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Neurociencia, la ventana a la que debe asomarse el marketing para encontrar la inspiración

Dibujo de Jürgen Klaric

A través de Marketing Directo

Neuromarketing como herramienta para empoderar e incluso inspirar el marketing. Una propuesta sobre la que ha girado la presentación realizada por Douglas Van Praet, marketing consultant y autor de “Unconscious branding” ofrecida en elNeuromareting World Forum de Barcelona.

Van Praet ha comenzado exponiendo que “es muy importante saber dónde centramos nuestros recursos, y los expertos en marketing han estado tomando sus recursos en los sitios equivocados”. “Hay que dar la bienvenida a lo misterioso y escuchar a esa vocecita que nos dice que lo estamos haciendo bien”.

La mayoría de las cosas de la vida suceden de forma subconsciente y hemos construido toda la industria pensando que podemos cambiar esto” lo que supone un gran error, puesto que el 95% de las decisiones se toman de forma subconscientes. “Tenemos que preguntar a los usuarios por qué hacen algo”, ha recalcado.

El necesario camino al subconsciente 

La persona es sólo la máscara que llevamos puesta y “ahora tenemos que llegar al consciente y subconsciente”. “La racionalidad juega un papel, pero si quieres llegar a la mente intuitiva hay que entender los comportamientos subconscientes”.

Mediante la presentación de dos estudios basados en la neurociencia (Canadá y EEUU) en los que expusieron a usuarios a imágenes que no sabían a qué marcas se asociaban, “escogieron los que intuitivamente estaban condicionados a responder” ya que “nuestros sentimientos influyen en nuestra forma de pensar”.

“Tenemos que aceptar que la innovación está comprometida porque en muchas ocasiones no sabemos por qué hacemos algunas cosas. Si vemos los deseos de nuestro cerebro más profundo, este mueve por las 7S entre las que destacan la seguridad, el sexo o la supervivencia” ha afirmado añadiendo que es necesario sacar provecho de estos aspectos intuitivos por los que se rige nuestra atención.

6 claves que no puede obviar

“La creatividad no es algo consciente, es intuitiva” explicando seis procesos o pistas que se tienen que tener en cuenta:

1. Interrumpir el patrón: para centrar la atención hay que atender a las expectativas para generar un impacto más potente y subir los niveles de dopamina como la publicidad de Old Spice.

2. Crear comodidad: al cerebro le atrae lo distinto pero le atrae lo familiar.

3. Apostar por la imaginación ya que para tomar una decisión nos proyectamos hacia el futuro poniendo como ejemplo el lema “Just do it” de Nike que se puede aceptar desde muchas realidades humanas.

4. Satisfacer lo que ha denominado como “the critical mind”.

5. Cambiar las asociaciones para conseguir cambiar las percepciones que en muchas ocasiones son implícitas.

6. Tomar la acción ya que la ironía en el mundo del marketing es que las marcas no funcionan cuando estamos viendo la televisión sino que lo hacen en las experiencias reales. Red Bull, es el mejor ejemplo como marca que ha creado experiencias potentes rechazando el marketing tradicional.

El Quino de mi vida

Ángel Heredia, director creativo de BITTIA

Esta historia ya la conté otra vez –uno acaba contando siempre las mismas historias–, con algunas variaciones, hará diez años, a propósito de un libro que editó el Ayuntamiento de Gijón sobre el genial dibujante Alfredo Truán (1895-1964).

A mediados de los años 80 un servidor solía bajar tres o cuatro veces por semana desde el barrio de Pumarín hasta la vetusta –y única, por entonces– Biblioteca Pública de Gijón, con la firme intención de estudiar allí lo que no estudiaba en casa, una casa con demasiados hermanos, demasiado ruido y demasiada tele. Demasiadas distracciones.

Normalmente empezaba bien, con ganas. Cogía mi tocho de papeles, ponía la cabeza entre las manos, a modo de orejeras, e intentaba sumergirme en mi particular océano de sabiduría, ayudado por aquel silencio monacal. Así las primeras dos horas. Luego, inexorablemente, las distracciones venían a mí: además de chicas con apuntes, en una biblioteca hay libros. Y los libros tienen algo, un no sé qué, que distrae mucho. Total, que más tarde o, casi siempre, más temprano, me levantaba y me ponía a recorrer anaqueles al azar, deteniéndome sobre todo en libros gordos con fotos o ilustraciones, que exigían menos esfuerzo intelectual.

Fue así como aprendí a distinguir entre dinosaurios saurisquios y ornistiquios por la forma de su cadera y como conocí los hitos fundamentales de la historia del motociclismo hasta Freddie Spencer. También recuerdo una vez que, después de ojear con excesiva atención a los detalles un manual de cirugía plástica y reparadora, me puse pálido y tuve que salir a que me diera el aire. Hubo otra vez que igualmente tuve que salir de la Biblioteca, pero en este caso porque me dio la risa y la gente empezó a mirarme raro, como cuando te da la risa en un funeral. Bueno, en realidad esto de la risa en la biblioteca me pasó al menos dos veces: la última, que recuerde, repasando “Los forrenta años” de Forges. La primera, eso seguro, fue ojeando la antología “Gente en su sitio” (Lumen) de Quino, hoy flamante Premio Príncipe de Asturias 2014 en la categoría de Comunicación y Humanidades.

Siempre quise ser dibujante, aunque apenas lo he conseguido. En aquella época dibujaba a todas horas y en todas partes, compulsivamente. Era bastante malo y sufría de una inseguridad atroz. Al ser necesariamente autodidacta –lo de las clases y los profesores particulares fue un invento del maligno y de la sociedad del bienestar en los 90– aprendía a golpe de ensayo y error. Me negaba a copiar (algo que muchos años después descubrí, por boca de dibujantes profesionales, que es el mejor camino –el único, quizá– para aprender a dibujar) y me preguntaba cosas como si, cuando empiezas a dibujar, por ejemplo, un tigre, tiene que notarse desde el principio que va a ser un tigre y no, por ejemplo, una vaca. Y, como todos los dibujantes imberbes, sufría mucho dibujando manos.

Me deprimía ver lo buenos que eran –que habían llegado a ser– artistas del bocadillo tan diferentes en todo como Moebius-Giraud (dios por encima de todos, aún hoy), Hal Foster, Hugo Pratt… o Quino.

Mafalda, los inicios

Mafalda, los inicios

Lo de Quino fue un caso especial. Aquel Quino rápido y minimalista de Mafalda (ver imagen 1), me daba esperanzas. A ver: aunque era evidente que andaba sobrado de soltura y expresividad –y yo no– los suyos eran unos trazos rápidos, funcionales, muy subordinados al texto (escribir como los ángeles es “el otro” talento inigualable del argentino, como ocurre con todos los grandes humoristas gráficos que en la historia han sido)… Parecía un objetivo, no sé, asequible llegar a dibujar, al menos, como el Quino de Mafalda, el primer Quino que conocí. Nunca –eso sí lo supe, ay, muy pronto– sería Moebius, pero Quino (el de Mafalda)… bueno, podía intentarse. Aún guardo en alguna parte unas cartulinas con unas tiras cómicas que empecé a escribir y dibujar bajo el “síndrome Quino”, aunque justo es aclarar en este punto que tal síndrome resultó ser escasamente contagioso por falta de talento en el cultivo.

Eso, ya digo, fue cuando Mafalda. Con Mafalda me pasa como a mucha gente: la niña en sí me resulta algo repolluda y marisabidilla para sus escasos ocho o diez años, supongo que porque está interpretada por un señor de veinte o treinta años más, los que tuviese Quino entonces. Pero la genialidad –y la necesidad, tal vez hoy más que nunca– de las ideas que expresa, y la forma hilarante y puntiaguda en que lo hace, acabaron dejando su huella en varias generaciones de jóvenes ilusos. Y yo fui uno de aquéllos, a mucha honra.

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Pero eso fue cuando Mafalda. Años después, en la Biblioteca Pública de Gijón, descubriría que Quino el de Mafalda no solo dibujaba a Mafalda. Resulta que, cuando se ponía, cuando no estaba constreñido por el rígido cajón horizontal de las tres o cuatro viñetas para el periódico, el jodío Quino dibujaba como el jodío Leonardo da Vinci (ver imagen 2). Y lo que era aún más asombroso: ese considerable esfuerzo añadido no menguaba ni una ápice la agudeza y gracia de sus textos. ¿Ves cuando vas a dar un paseo en bici con Lance Armstrong (igual tendría que buscar otro ejemplo) y, en una cuesta larga, justo cuando tienes la sensación de que estás consiguiendo apretarle un poco las tuercas, va él y te dice “Taluego”? Pues eso.

No resulta muy original, tal día como hoy, declarar que uno ha disfrutado mucho y durante mucho tiempo con Quino. Es don Joaquín Salvador Lavado Tejón una referencia artística, intelectual y ética necesaria, universal y, seguramente, eterna. Del mismo modo que uno puede recordar, sin esforzarse, escenas y diálogos de pelis de Woody Allen o de Pajares y Esteso, es oír “Quino” y venirse a la memoria un torrente de trazos, escenas y frases, cada una más genial que la anterior. Por eso mismo sufrí tanto, también, con Quino. Porque cuando empezaba a pensar –ya, ya lo sé: qué ingenuo– que algún día podría alcanzarlo dibujando, una sola palabra, una sola perspectiva suya en un dibujo de un libro de la editorial Lumen, como una revelación, me mostró que la distancia era, en realidad, astronómica y que igual debería imponerme objetivos profesionales más humildes, como diseñador gráfico o así.

Imaginaos la distancia ahora, que es Príncipe…

 

 

Mentiras como una casa en Whatsapp y redes sociales

 Cosas que se creen en Whatsapp

No eres el único que está bajo la lupa de los rumanos. Ellos controlan los movimientos de 100.000 personas a la vez, todo un barrio. Lo dicen carteles en las paradas de autobús y los mensajes de Whatsapp… No sabes cuándo la vecina del 3A del final del barrio hace sus compras, pero los rumanos sí.

La «información vecinal» llega a un periódico local:

«Vecinos de Sevilla Este alertan de la existencia de una banda de rumanos con carteles en las paredes…»

Un lector del diario pregunta: ¿Cómo se sabe que eran rumanos?

Otro lector replica: Son rumanos porque los vio la vecina de mi primo mientras entraban en el bloque de enfrente.

A esta historia de rumanos se suceden otras, también vía Whatsapp como: Si tocan el timbre unos rumanos para vender colonia, no las huelas que te duermes y te roban en casa.

Otros mensajes añaden: secuestran a tus hijos y los venden a burdeles de Oriente Próximo, venden sus órganos… Esto ha pasado en Murcia (los whatsapps en Sevilla), ha pasado en Sevilla (los whatsapps en Cáceres), ha pasado en Cáceres (los whatsapps en Oviedo)…

A estos rumanos itinerantes, ladrones de órganos, se les une la cofradía errante de argentinos violadores. Estos tienen el poder de la bilocación (la posibilidad de estar en dos sitios a la vez): recorren la geografía española violando a la vez que permanecen encarcelados en su país de origen. Así que están en Argentina y, a la vez y ahora, en Zaragoza o tal vez Alcalá de Henares.

… Son algunas de las leyendas urbanas que circulan a través Whatsapp y que obliga a la Policía a emitir comunicados para calmar los ánimos de los ciudadanos.

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Cosas que se creen en Twitter

Mientras tanto, los usuarios de Twitter se burlan de quienes difunden trolas en Whatsapp, pero no están libres de falta. Basta recordar la difusión de la mentira de la donación de Iniesta tras ganar la Eurocopa 2012. Una mentira surgida en Twitter y que Twitter pronto aceptó, y tardó días en enterrar (lo que sucede en Twitter, se queda en Twitter).

Cosas que se creen en Facebook

En Facebook, son las citas célebres falsas, los virales de amor y los montajes fotográficos para desprestigiar a los enemigos. Contenidos en muchos casos desprestigiados, pero que no inspira a los difusores a pedir perdón. Lo importante es el mensaje, dicen, el mensaje de amor o el mensaje contra el contrario. De manera que seis policías golpeando a un mendigo que duerme tranquilamente en un banco se convierte en una fotografía icónica antisistema.

Por qué compartimos trolas

El director y guionista transmedia Gustavo Palacios comenta sobre las trolas y leyendas que: «de alguna forma el gran motor de cambio ha sido Facebook, ya que “compartir” un contenido es parte esencial de su naturaleza y eso hace ver como normal que compartas cualquier cosa. Cadenas de fortuna, de urgente ayuda, de curaciones mágicas… Yo creo que hay algo de la naturaleza humana en la necesidad de creer, ser parte de una comunidad y hasta de una verdad».

Quizá la necesidad de pertenecer a una comunidad conduce a millones de alumnos de secundaria españoles a secundar una huelga falsa. Ocurrió con un mensaje de Whatsapp animando a los alumnos a no asistir a clase el 5, 6 y 7 de febrero. La trola llevó al Sindicato de Estudiantes a emitir un comunicado para desmentir la convocatoria.

Difundir leyendas de rumanos y seguir una huelga falsa son ejemplos de que a menudo solo queremos creer lo que reafirma nuestros prejuicios, nos interesa o nos place (como rehuir las obligaciones) o nos permite permanecer «dentro de la comunidad». Para algunos, estar fuera del grupo es duro; aceptar mentiras es más cómodo.

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La pereza intelectual

Jorge, un español afincado en Australia, dice que: «Si compartes una “noticia” que dice que no hay que beber Coca-Cola porque un estudio científico ha revelado que provoca desligamiento ultramolecular en el testículo izquierdo, ¿te has molestado siquiera en poner en Google “coca cola desligamiento ultramolecular” a ver qué sale?»

Para Jorge es síntoma de pereza intelectual. Palacios coincide al afirmar: «Solemos repetir fórmulas sin razonar y compartir pensamientos que ni hemos reflexionado, porque el ejercicio de la razón es exigente y hasta peligroso».

Viejos mitos, nuevos soportes

Esta pereza explica la pervivencia de leyendas urbanas del pasado, acogidas ahora por las redes sociales y que programas como Cazadores de mitos se encarga de desmontar. Al respecto, la periodista Marina Montes recuerda la carta de la peseta de los 80 y los 90. ¿Quién no recibió un sobre con una peseta y una carta sugiriendo enviar diez copias con una peseta cada una a otras personas?

«La diferencia es que ahora todo es más inmediato», señala Montes.

La tarea de continuar la cadena era tan penosa como vergonzosa. El temor irracional a no seguir las instrucciones obligaba a muchas personas a escribir a mano diez o más cartas (tantas como las solicitaba el anónimo), punto por punto y coma por coma, comprar diez sobres y meterlos en buzones ajenos esperando no ser vistos. Ahora compartir cadenas, bulos y leyendas urbanas es tan fácil como hacer click en el botón «compartir» en el navegador o el móvil. Y ya no hay vergüenza por recibir un tirón de orejas.

Difusores de trolas y reincidentes

«En mi experiencia, la gente que manda ese tipo de “alertas” continuamente no para de hacerlo por muchas veces que les informes, amablemente, de que son una patraña», dice Jorge. Asegura no tener reparos en bloquear o dejar de seguir a quienes son adictos a la propagación de bulos, personas que en muchos casos carecen de curiosidad intelectual.

Realmente, crear mentiras es tan fácil como saber dirigirse a un público concreto.

Una niña inventa que si dejas a un Pou con cien cacas aparecerá un ovni para llevárselo, lo difunde por Whatsapp y miles de niñas pican y difunden «el truco». Siguen esperando el ovni.

Uno de mis tíos me comentó en cierta ocasión que los fantasmas eran señores que por las noches salían con farolas bajo sábanas blancas para acostarse con la mujer de otro. Nadie detenía a los fantasmas. Esto demuestra que el conocimiento es poder. En este caso, saber que los fantasmas no existen, y sacar un provecho de ello.

Las leyendas urbanas, las fotografías trucadas, mitos científicos, lo que dicen los políticos, los virales de amor, que la muralla China se ve desde el espacio… son algunos fantasmas de nuestro tiempo. ¿Qué mentiras has dejado de creer?

 

¿Por qué está de moda “Man men”?

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Extracto del libro “La Publicidad me gusta”

Autor: José Carlos León Delgado

Editado por: El Viso Media, S.L.U. www.elvisomedia.com

La serie ambientada en una agencia de publicidad de los años sesenta, en la famosa Madison Avenue en la que genios como David Ogilvy llevaron la profesión a todo lo alto, es una de las sorpresas televisivas de los últimos años. ¿Y por qué logra tanto éxito en un momento en el que las voces en la red proclaman la muerte de la publicidad. Especialmente en la primera temporada, la trama desgranaba los secretos de la creatividad publicitaria, de la negociación, de la creación de mercados y productos. Era veraz, y algunos viejos rockeros lo hemos vivido tal cual se presenta. Pero no es prehistoria.

No es casualidad que atraiga a los nativos digitales tanto como a los dinosaurios del marketing. Porque el marketing y la comunicación están de moda. Y en el mundo de la web social y de los prosumers, esos consumidores y productores a la vez de información de los que hablaremos más adelante, todos quieren ser publicistas o parecerlo. Sí. Se empieza escribiendo un blog y se acaba anunciando algo. O vendiendo espacios para la publicidad.

Nos hemos creído eso de que los consumidores son los apóstoles de las marcas, y más allá de la celebérrima frase “el medio es el mensaje” de McLuhan, ahora “el usuario es el medio, el mensaje y el producto al mismo tiempo“.

Y entonces, llega la curiosidad por saber cómo se hace, para hacerlo o para deshacerlo, porque siempre habrá quien insista en la teoría conspiranoica de que los publicitarios maquinamos para esclavizar a la sociedad al consumo y a las marcas. No importa que tengas inteligencia y sepas que no necesitas tres pares de zapatillas de deporte o cuatro relojes. No importa que te guste desayunar el pan de ayer tostado, si hago una buena campaña de publicidad, te haré comprar todo lo que yo diga y cambiarás el pan por los cereales multivitaminados con el envase de ‘Toy Story’, aunque cueste tres veces más.

¿Tenemos superpoderes, como ironizaba Carlos Dulanto en un fantástico post en el blog Roastbrief?

“Sí, quise ser publicista porque me di cuenta de que una sola palabra es más poderosa que todas las poses del mundo. Quise ser publicista porque podía ser invisible y hablar a través de las marcas, reflejándome a mí mismo en sus ideas, ocultándome detrás de cada slogan”

No somos Fu Manchú, pero sí tenemos un cierto poder. Y cuanto más crezca la cultura del on line, más poder tendremos. Porque en la red casi todo es gratis. Facebook, Google o Spotify. Es gratis, para el usuario, porque quien lo paga es la publicidad. Sin publicidad, adiós deporte, adiós información, adiós cultura… ¿Seguro que quieres que muera?

A finales de 2011, España vivió una revuelta de los usuarios en redes sociales para convencer a los anunciantes de que retiraran sus spots de un programa de “telebasura”, indignados porque pagaron una entrevista a la madre de un implicado en un asesinato. Y las marcas reaccionaron quitando sus anuncios, todas. Pero las redes sociales no amenazaron con un hashtag que llegara a Trending Topic durante años o con mil páginas de Facebook en contra del programa. No, pidieron a quien tiene el poder que lo ejerciera. Porque sin publicidad, no hay dinero para el programa.

No estamos locos. Somos ‘Mad Men’ porque estamos locos por nuestro trabajo, pero no porque no sepamos lo que hacemos. Lo sabemos muy bien. Somos quienes ponen en contacto a quienes quieren comprar algo con quien quiere vendérselo. Comunicamos y tratamos de convencer, pero si tú no estás loco, sabrás lo que quieres y lo que no quieres. Yo sólo te mostraré el camino y tú lo andarás.

Como en los años dorados de Madison Avenue, la publicidad tiene poder, pero el verdadero poder lo tiene el consumidor, que es quien abre su cartera y decide qué comprar, y como le dijo Winston Churchill a Roosevelt:

“La publicidad nutre la capacidad de consumo de los hombres. Presenta ante ellos la meta de un hogar mejor y una mejor alimentación y vestido para ellos y sus familias. Espolea el esfuerzo individual y la mayor producción”

Aunque si esto te parece demasiado capitalista en los tiempos que corren, mira lo que decía el ruso Anastás I. Mikoyán en la era comunista:

“La tarea de la publicidad soviética consiste en dar al pueblo la información exacta respecto a las mercancías que están en venta. La tarea primaria es dar una información verdadera y exacta, una descripción completa sobre la naturaleza, calidad, propiedades y forma de uso de las mercancías anunciadas”

La publicidad es información y, como tal, es necesaria y útil. Podemos y debemos plantearnos a quién le corresponde emitirla, cómo y dónde. Pero sea social o no, la vida es marketing.

Título original: La Publicidad me gusta

Autor: José Carlos León Delgado

Editado por: El Viso Media, S.L.U. www.elvisomedia.com

Nada es más fiable que la publicidad

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El texto forma parte del libro “La publicidad me gusta” de José Carlos León.

“Publicidad es: Un mensaje emitido por una marca, que informa de su producto y de su oferta a un receptor, posible comprador.”

 

Está claro que el objetivo de informar es tratar de convencerle pero, a partir de ahí, las estrategias de comunicación serán más o menos lineales o complejas, concretas o difusas, pero información. Técnicamente, serían funciones connotativas y denotativas del lenguaje, para seguir en un entorno de la teoría. Pero a diferencia de otras formas de comunicación, ninguna, y creo decir bien, ninguna está tan controlada, observada y legislada como la publicidad. Créanme.

 

• Para empezar, mientras un periodista puede ocultar sus fuentes bajo secreto profesional, un publicitario está obligado a demostrar, con estudios independientes de mercado, o análisis de laboratorio, cada afirmación. Especialmente si se atreve con la publicidad comparativa.

 

• Y si se trata de una pieza creativa, con más o menos fantasía, está obligado a indicar con una leyenda que se trata de “ficción publicitaria”, no vaya a ser que alguien se crea que un coche puede volar y se lance al vacío después de ver un anuncio. Algo a lo que un director de cine o un escritor de novelas no están obligados.

 

• Y por si fuera poco, y sin olvidar a las asociaciones de consumidores y de espectadores, ahora están las redes sociales, que tienen como deporte favorito ir a por cada anuncio para buscarle cualquier atisbo de discriminación, abuso, intento de venderte algo o de lavarte el cerebro. Algo, que no ocurre tan frecuentemente con las noticias que lees en los periódicos, aunque algunas de ellas sean auténticas tropelías a la objetividad. Sin contar con que los medios, rara vez hablan de publicidad si no es para mencionar alguna campaña polémica.

 

• Y siempre se sabe de qué va. Si se ajustan a la legalidad, los contenidos publicitarios deben estar claramente identificados en los entornos informativos con la palabra “publirreportaje”, “infocomercial” o la separación de contenidos clara.

Organizar 800 reuniones

Acceso al Punto de Encuentro Internacional

Acceso al Punto de Encuentro Internacional

Elena G. de Nava. Ejecutiva de Cuentas.

¿Es posible coordinar con éxito varios centenares de reuniones en dos días y hacer encajar los  intereses de casi 400 personas diferentes? Con el equipo adecuado y el know-how necesario, es posible hacerlo con un índice de error casi nulo.

El pasado 28-29 de enero se celebró en el Hotel Ayre de Oviedo el XVII Punto de Encuentro Internacional con el fin de tratar de introducir en más de 30 mercados internacionales a las empresas asturianas con vocación exportadora. BITTIA, de la mano de ASTUREX, se encargó de la organización del mismo,  a través de una eficaz herramienta informática, se agilizaron todos los trámites para que unas 300 empresas asturianas mantuvieran un total de casi 800 entrevistas comerciales con agentes que representaron a medio centenar de países de todo el mundo.

El acto fue inaugurado por el presidente del Principado, Javier Fernández, en una jornada que reunió a más de 300 empresas representativas de la economía asturiana. Además de agradecer la posibilidad contar con la confianza de un cliente como Asturex, BITTIA ha tenido la oportunidad de poner de nuevo en práctica su capacidad para organizar eventos, añadiendo a esta tarea la creación de una herramienta informática capaz de gestionar una potente base de datos y de hacer encajar los intereses de las empresas que se inscribieron en el encuentro con la disponibilidad de horarios de los asesores comerciales. Además, el departamento de informática  de BITTIA creó una segunda herramienta destinada a gestionar las inscripciones de las empresas que asistieron al acto de inauguración. Ambos gestores funcionaron a la perfección, mostrando incluso su capacidad para hacer frente a imprevistos, inscripciones tardías o fuera de plazo, o cambios de horarios en las reuniones.

No era la primera vez que nuestra empresa recibía el encargo de organizar un evento empresarial, pero el reto que supuso que Asturex eligiera la oferta presentada por BITTIA marcó un nivel de exigencia superior, tanto por el volumen de intereses que fue necesario coordinar, como por la necesidad de contar con las herramientas informáticas necesarias para responder con agilidad. Ambos objetivos fueron conseguidos. Además de agradecer la felicitación recibida de Asturex por el trabajo que hemos realizado, BITTIA agradece también la experiencia conseguida con este evento, un bagaje que servirá para servir más y mejor a futuros clientes que soliciten de nosotros este servicio.

¿Una nueva web? (Por qué Flash está quedando en desuso)

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Eduardo Martínez Cristobal. Desarrollador web en BITTIA

Todos los cambios se nos ponen cuesta arriba, aunque hay unos que nos resultan más difíciles de asumir que otros. Nos puede costar más o menos cambiar de coche, de televisor, de ordenador, de teléfono móvil… pero ya hemos asumido que los aparatos  tienen esa “obsolescencia programada” de la que tanto se habla y que nos obliga a cambiarlos. Y ya que este concepto ha entrado en nuestra forma de vida ¿por qué no asumimos también que las páginas web se quedan anticuadas?

Cada vez que en una agencia de publicidad sugerimos a un cliente que renueve su web cumplimos la misma función que cuando  el mecánico recomienda a su cliente que cambio los neumáticos: por seguridad, ahorro y comodidad. Una web anticuada y poco atractiva es la peor carta de presentación para cualquier empresa. Las webs envejecen mal, sobre todo  las que han sido creadas con Flash, una herramienta en desuso que es un lastre para nuestra página y nuestra empresa.

Estas son algunas razones para cambiar de web.

El auge de HTML5 y otros estándares Web, unido a las desventajas hace que, paulatinamente, la caída del número de sitios Web desarrollados en Flash vaya cayendo año a año.

Compatibilidad con dispositivos móviles

iOS, el sistema operativo que utiliza Apple en sus iPhone, iPad y iPod, y Android, el otro sistema utilizado por una amplia mayoría de los principales fabricantes de tablets y móviles, no dan soporte a Flash.

Esto implica que, salvo que el usuario haya instalado un programa de terceros en su teléfono o tableta, no podrá ver una Web o película en Flash.

Peores búsquedas

La gran mayoría de las visitas a una Web se realizan a través de un buscador (Google, Bing, Yahoo!, etc.).

Cuando un buscador entra en nuestros sitio Web trata de leer y recopilar la información que contiene (noticias, secciones, imágenes…)

Si una Web es creada en Flash, los buscadores leen mucha menos información, perdiéndose gran parte de ella por el camino, lo que acaba redundando en peores resultados de búsqueda y en la caída de potenciales visitas.

Estadísticas

Del mismo modo que los buscadores no pueden acceder a toda la información del sitio, las aplicaciones que recopilan estadísticas de nuestro sitio Web tampoco pueden ofrecernos información precisa sobre lo que nuestros visitantes hacen en nuestra Web.

Velocidad de carga

Las páginas en Flash son, en general, más pesadas que otro tipo de páginas. Algunos buscadores como Google valoran la velocidad de carga de una Web con el fin de mostrarla en una mejor o peor posición en los resultados de búsqueda.

Mantenimiento

Generalmente, actualizar una página en Flash lleva más tiempo que otro tipo de páginas: A más tiempo mayores costes.

Otros  temas técnicos que no le interesan a (casi) nadie…

Flash  no es un formato estándar

Flash pertenece a una empresa llamada Adobe, que es quién toma las decisiones respecto al producto. Cualquier decisión sensible que tomase la compañía tendría consecuencias en todas las páginas desarrolladas en Flash.

Flash necesita ser instalado

Si queremos visualizar una Web en Flash debemos instalar un plugin, que es, básicamente, un añadido que se instala en nuestro navegador (Internet Explorer, Firefox, Opera, Safari, etc.).

Google Chrome ya cuenta con una versión preinstalada.

Flash hace sudar al ordenador

El consumo de memoria y procesador que hace es bastante grande. Los dispositivos más antiguos, con menos prestaciones o menos cuidados podrían ralentizarse cargando páginas en Flash.

Diez ejemplos de cómo Internet le ha hecho a usted más tonto

A través de VANITY FAIR

Por GUILLERMO ALONSO | 15-enero-2014
 
Imagen del artículo

Podrían disfrutar de paradisíacas cascadas, pero se están haciendo un selfie. © gtresonline

*este artículo está escrito en segunda persona de singular y se dirige a usted. Es posible que usted no haya hecho algunas de las cosas que aquí se afirman. Si es así, disculpe la generalización. Usted no las hace, pero todos los demás sí.

1. El umbral de su paciencia ha quedado bajo mínimos

Hay una regla no escrita entre los creadores de vídeo online que dice que a los noventa segundos el dedo del usuario empezará a moverse inquieto sobre el ratón con la seria amenaza de hacer clic y cerrar su página. Han calado al espectador del futuro. El vídeo (no musical) más visto de la historia de Youtube es ‘Charlie Bit My Finger’, un drama doméstico en el que un bebé muerde el dedo de su hermano mayor. Dura 56 segundos. El segundo, un montaje de dos bebés cantando y soltando ventosidades en una bañera, dura 36. En tercero, un plano fijo de una adolescente china haciendo explotar una botella de coca cola en su cuarto de baño, dura 25. El cuarto, una tragicomedia en la que una niña propina una patada en los testículos a su padre, dura 23. Las conclusiones son dos y son alarmantes: usted solo ve vídeos de chorradas y se harta si esas chorradas no comienzan en el segundo diez.

2. Hola whatsapp, adiós subordinadas

Antes, en la era del SMS, solía usted ser lacónico pero formal. Decía: “Hola, quedamos a las 10? Te aviso si llego tarde”. La gratuidad del Whatsapp ha hecho que envíe indiscriminadamente mensajes. Su smartphone no sonará una vez como hubiera sonado hace unos tres años. Su móvil sonará ahora del orden de seis veces. “hola” (¡bling!). “quedamos?” (¡bling!). “a las 10?” (¡bling!). “si llego tarde” (¡bling!). “te llamo” (¡bling!). “un beso” (¡bling!). Si durante esta retahíla de picaduras a su smartphone está usted haciendo algo importante como consultar su extracto del banco, mantener una conversación importante con un familiar o necesita contrarreloj encontrar la dirección de su hotel en una ciudad desconocida para huir de una banda de cacos, maldecirá eternamente a la persona que le está molestando. Y cuando le vea le gritará, abofeteándole tras cada palabra: “¿Cuesta? ¿Tanto? ¿Escribir? ¿Todo? ¿De? ¿Un? ¿Tirón?”.

3. La nostalgia ha hecho de usted un ser molesto

¡Así que usted también ha ido a EGB! ¡Y creció con ‘La bola de cristal’! ¡Y bailó con la música de Mecano! Felicidades, pertenece usted a un selecto grupo del que solo forman parte, por hacer un cálculo rápido, unos 30 millones de españoles. Y sin embargo no deja de recordárselo a sus amigos en redes sociales y de unirse a grupos que celebran algo tan intrascendente y eventual como respirar, ser rubio o haber nacido en Torrelodones. ¿Usted también pasó miedo con Twin Peaks? Es bueno que nos lo recuerde constantemente con fotos de la serie dado que pertenece usted a una reducida élite: la serie tuvo un exiguo 57% de share cuando fue emitida por Telecinco.

Imagen del artículo

“Podéis reiros todo lo que queráis de mi vestido. Soy multimillonaria”. © gtresonline

4. Ve usted como las cosas han pasado de moda en un tiempo réc… perdón, YA

Contaré algo que sucedió al que esto suscribe. Me levanté anteayer, justo cuando acababan los Globos de Oro y comenzaban las afterpartys (pero ya era la mañana siguiente en España) y me encontré las redes sociales llenas de fotos de perros, gatos, muñecos y hombres vestidos con una especie de sábana que rodeaba sus cuerpos al estilo emperador romano y con unos cuatro cordeles negros distribuidos horizontalmente a lo largo de la figura. Pensé que se trataba de los miembros de una secta a punto de comenzar un ritual pagano. Al contrario: como usted ya sabrá, eran los cientos de memes que surgieron a rebufo del vestido de Dior que Jennifer Lawrence llevó a los Globos de Oro. En una paradoja temporal, el mundo conspiró para que viese antes el meme que el origen. Acostúmbrense a que esto ocurra cada vez más. Y si han llegado tarde, callen y disimulen. A eso de las seis de la tarde de ese mismo día alguien puso de nuevo una foto de un gatito disfrazado de Jennifer Lawrence indicando que le había hecho mucha gracia. Un comentario señaló: “Esto es viejísimo”.

5. Afirma usted ser enormemente feliz

Pero en realidad es igual de miserable que antes de hacerse un perfil de Facebook. Sin embargo las redes sociales le ha hecho caer en un comportamiento entre paradójico y psicopático en el que, mientras engaña a los demás, se deja engañar por ellos. Usted está filtrando sus fotos para que todas muestren un bonito paisaje en los que usted sale guapo, está eligiendo sus estados con cuentagotas para que siempre narren algo divertido o emocionante, está compartiendo con el mundo que su trabajo es apasionante o que la comida le ha salido excelente. Y cuando ha terminado de construir esa realidad a su medida, se dirige a otro perfil, ve sus fotos y sus estados y piensa para sus adentros: “¡Es mucho más feliz que yo!”. El Facebook es una celebración de los buenos sentimientos: hay un botón de ‘Me gusta’, no de ‘Lo odio’. Hay ‘Amigos’, jamás ‘Enemigos’. Hay ‘Compartir’, no ‘Esconder’. Y sin embargo está construido para hacerle sentir pequeño e insignificante. La felicidad de los demás nos está volviendo seres solitarios y tristes. No solo le pasa a usted, lo dice la universidad de Stanford.

 

6. Se cree usted muchísimo más listo de lo que es

 

Y lo sabe todo. Porque lo ha leído en un foro. O en la Wikipedia. O en el Twitter de un señor que de verdad lo sabe todo. Internet también ha creado ese interesante lapso de diez segundos que va entre que un interlocutor plantea una pregunta durante un chat hasta que el otro interlocutor la responde, tras una visita rápida a Google. Pero ojo: la búsqueda de la verdad en Internet solo le provocará quebraderos de cabeza. En primer lugar, en Internet existen todas las verdades. Podrá encontrar la misma historia contada de cincuenta maneras, la misma cita puesta en boca de cinco personajes distintos y miles, millones de mentiras. A veces puede incluso encontrar su verdad más conveniente simplemente tecleando en Google la frase que más le apetece leer. Si usted teclea que “Estambul está en Asia”, Google le dirá que Estambul está en Asia. Si teclea “Estambul está en Europa”, Google también le dará la razón. Si teclea “Facebook te vuelve solitario y triste”, aparecerá algún estudio que lo confirma.

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“¿Como que no sabes quien soy, Justin? ¡Si retuiteaste mi mensaje!”© gtresonline

7. También se cree usted muy importante

Twitter le ha convertido a usted en crítico de cine. En analista político. En diseñador de moda. En musicólogo, sociólogo, periodista, arquitecto y profesor. También en el mejor amigo de los famosos, a quien usted felicita, celebra, apoya, pica y replica en un intento por llamar su atención. Es posible que la culpa no sea enteramente de usted, sino de los medios que empiezan a darle importancia a lo que piensa usted y elabora larguísimas noticias que siempre empiezan con “Twitter reacciona a…”. Pero la profesión más curiosa que tiene usted desde que el router ha llegado a su vida es la de redactor jefe. Se explaya usted en la sección de comentarios de casi todos los medios de información digitales corrigiendo erratas, tesis, estructura, contenido y conclusiones. Y cae usted en un error terrible, porque no solo no está cobrando nada por ello, sino que nadie le está prestando atención.

8. Miente usted más que habla

Y no lo confunda con el punto cinco, en el que maquilla su existencia o simplemente omite información. No, a veces usted miente, a secas. Cuando algo extraordinario está a punto de ocurrir pero no ha ocurrido, ¿por qué no contar en Facebook que ha ocurrido? Cuando la respuesta triunfal se le ocurre dos horas después, su enemigo no está delante ¡pero el Facebook sí! Láncese y actualice su estado afirmando que esa respuesta triunfal salió de su boca. A veces ocurre incluso que amigos presentes en el momento que está usted falseando, en una especie de histeria colectiva, apoyan su mentira y refutan que eso que solo sucedió en sus fantasías ocurrió de hecho y fue graciosísimo para todos. Pero también suelen ser mentirosos que se inventan sus propias historias. Cuidado: apoyándole a usted queda pendiente que, en la próxima mentira que se inventen, usted les apoye a ellos.

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“Entonces le dije al policía: atrévase a detenerme, ¡atrévase! Y me reí en su cara y me largué”. © gtresonline

9. Y no es Richard Avedon, aunque Instagram intente engañarle

¿Por qué demonios todo es bonito en Instagram? Aquí habría que enlazar con el punto 3. Los filtros de Instagram depositan sobre la imagen más tonta décadas de humedad, luz y viento que la convierten, de repente, en el glorioso testigo gráfico de algo maravilloso que ocurrió hace… veinte minutos. Su plato de macarrones ya no es tal, sino aquel delicioso plato de macarrones. Su foto previsible y mal encuadrada de un atardecer es aquel magnífico atardecer en el que todo cambió. Tal vez como respuesta a toda esta tontería surgió una todavía mayor: el tag #nofilters, que permite a sus usuarios vanagloriarse de que son magníficos fotógrafos de verdad y han sabido jugar con la luz sin recurrir al filtro Mayfair, Nashville o 1977. En realidad muchos de ellos están engañándonos y sí han usado filtros. Luego están los homosexuales que llevan al límite las reglas del decoro en Instagram y ponen fotos suyas ligeros de ropa para pillar cacho. Probablemente hacen el uso más honesto de Instagram y son los únicos que saben explicarnos para qué demonios sirve.

10. No puede usted leer nada que no sea tipo Buzzfeed

Y por culpa de Buzzfeed todo lo que hay ahora en Internet son listas.

Lo que aprendí de los blogs escribiendo blogs

refranes-blogger

A través de Yorokobu by Javier Meléndez Martín

Un blog funciona mejor que un currículum, la marca personal impide que te diviertas, el SEO atenta contra la originalidad y otras cosas que aprendí de los blogs escribiendo blogs.

Un blog vale más que un curriculum

La solución elegante es mi blog de guion. Mi primer blog. Lo comencé tras descubrir que una película con dos premios y dos menciones —la última que escribí— no me trajo nuevos trabajos. Así que el blog comenzó como una forma desesperada de llamar la atención. Quería decir “¡Busco curro!” sin decirlo.

Durante el primer año del blog escribí mucho, acabé quemado, no conseguí proyectos como guionista y los seguidores eran amigos y conocidos (la mayoría, ajenos al sector audiovisual). Realmente sabía por qué tenía pocas visitas: escribía “recetas de guion”, pero sin gracia; refritos de manuales que, realmente, no fueron de mucha ayuda en el desempeño de mi profesión. Quise abandonarlo.

“No lo dejes ahora”, dijo mi mujer.

Le hice caso, por una vez. Comencé a hablar de mí, comencé a escribir “mis recetas”, cómo veía las cosas y no cómo otros la veían, a escribir entradas donde las imágenes (viñetas ilustrativas) fueran tan importantes como las palabras, en vez de adornos. Poco a poco, el blog adquirió relevancia, y comenzó a ser seguido por profesionales y centros de enseñanza. Conseguí algunos trabajos como guionista, como consultor, charlas y talleres. También fue la “tarjeta de visita” que presenté a Yorokobu.

Ahora, mi currículum como guionista —que comienza en 1997— está a la sombra de La solución elegante. En el blog cuento lo que sé, cómo veo las cosas y lo que podría hacer.

Visto esto, recomiendo escribir un blog a todo profesional que inicia su carrera o que necesita visibilidad. En algunos casos, y para ciertos profesionales, un blog atractivo funciona mejor que un currículum. Si eres periodista, guionista, creativo publicitario o desarrollas cualquier otro trabajo donde la palabra es la base, el blog dice más de tus actitudes y conocimientos que las líneas en un currículum.

El SEO mata tu originalidad

El SEO (Search Engine Optimization) o cómo escribir para que la gente te encuentre en Google mata la originalidad que pueda tener un blog.

En primer lugar, el SEO destroza los títulos. Si las novelas se titularan conforme al SEO tendríamos cosas como éstas (en negrita, las recomendaciones):

Fahrenheit 451 —> El bombero pirómano del futuro
Las uvas de la ira —> Agricultores emigran por la crisis
El gran Gastby —> Rico extravagante da fiestas en las que no aparece
1984 —> Gobierno controla a los ciudadanos mediante videovigilancia

Muchos comienzan un blog sin reparar en el SEO. En mi caso me obsesioné a la hora de escribir los títulos y redactar el contenido. Los post eran “cinco cosas para…”, “cómo hacer…” y similares. Listas. A Google le gusta las listas, pero esto acaba matando un blog. Si hablas de lo mismo y de la misma manera que los demás, Google no te dará una medalla; para Google gana el primero que lo dijo. Sin embargo, si hablas de lo que realmente quieres hablar es probable que Google te premie.

Una entradas de blog contraria al SEO por título y contenido como El principio de incertidumbre de Gilligan está entre las 5 más leídas “de todos los tiempos”.

Nadie sabe nada

Escribiendo para Yorokobu me he llevado más de una sorpresa. Mientras que puedo intuir si un artículo de mi blog más o menos gustará a mis lectores, esto no puedo “predecirlo” para Yorokobu. No acierto si pienso “esto lo va a petar”, igual que no acierto cuando pienso “esto interesará a cuatro gatos”. Por ejemplo, un artículo como ‘Dates’ o quiéreme como soy sobre una serie que pocos habían visto, obtuvo repercusión en las redes. Quizá el “truco”, por llamarlo de alguna manera, fue utilizar Dates como excusa para hablar de las relaciones de pareja en la actualidad. Realmente es de lo que quería hablar. Así que supongo que la única regla válida es la que Hank Moody dice a unos de sus alumnos:

 

De hecho, hay blogs de ganchillo con más seguidores que algunos blogs que describen las características del último smartphone. Quien comenzó el primer blog de ganchillo lo hizo porque quiso, por pasatiempo, y luego descubrió que otras personas lo seguían. Visto esto, no conviene fiarse de los talleres que te prometen cómo hacer un contenido viral. Nadie sabe nada de lo que funcionará y lo que no.

La marca personal te limita

Los gurús de la “marca personal” dicen que hay que tener cuidado con lo que se dice en el blog y en las redes; que hay que ser profesional en todo momento; que solo los fines de semana puedes escribir “tuits ligeros que demuestren a tus seguidores que eres humano”. Seguir estos consejos solo conduce a convertirte en un bloguero soso. Por experiencia…

… Uno dice “uy, esto no lo puedo decir, yo”. Y así se pierde una oportunidad para hacer algo divertido. Lo más probable es que suceda esto: lo que a ti te parece una tontería, es lo que da el éxito a otro.

Otros blogueros caen en el “reverso tenebroso” de lo “políticamente incorrecto”. Para estos, la “marca personal” es actuar como malote en todo momento. Si muere alguien, chiste; si hay una tragedia, chiste…

Ser soso-para-gustar-a-todos como ser malote-porque-sí limita. Hay momentos para ser serios, otros para ser tonto, otras para gritar contra esto o aquello… Es posible que así no cultives “una marca personal”, pero serás tú, sin la esclavitud de los tuits programados y descubrirás nuevas formas de contar las cosas. Escribir un blog es descubrirnos a nosotros mismos, y decirles a los demás “así soy, quiéreme o déjame”.

 

Un minuto en Internet

A través de qmee.com

Cada vez que usted saluda a un amigo en Facebook, envía un tweet, coloca una foto en Instagram o manda un correo electrónico, está contribuyendo a mover una enorme masa de datos, relaciones e información que conforman ese mundo que conocemos como Intrernet.

Esta original y descritiva gráfica elaborada por qmee.com pone nombre, apellidos y números a lo que ocurre en 60 segundos de Internet.

Pulsa sobre la imagen para verla con más detalle

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