te lo vas a perder?» o alguna de sus versiones («no te lo pierdas», «que no te lo cuenten»…)

– También es muy frecuente que las marcas apremien a sus seguidores con locuciones del tipo «¿a qué esperas para apuntarte?», «¡no esperes más!»,«¿todavía no te has apuntado?», «¿ya te has registrado?» ¡Qué estrés! Profesionales del marketing: ¿de verdad pensáis que a las personas les gusta sentirse presionadas?

– Sabemos lo que es un enlace y sabemos cómo funciona. Por lo tanto, sobran frases como «descúbrelo aquí» o «toda la información a solo un clic». Una frase pertinente y llamativa seguida del enlace sería más directo y eficaz.

TÓPICOS DE LOS USUARIOS PARTICULARES EN REDES SOCIALES

– Alguien sube una foto a Instagram en la que aparece descansando, y tiene la brillante idea de titularla «el descanso del guerrero». ¡Qué original! Casi tanto como los que, ante una foto en la que salen abrigados, recurren al siempre socorrido «winter is coming».

«El gran día» deja de ser grande cuando empieza a darse cada dos por tres.«Ya queda poco para el gran día», «llegó el gran día», «mañana es el gran día»… ¿Os suena?

– Algunas de las frases exponentes del postureo son «viviendo bien», «no me puedo quejar» o «qué bien me lo monto». También está la opción de, en un alarde de ironía, poner justo lo contario: «vivo fatal», «qué mal me lo monto»o «qué vida más dura».

– Si subes una foto en la que salgas con cualquier otra persona (ya sea amigo, familiar o celebrity) y no se te ocurre pie de foto, no te preocupes. Siempre te quedará la opción de escribir, simplemente, «en buena compañía». No serás el primero.

– ¿Quieres alardear de un detalle que alguien ha tenido contigo? Opta por«regalos que te alegran el día», que así das imagen de persona agradecida. Y nunca nadie lo ha puesto antes.

– A una construcción se le puede reconocer una cierta originalidad hasta que la repiten millones de personas antes. Eso ha pasado con aquello de «tonto no, lo siguiente» (cámbiese «tonto» por cualquier otra palabra). Si alguna vez fue ingenioso utilizarlo, ya no lo es.

– Hay otros muchos lugares comunes que deberíamos sustituir por otras expresiones siempre que podamos si queremos demostrar un léxico rico: «me parto», «darlo todo»…

COMODINES, REPETICIONES Y MULETILLAS

Las palabras comodín son aquellas que, por tener varias acepciones, utilizamos demasiado, a pesar de que en muchos contextos podrían ser sustituidas por otras más exactas. Un ejemplo es la palabra «cosa»: abarca demasiado, y casi siempre que la utilizamos en una frase podríamos en realidad usar otra más concreta.

Te tengo que hablar de una cosa. –> Te tengo que hablar de un asunto.

Han traído una cosa para ti. –> Han traído un paquete para ti.

En el curso nos enseñaron muchas cosas para gestionar mejor las redes sociales. –> En el curso nos enseñaron muchas técnicas para gestionar mejor las redes sociales.

Un verbo comodín es, por ejemplo, el verbo «poner». A menudo puede sustituirse por otro más exacto:

¿Me pones una copa? –> ¿Me sirves una copa?

Pon las pelucas en sus bolsas. –> Coloca/guarda las pelucas en sus bolsas.

Las repeticiones son a veces necesarias para que un texto se entienda, pero en el caso de los textos digitales, que se caracterizan por su brevedad, conviene evitarlas. Para ello, hay que repasar los textos y sustituir las palabras repetidas por sinónimos.

Por último, las muletillas son expresiones que nos sirven para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar nuestro discurso. A veces son útiles, sobre todo en el lenguaje oral, pero deberíamos evitarlas en la medida de lo posible en el lenguaje escrito. Dos muy frecuentes son «¿sabes?» y «¿no?» Las muletillas varían según la época. Algunas que están muy de moda en la actualidad son«en plan» o «¿Soy yo, o…?»

– Me miró muy seria. En plan «como no me hagas caso, te enteras».

– ¿Soy yo, o esa actriz se ha hecho algo en la cara?

Hay una gran cantidad de marcadores textuales que podemos elegir para enlazar las ideas de nuestra narración (además, bueno, por tanto, claro, luego, es decir, mira, por otro lado…). Tienen distintos usos (adición, aprobación, llamada…) y, si los variamos en lugar de caer siempre en los mismos, no se convertirán en muletillas.

El Quino de mi vida

Ángel Heredia, director creativo de BITTIA

Esta historia ya la conté otra vez –uno acaba contando siempre las mismas historias–, con algunas variaciones, hará diez años, a propósito de un libro que editó el Ayuntamiento de Gijón sobre el genial dibujante Alfredo Truán (1895-1964).

A mediados de los años 80 un servidor solía bajar tres o cuatro veces por semana desde el barrio de Pumarín hasta la vetusta –y única, por entonces– Biblioteca Pública de Gijón, con la firme intención de estudiar allí lo que no estudiaba en casa, una casa con demasiados hermanos, demasiado ruido y demasiada tele. Demasiadas distracciones.

Normalmente empezaba bien, con ganas. Cogía mi tocho de papeles, ponía la cabeza entre las manos, a modo de orejeras, e intentaba sumergirme en mi particular océano de sabiduría, ayudado por aquel silencio monacal. Así las primeras dos horas. Luego, inexorablemente, las distracciones venían a mí: además de chicas con apuntes, en una biblioteca hay libros. Y los libros tienen algo, un no sé qué, que distrae mucho. Total, que más tarde o, casi siempre, más temprano, me levantaba y me ponía a recorrer anaqueles al azar, deteniéndome sobre todo en libros gordos con fotos o ilustraciones, que exigían menos esfuerzo intelectual.

Fue así como aprendí a distinguir entre dinosaurios saurisquios y ornistiquios por la forma de su cadera y como conocí los hitos fundamentales de la historia del motociclismo hasta Freddie Spencer. También recuerdo una vez que, después de ojear con excesiva atención a los detalles un manual de cirugía plástica y reparadora, me puse pálido y tuve que salir a que me diera el aire. Hubo otra vez que igualmente tuve que salir de la Biblioteca, pero en este caso porque me dio la risa y la gente empezó a mirarme raro, como cuando te da la risa en un funeral. Bueno, en realidad esto de la risa en la biblioteca me pasó al menos dos veces: la última, que recuerde, repasando “Los forrenta años” de Forges. La primera, eso seguro, fue ojeando la antología “Gente en su sitio” (Lumen) de Quino, hoy flamante Premio Príncipe de Asturias 2014 en la categoría de Comunicación y Humanidades.

Siempre quise ser dibujante, aunque apenas lo he conseguido. En aquella época dibujaba a todas horas y en todas partes, compulsivamente. Era bastante malo y sufría de una inseguridad atroz. Al ser necesariamente autodidacta –lo de las clases y los profesores particulares fue un invento del maligno y de la sociedad del bienestar en los 90– aprendía a golpe de ensayo y error. Me negaba a copiar (algo que muchos años después descubrí, por boca de dibujantes profesionales, que es el mejor camino –el único, quizá– para aprender a dibujar) y me preguntaba cosas como si, cuando empiezas a dibujar, por ejemplo, un tigre, tiene que notarse desde el principio que va a ser un tigre y no, por ejemplo, una vaca. Y, como todos los dibujantes imberbes, sufría mucho dibujando manos.

Me deprimía ver lo buenos que eran –que habían llegado a ser– artistas del bocadillo tan diferentes en todo como Moebius-Giraud (dios por encima de todos, aún hoy), Hal Foster, Hugo Pratt… o Quino.

Mafalda, los inicios

Mafalda, los inicios

Lo de Quino fue un caso especial. Aquel Quino rápido y minimalista de Mafalda (ver imagen 1), me daba esperanzas. A ver: aunque era evidente que andaba sobrado de soltura y expresividad –y yo no– los suyos eran unos trazos rápidos, funcionales, muy subordinados al texto (escribir como los ángeles es “el otro” talento inigualable del argentino, como ocurre con todos los grandes humoristas gráficos que en la historia han sido)… Parecía un objetivo, no sé, asequible llegar a dibujar, al menos, como el Quino de Mafalda, el primer Quino que conocí. Nunca –eso sí lo supe, ay, muy pronto– sería Moebius, pero Quino (el de Mafalda)… bueno, podía intentarse. Aún guardo en alguna parte unas cartulinas con unas tiras cómicas que empecé a escribir y dibujar bajo el “síndrome Quino”, aunque justo es aclarar en este punto que tal síndrome resultó ser escasamente contagioso por falta de talento en el cultivo.

Eso, ya digo, fue cuando Mafalda. Con Mafalda me pasa como a mucha gente: la niña en sí me resulta algo repolluda y marisabidilla para sus escasos ocho o diez años, supongo que porque está interpretada por un señor de veinte o treinta años más, los que tuviese Quino entonces. Pero la genialidad –y la necesidad, tal vez hoy más que nunca– de las ideas que expresa, y la forma hilarante y puntiaguda en que lo hace, acabaron dejando su huella en varias generaciones de jóvenes ilusos. Y yo fui uno de aquéllos, a mucha honra.

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Pero eso fue cuando Mafalda. Años después, en la Biblioteca Pública de Gijón, descubriría que Quino el de Mafalda no solo dibujaba a Mafalda. Resulta que, cuando se ponía, cuando no estaba constreñido por el rígido cajón horizontal de las tres o cuatro viñetas para el periódico, el jodío Quino dibujaba como el jodío Leonardo da Vinci (ver imagen 2). Y lo que era aún más asombroso: ese considerable esfuerzo añadido no menguaba ni una ápice la agudeza y gracia de sus textos. ¿Ves cuando vas a dar un paseo en bici con Lance Armstrong (igual tendría que buscar otro ejemplo) y, en una cuesta larga, justo cuando tienes la sensación de que estás consiguiendo apretarle un poco las tuercas, va él y te dice “Taluego”? Pues eso.

No resulta muy original, tal día como hoy, declarar que uno ha disfrutado mucho y durante mucho tiempo con Quino. Es don Joaquín Salvador Lavado Tejón una referencia artística, intelectual y ética necesaria, universal y, seguramente, eterna. Del mismo modo que uno puede recordar, sin esforzarse, escenas y diálogos de pelis de Woody Allen o de Pajares y Esteso, es oír “Quino” y venirse a la memoria un torrente de trazos, escenas y frases, cada una más genial que la anterior. Por eso mismo sufrí tanto, también, con Quino. Porque cuando empezaba a pensar –ya, ya lo sé: qué ingenuo– que algún día podría alcanzarlo dibujando, una sola palabra, una sola perspectiva suya en un dibujo de un libro de la editorial Lumen, como una revelación, me mostró que la distancia era, en realidad, astronómica y que igual debería imponerme objetivos profesionales más humildes, como diseñador gráfico o así.

Imaginaos la distancia ahora, que es Príncipe…

 

 

Mentiras como una casa en Whatsapp y redes sociales

 Cosas que se creen en Whatsapp

No eres el único que está bajo la lupa de los rumanos. Ellos controlan los movimientos de 100.000 personas a la vez, todo un barrio. Lo dicen carteles en las paradas de autobús y los mensajes de Whatsapp… No sabes cuándo la vecina del 3A del final del barrio hace sus compras, pero los rumanos sí.

La «información vecinal» llega a un periódico local:

«Vecinos de Sevilla Este alertan de la existencia de una banda de rumanos con carteles en las paredes…»

Un lector del diario pregunta: ¿Cómo se sabe que eran rumanos?

Otro lector replica: Son rumanos porque los vio la vecina de mi primo mientras entraban en el bloque de enfrente.

A esta historia de rumanos se suceden otras, también vía Whatsapp como: Si tocan el timbre unos rumanos para vender colonia, no las huelas que te duermes y te roban en casa.

Otros mensajes añaden: secuestran a tus hijos y los venden a burdeles de Oriente Próximo, venden sus órganos… Esto ha pasado en Murcia (los whatsapps en Sevilla), ha pasado en Sevilla (los whatsapps en Cáceres), ha pasado en Cáceres (los whatsapps en Oviedo)…

A estos rumanos itinerantes, ladrones de órganos, se les une la cofradía errante de argentinos violadores. Estos tienen el poder de la bilocación (la posibilidad de estar en dos sitios a la vez): recorren la geografía española violando a la vez que permanecen encarcelados en su país de origen. Así que están en Argentina y, a la vez y ahora, en Zaragoza o tal vez Alcalá de Henares.

… Son algunas de las leyendas urbanas que circulan a través Whatsapp y que obliga a la Policía a emitir comunicados para calmar los ánimos de los ciudadanos.

CUENTOS DE INTERNET 1

Cosas que se creen en Twitter

Mientras tanto, los usuarios de Twitter se burlan de quienes difunden trolas en Whatsapp, pero no están libres de falta. Basta recordar la difusión de la mentira de la donación de Iniesta tras ganar la Eurocopa 2012. Una mentira surgida en Twitter y que Twitter pronto aceptó, y tardó días en enterrar (lo que sucede en Twitter, se queda en Twitter).

Cosas que se creen en Facebook

En Facebook, son las citas célebres falsas, los virales de amor y los montajes fotográficos para desprestigiar a los enemigos. Contenidos en muchos casos desprestigiados, pero que no inspira a los difusores a pedir perdón. Lo importante es el mensaje, dicen, el mensaje de amor o el mensaje contra el contrario. De manera que seis policías golpeando a un mendigo que duerme tranquilamente en un banco se convierte en una fotografía icónica antisistema.

Por qué compartimos trolas

El director y guionista transmedia Gustavo Palacios comenta sobre las trolas y leyendas que: «de alguna forma el gran motor de cambio ha sido Facebook, ya que “compartir” un contenido es parte esencial de su naturaleza y eso hace ver como normal que compartas cualquier cosa. Cadenas de fortuna, de urgente ayuda, de curaciones mágicas… Yo creo que hay algo de la naturaleza humana en la necesidad de creer, ser parte de una comunidad y hasta de una verdad».

Quizá la necesidad de pertenecer a una comunidad conduce a millones de alumnos de secundaria españoles a secundar una huelga falsa. Ocurrió con un mensaje de Whatsapp animando a los alumnos a no asistir a clase el 5, 6 y 7 de febrero. La trola llevó al Sindicato de Estudiantes a emitir un comunicado para desmentir la convocatoria.

Difundir leyendas de rumanos y seguir una huelga falsa son ejemplos de que a menudo solo queremos creer lo que reafirma nuestros prejuicios, nos interesa o nos place (como rehuir las obligaciones) o nos permite permanecer «dentro de la comunidad». Para algunos, estar fuera del grupo es duro; aceptar mentiras es más cómodo.

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La pereza intelectual

Jorge, un español afincado en Australia, dice que: «Si compartes una “noticia” que dice que no hay que beber Coca-Cola porque un estudio científico ha revelado que provoca desligamiento ultramolecular en el testículo izquierdo, ¿te has molestado siquiera en poner en Google “coca cola desligamiento ultramolecular” a ver qué sale?»

Para Jorge es síntoma de pereza intelectual. Palacios coincide al afirmar: «Solemos repetir fórmulas sin razonar y compartir pensamientos que ni hemos reflexionado, porque el ejercicio de la razón es exigente y hasta peligroso».

Viejos mitos, nuevos soportes

Esta pereza explica la pervivencia de leyendas urbanas del pasado, acogidas ahora por las redes sociales y que programas como Cazadores de mitos se encarga de desmontar. Al respecto, la periodista Marina Montes recuerda la carta de la peseta de los 80 y los 90. ¿Quién no recibió un sobre con una peseta y una carta sugiriendo enviar diez copias con una peseta cada una a otras personas?

«La diferencia es que ahora todo es más inmediato», señala Montes.

La tarea de continuar la cadena era tan penosa como vergonzosa. El temor irracional a no seguir las instrucciones obligaba a muchas personas a escribir a mano diez o más cartas (tantas como las solicitaba el anónimo), punto por punto y coma por coma, comprar diez sobres y meterlos en buzones ajenos esperando no ser vistos. Ahora compartir cadenas, bulos y leyendas urbanas es tan fácil como hacer click en el botón «compartir» en el navegador o el móvil. Y ya no hay vergüenza por recibir un tirón de orejas.

Difusores de trolas y reincidentes

«En mi experiencia, la gente que manda ese tipo de “alertas” continuamente no para de hacerlo por muchas veces que les informes, amablemente, de que son una patraña», dice Jorge. Asegura no tener reparos en bloquear o dejar de seguir a quienes son adictos a la propagación de bulos, personas que en muchos casos carecen de curiosidad intelectual.

Realmente, crear mentiras es tan fácil como saber dirigirse a un público concreto.

Una niña inventa que si dejas a un Pou con cien cacas aparecerá un ovni para llevárselo, lo difunde por Whatsapp y miles de niñas pican y difunden «el truco». Siguen esperando el ovni.

Uno de mis tíos me comentó en cierta ocasión que los fantasmas eran señores que por las noches salían con farolas bajo sábanas blancas para acostarse con la mujer de otro. Nadie detenía a los fantasmas. Esto demuestra que el conocimiento es poder. En este caso, saber que los fantasmas no existen, y sacar un provecho de ello.

Las leyendas urbanas, las fotografías trucadas, mitos científicos, lo que dicen los políticos, los virales de amor, que la muralla China se ve desde el espacio… son algunos fantasmas de nuestro tiempo. ¿Qué mentiras has dejado de creer?