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Cómo se vende ‘software’ libre y por qué deberías comprarlo

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Por Álvaro Hernández. A través de Hoja de Router

“Libre” no es “gratis” y estas empresas luchan día a día por demostrarlo

Aunque en inglés ‘free’ tenga ambas acepciones, que algo sea “libre” no quiere decir que sea “gratis”. Richard Stallman, el padre del movimiento por el ‘software’ libre,  lo ha repetido hasta la saciedad, y algunas compañías se han empeñado en demostrarlo: desarrollar una herramienta ‘open source’ no implica una renuncia a ingresar dinero por el trabajo realizado.

Aunque el código de las herramientas se comparte libremente y cualquiera puede hacer uso de él, hay empresas que persiguen lo que podría parecer una utopía: vender ‘software’ libre y hacer de él un negocio. Siguiendo la estela del gigante Red Hat, firmas españolas como Bitnami o Bitergia han logrado hacerse un hueco en este sector que quiere dejar claro que “libre” no tiene por qué ser “gratis”.

A día de hoy, el mejor ejemplo de lo que podría parecer la gran paradoja del ‘software’ libre es la empresa estadounidense Red Hat. Nacida en 1993, se autoproclama “líder mundial del código abierto” y tiene motivos para ello. No en vano, la compañía  está valorada ya en más de 2.000 millones de dólares, cerca de 1.800 millones de euros al cambio actual.

En realidad, Red Hat y compañías similares no se dedican simplemente a vender ‘software’ libre, sino que van un paso más allá para ofrecer un soporte de calidad por el que los clientes sí están dispuestos a pagar. Al fin y al cabo, el código fuente está disponible, y en función de la licencia cualquiera puede hacer uso de él o incluso mejorarlo libremente. Nadie en su sano juicio pagaría por algo que puede obtener de forma gratuita, a menos que se ofrezca junto a un servicio de mantenimiento y de actualizaciones por el que sí merezca la pena pasar por caja.

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“Casi el 95 % de las aplicaciones que tenemos nosotros son ‘software’ libre”, explica a HojaDeRouter.com Daniel López, cofundador y CEO de Bitnami, una compañía española con sede en San Francisco que sigue los pasos de Red Hat en lo que a hacer dinero con el ‘software’ libre se refiere.

La empresa, creada por el sevillano junto a  Erica Brescia en 2004, ofrece  aplicaciones de servidor para desarrollar servicios y plataformas en la nube. El peso de Bitnami es cada vez mayor: más del 50% de las aplicaciones disponibles  en el mercado de Amazon Web Services las han desarrollado ellos, tal y como explica López. Eso sí, todas son completamente gratuitas.

“El 99 % de la gente no nos paga ni nos pagará nunca, y nos parece perfecto”, reconoce el CEO de la compañía. “Pero hay un porcentaje a los que les ofrecemos como servicio la posibilidad de monitorizar su aplicación, de hacer copia de seguridad y de administrarla de una forma sencilla”. Y es ahí donde toca hacer caja.

Bitnami ya cuenta con más de 70 empleados (un tercio en España, otro en San Francisco y otro repartido por lugares como Gran Bretaña, Polonia o India) y López vaticina que, antes de final de año, serán más de un centenar. La empresa lleva tres años duplicando su facturación y en 2013 consiguió cerrar una ronda de financiación de más de un millón de euros que dicen no haber utilizado. “Fue simplemente para tener dentro de la compañía a algunos inversores con los que teníamos ganas de trabajar. Entre ellos, Eric Hahn, uno de los primeros inversores de Red Hat”, cuenta López.

 

Pero no es necesario cruzar el charco para encontrar empresas que hayan hecho de la venta de ‘software’ libre un negocio. Según explica el presidente de la Federación de Asociaciones de Software Libre ( ASOLIF),  David Olmos, se estima que “los ingresos provenientes directa o indirectamente de las tecnologías abiertas suponen más de un 30 % de la facturación del sector TIC” en España.

Sin embargo, la mayoría de los clientes de pago de este tipo de servicios se encuentran en Estados Unidos y en el norte de Europa. Nuestro país no parece haberse acostumbrado aún a pagar por ‘software’ libre. Irónicamente, desde ASOLIF afirman conocer casos de grandes grupos empresariales españoles que acuden a Estados Unidos en busca de una solución de código abierto “porque dicen que no lo encuentran en España, cuando sí que existen empresas que prestan ese servicio”.

El CEO de Bitnami llega a asegurar que su compañía apenas tiene clientes en España. “Ni queremos tenerlos”, sentencia, “porque el modelo que hay aquí en realidad no es el de vender ‘software’ libre, sino que se venden consultorías: en muchísimos casos la Administración o los clientes lo que quieren es que sea gratis”. La situación es distinta en Estados Unidos.

De los 14 clientes de Bitergia, 12 son estadounidenses. Desde Leganés, la compañía ofrece analíticas de los procesos de ‘software’, sobre todo de los relacionados con el ‘software’ libre. Trabajan para instituciones como Wikimedia Foundation o la propia Red Hat y  las herramientas con las que realizan sus métricas son también de código abierto. A pesar de ello, Bitergia ya factura en su cuarto año de vida cerca de 400.000 euros.

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“Ellos pueden repetir el análisis y eso es un valor añadido”, explica el responsable de desarrollo de negocio y ‘marketing’ de Bitergia, José Manrique. “Por eso creemos que debemos seguir diferenciándonos en el servicio y no en el código”.

Desde la compañía señalan que la principal diferencia entre los contratos estadounidenses y los potenciales clientes españoles es la velocidad de adopción de la tecnología. Mientras que en América todo se reduce a que el precio del servicio se ajuste al presupuesto y a probar su utilidad durante los primeros meses, en España “el proceso es mucho más burocrático”, comenta Manrique.

 

INDEPENDENCIA

 

Más allá de las dificultades del mercado patrio a la hora de hacer dinero con el ‘software’ libre, cabe preguntarse qué ganan los clientes que deciden poner su dinero en el ‘open source’. “Las empresas son conscientes de que contratar licencias de ‘software’ sin servicio asociado no les aporta valor añadido”, corrobora David Olmos. Además, contar con herramientas de código abierto les permite disfrutar de algo más:  la independencia.

“Básicamente, el mejor argumento viene relacionado con que no tienes ninguna atadura tecnológica con el proveedor”, cuenta Manrique. “Si dentro de dos años Bitergia no existe, la tecnología que hemos hecho estará ahí para que la gente la use”.

 

Así, quienes hayan pagado por las métricas de la empresa española no se encontrarán con una herramienta obsoleta y desprovista de actualizaciones, sino que tendrán entre sus manos un código gratuito que podrán utilizar siempre que quieran y mejorar a su antojo. “Es un doble riesgo, pero también es una baza con la que juegas: alguien muy bueno puede llegar y mejorar lo tuyo. Es una ventaja que tiene el comprador: no está atado a nadie en concreto”, concluye el portavoz de Bitergia.

Mirando al futuro, todo apunta hacia un prometedor panorama en el que el ‘open source’ no solo no sea un bicho raro (desde ASOLIF Olmos explica que “más del 90 % de las ‘startups’ tecnológicas que se crean lo hacen en torno a tecnologías abiertas”), sino en el que pagar por él sea habitual. “Eso a lo mejor era un problema hace una década”, rememora Daniel López. “A día de hoy, yo lo veo al revés: la gente a nivel de infraestructuras quiere ‘software’ libre”.

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¿Pero qué es lo que hace sufrir (y disfrutar) tanto a la gente creativa?

A través de Yorokobu por GONZALO TOCA

Enlace directo al artículo en Yorokobu 

15 MARZO 2016

Todos decimos admirar la creatividad y, sin embargo, todos la castigamos de forma implacable cuando cuestiona nuestras creencias. Odiamos la incertidumbre cuando no la provocamos nosotros. Por eso, la sociedad da tantas veces con la puerta en la cara a los creativos y los obliga a superar una educación donde se premian la imitación, la uniformidad y la memorización, y se penalizan la intuición, la individualidad y la diferencia. Los comportamientos distintos y dispersos deben ser corregidos.  Ellos deben ser corregidos. Y pronto.

A los psicólogos estadounidenses Valina Dawson y Erik Westby se les ocurrió en 1995 la genial idea de cruzar los datos de los alumnos creativos de una clase y los de los favoritos de los profesores. Entonces descubrieron que los maestros dicen admirar la creatividad, pero prefieren a los niños obedientes. Se comportan como los jefes que esos mismos niños encontrarán cuando tengan que trabajar. El mensaje que reciben desde la infancia es claro: el reconocimiento y la estima de la autoridad dependen de la habilidad con la que ejecutemos sus órdenes. Nos pagan para pensar, no para discrepar.

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A pesar de eso, los adultos innovadores son, por lo general, unos niños crecidos que, aunque pasan los años y las décadas, nunca han dejado de jugar e imaginar muchas veces de forma completamente estrambótica colores, objetos, ideas, sabores y hasta sus propias vidas. En el libroWired to Create, los autores destacan este juego perpetuo como una de las diez grandes características de las personas creativas —en las que está inspirado este reportaje— y dan la voz de alarma. ¿Por qué?

Los colegios han limitado progresivamente el tiempo dedicado a jugar y los padres, cada vez más ocupados, les han añadido actividades extraescolares a los niños donde no hay espacio para fantasear con otros mundos posibles, que es el germen del pensamiento crítico. La vida, y sobre todo el trabajo, es algo muy serio, se dicen los padres, y la fantasía y el placer se reservan únicamente para el ocio (donde, en realidad, les esperan nuevas obligaciones). Nunca tienen tiempo para jugar; por eso nunca tienen tiempo para crear.

 

Ensimismados

Existe otro aspecto con el que los creativos disfrutan y que también pone en guardia a padres, jefes y profesores: su inagotable capacidad para soñar despiertos. Hablamos de una especie de conexión con el monólogo interior de sus pensamientos y emociones que les permite, sin prisa y sin presión, asociar libremente ideas, buscar enfoques distintos para sus problemas, dar sentido a sus vidas (necesitan imaginar una narrativa que les ayude a explicar quiénes son y qué han venido a hacer a este mundo), planificar el futuro o asimilar experiencias y sensaciones nuevas.

Todo ello se produce en soledad, un aspecto de sus vidas que cultivan en medio de una sociedad híperconectada y obsesionada con la pertenencia al grupo. No tardarán en levantar sospechas y escuchar diversas variaciones de «¿Te crees mejor que los demás?», «¿Tiene su hijo problemas de integración? » o «¿Por qué le das tantas vueltas a todo?».

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El peculiar monólogo interior al que nos referimos no tiene por qué ser siempre placentero. Es perfectamente posible que la solución a un problema resulte traumática, que fantasear sobre sus vidas los lleve a la frustración cuando regresan a la realidad o que las experiencias y las sensaciones con las que conecten les provoquen dolor y angustia.

También es importante tener en cuenta que este ensimismamiento se parece al despiste o la falta de atención, y que está muy lejos de serlo. De hecho, las narrativas sobre quiénes son y qué están destinados a conseguir son estímulos fundamentales para que los creativos no pierdan la confianza en sí mismos, venzan a la adversidad e intenten hacer realidad ese destino imaginario.

Los creativos se enfrentan a un mundo que, por lo general, les niega su reconocimiento y a veces también el cariño durante años (¿Te crees especial? ¡Tú no eres especial! ¡Todos somos especiales!). En estas circunstancias, no es extraño que se instalen, como un ruido intermitente en sus vidas, las dudas sobre su talento y originalidad, el miedo a no obtener nada a cambio de su esfuerzo y la angustia que les produce que sus seres queridos vivan preocupados por ellos o que ellos mismos estén exponiendo a sus familias a sacrificios innecesarios por puro narcisismo (¿Tengo derecho a vivir de mi vocación si me impide pagar una buena educación a mis hijos?).

Poner orden en sus emociones, experiencias e ideas es una función igual de importante que la de construir narrativas estimulantes. Los creativos suelen ser personas hipersensibles y especialmente abiertas a probar cosas distintas y eso quiere decir que perciben con más matices e intensidad las situaciones cotidianas, que suelen empatizar más con el resto (o proyectarse sobre ellos inventándose historias y creyendo que los entienden) y que buscan experiencias nuevas que les descubran sensaciones desconocidas. Dicho de otra forma, necesitan mucho tiempo para ordenar sus emociones, experiencias e ideas, porque tienen muchísimas emociones, experiencias e ideas que ordenar.

Una pregunta interesante es cómo, con esta orgía perpetua de excitación, curiosidad y depresión que les despierta la vida, consiguen llevar a cabo un proyecto innovador de principio a fin. La respuesta sencilla es que muchos no lo consiguen y que algunos dejan de poder hacerlo. Un ejemplo de lo primero es esos escritores que nunca terminan de publicar su primer libro, y un ejemplo de lo segundo lo encontramos en esos grupos de música que se echan a perder. Es discutible que tanto en un caso como en el otro se les pueda seguir considerando creativos, porque la creatividad es una actividad, no una capacidad. Los alpinistas son los que suben montañas, no los que pueden subirlas ni los que sueñan con subirlas.

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Los que tienen éxito

Las personas que consiguen materializar los proyectos que soñaron lo hacen por tres habilidades distintas: visión estratégica, pasión y capacidad para convertir los estacazos de la adversidad en motivación para seguir adelante.

Se necesita visión estratégica para diseñar un plan ordenado y lo suficientemente flexible para que su voraz curiosidad y vaivenes emocionales no les impidan concretar sus ideas. Si tiene en la cabezael embrión de una novela o una aplicación móvil novedosa, lo primero que hace una persona creativa es acariciar su belleza, obsesionarse con ella, chapotear en su talento y buena suerte, asustarse con la posibilidad de que alguien se la quite y buscar una estrategia que le permita desarrollarla y darla a conocer antes que nadie. Cada vez son más los que utilizan dos técnicas: la meditación, para concentrarse mejor y reducir su implacable autocrítica; y el cultivo del placer no solo por la creación sino por el —mucho menos emocionante— proceso creativo.

La pasión es la furia que arrastra a los innovadores a obsesionarse con dominar la técnica en la que quieren aportar algo original, la que genera el estado orgásmico de flow que aflora en sus pechos cuando dan a luz la idea, la que impide que se desenamoren de ella en los momentos de tedio y frustración que exige la ejecución de cualquier novedad que merezca la pena y la que los empuja a que la principal vara de medir no sea lo que consiguen los demás, sino la meta que ellos se habían marcado.

La tercera habilidad es, como decíamos, convertir los estacazos de la adversidad en motivación para seguir adelante. Los que no dejan de crear durante toda la vida lo hacen no solo porque las dudas que albergan sobre sí mismos, los portazos en la cara o la intensidad de las emociones extremas no han podido con ellos, sino también porque han utilizado esas dudas, esos portazos y esas emociones traumáticas para convencerse de que han venido a aportar algo único, algo importante, algo que merece ser tenido en cuenta y que, tarde o temprano, se terminará apreciando.

Quizás lo más misterioso de las personas creativas no sea ni la fuente de su inspiración ni su manera de surfear —o de ahogarse ocasionalmente— en la adversidad, los grandes planes o las pasiones extremas. Lo más fascinante es la forma en la que resurgen y sienten sus pensamientos y sus emociones, por dolorosas o alegres que sean, como un continente por explorar, por imaginar, por intuir. Son los exploradores de un pequeño planeta… y ese planeta no es otro que su mirada. Una mirada de infinita curiosidad.

Arquímedes, el torero y las redes agujereadas

Por Javier Rivas en El País.

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En 1964, cuando el sustantivo “redes” aludía solo al sector pesquero o al futbolístico, Umberto Eco fijó una taxonomía sobre la actitud ante la cultura de masas y los medios de comunicación que ha devenido en clásico. Con la falta de matiz de todo resumen, apocalípticos serían aquellos pesimistas que ven en toda manifestación de la cultura de masas una vulgar anticultura; integrados, los optimistas que elogian la multiplicación de los bienes culturales y el acceso social generalizado a los mismos.

Cincuenta y dos años después, cuando comparar la cultura de masas del final del siglo XX con la actual megauniversalización de la información —que no la sabiduría— en Internet resultaría tan absurdo como confrontar un ábaco con un superordenador, no se trata ahora de ser caducamente apocalíptico y atrincherarse como un ludita frente a la Revolución Industrial —y sí, datos de este texto han sido comprobados en Google—. Pero parece procedente comentar si el desarrollo de las redes sociales ha de ir necesariamente acompañado por la más desesperante anulación del conocimiento y la posibilidad del diálogo.

Desde Bauman se ha vuelto también lugar común hablar de la modernidad líquida, pero ahora el pensamiento líquido va camino de ser solo eso, un líquido. La foto de Francisco Rivera Ordóñez toreando con su hija en brazos ha sido el último —por ahora— ejemplo de lo que cabría llamar nuevo principio de Arquímedes: “Cualquier cuestión total o parcialmente sumergida en una red social en actividad recibe un empuje hacia la ignorancia igual al peso del volumen de reflexión que desaloja”. En apenas un mes, los más virulentos y menos argumentados debates en la quinta economía de la UE han sido, entre otros, el vestuario de unos Magos, el bebé de una diputada, el peinado de otro o las pancartas sobre la esposa de un futbolista. Con mayor sabiduría y mejor estilo lo escribía Fernando Savater en un artículo el domingo: unas redes “nulas en la solución de problemas pero insuperables en la orquestación de escándalos”. Y otro principio de la física actual: “Cualquier bulo difundido en la Red experimenta en su receptor un empuje de veracidad al alza directamente proporcional a los prejuicios y desconocimiento del citado receptor”. Como si ya solo interesase la queja o la opinión ciudadana si llega con “vanos comentarios”, como escribió Tácito a cuenta de la Roma de Tiberio.

Ayer fue trending topic en España… Paul Newman, quien hubiese cumplido 91 años, de no haber muerto, ay, en 2008. Nada que objetar a su memoria si no fuese porque ese éxito en Twitter iba acompañado por multitud de mensajes del siguiente tenor: “OMG me acabo de enterar de lo de Paul Newman…”. En ese batallón de insospechados fallecidos ya desfilan Audrey Hepburn, Miliki…

¿El problema es de educación, de banalización, de odio, de una sociedad que ya ha pasado del espectáculo a la barraca? ¿Por primera vez en la historia una forma de comunicación irá contra su propia esencia: difundir lo que se conoce? Pero, por favor, no seamos apocalípticos.

El abuso de tópicos y muletillas en las redes sociales

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A través de Yorokobu POR ISABEL GARZO ( @ISABELGARZO)

¿Quién sería el primero que escribió «un marco incomparable»? Seguro que le pareció una elección acertada, con buena sonoridad y un significado tajante. Cómo iba él a suponer que el abuso de esta expresión terminaría anulando su significado.

Utilizar un tópico, también llamado lugar común, al escribir o hablar equivale a no decir nada, o a decir muy poco en el mejor de los casos. Los ojos de los lectores y los oídos de los oyentes pasan de largo por estas construcciones demasiado trilladas.Frases como «solo se vive una vez» o «rectificar es de sabios» y asociaciones lingüísticas como «claro exponente», «oportunidad única» o «estrecha colaboración» demuestran la pobreza léxica de quien las utiliza.

En el lenguaje digital utilizado por las marcas y los particulares en las redes sociales y otros entornos web (blogs, foros…) podemos encontrar una gran cantidad de nuevos lugares comunes que se han sumado a los tradicionales.

TÓPICOS DE LAS MARCAS EN REDES SOCIALES

– Una marca comparte un evento en Facebook. ¿Qué frase no puede faltar al final de la descripción del mismo? ¡Bingo! El muy manido «¿te lo vas a perder?» o alguna de sus versiones («no te lo pierdas», «que no te lo cuenten»…)

– También es muy frecuente que las marcas apremien a sus seguidores con locuciones del tipo «¿a qué esperas para apuntarte?», «¡no esperes más!»,«¿todavía no te has apuntado?», «¿ya te has registrado?» ¡Qué estrés! Profesionales del marketing: ¿de verdad pensáis que a las personas les gusta sentirse presionadas?

– Sabemos lo que es un enlace y sabemos cómo funciona. Por lo tanto, sobran frases como «descúbrelo aquí» o «toda la información a solo un clic». Una frase pertinente y llamativa seguida del enlace sería más directo y eficaz.

TÓPICOS DE LOS USUARIOS PARTICULARES EN REDES SOCIALES

– Alguien sube una foto a Instagram en la que aparece descansando, y tiene la brillante idea de titularla «el descanso del guerrero». ¡Qué original! Casi tanto como los que, ante una foto en la que salen abrigados, recurren al siempre socorrido «winter is coming».

«El gran día» deja de ser grande cuando empieza a darse cada dos por tres.«Ya queda poco para el gran día», «llegó el gran día», «mañana es el gran día»… ¿Os suena?

– Algunas de las frases exponentes del postureo son «viviendo bien», «no me puedo quejar» o «qué bien me lo monto». También está la opción de, en un alarde de ironía, poner justo lo contario: «vivo fatal», «qué mal me lo monto»o «qué vida más dura».

– Si subes una foto en la que salgas con cualquier otra persona (ya sea amigo, familiar o celebrity) y no se te ocurre pie de foto, no te preocupes. Siempre te quedará la opción de escribir, simplemente, «en buena compañía». No serás el primero.

– ¿Quieres alardear de un detalle que alguien ha tenido contigo? Opta por«regalos que te alegran el día», que así das imagen de persona agradecida. Y nunca nadie lo ha puesto antes.

– A una construcción se le puede reconocer una cierta originalidad hasta que la repiten millones de personas antes. Eso ha pasado con aquello de «tonto no, lo siguiente» (cámbiese «tonto» por cualquier otra palabra). Si alguna vez fue ingenioso utilizarlo, ya no lo es.

– Hay otros muchos lugares comunes que deberíamos sustituir por otras expresiones siempre que podamos si queremos demostrar un léxico rico: «me parto», «darlo todo»…

COMODINES, REPETICIONES Y MULETILLAS

Las palabras comodín son aquellas que, por tener varias acepciones, utilizamos demasiado, a pesar de que en muchos contextos podrían ser sustituidas por otras más exactas. Un ejemplo es la palabra «cosa»: abarca demasiado, y casi siempre que la utilizamos en una frase podríamos en realidad usar otra más concreta.

Te tengo que hablar de una cosa. –> Te tengo que hablar de un asunto.

Han traído una cosa para ti. –> Han traído un paquete para ti.

En el curso nos enseñaron muchas cosas para gestionar mejor las redes sociales. –> En el curso nos enseñaron muchas técnicas para gestionar mejor las redes sociales.

Un verbo comodín es, por ejemplo, el verbo «poner». A menudo puede sustituirse por otro más exacto:

¿Me pones una copa? –> ¿Me sirves una copa?

Pon las pelucas en sus bolsas. –> Coloca/guarda las pelucas en sus bolsas.

Las repeticiones son a veces necesarias para que un texto se entienda, pero en el caso de los textos digitales, que se caracterizan por su brevedad, conviene evitarlas. Para ello, hay que repasar los textos y sustituir las palabras repetidas por sinónimos.

Por último, las muletillas son expresiones que nos sirven para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar nuestro discurso. A veces son útiles, sobre todo en el lenguaje oral, pero deberíamos evitarlas en la medida de lo posible en el lenguaje escrito. Dos muy frecuentes son «¿sabes?» y «¿no?» Las muletillas varían según la época. Algunas que están muy de moda en la actualidad son«en plan» o «¿Soy yo, o…?»

– Me miró muy seria. En plan «como no me hagas caso, te enteras».

– ¿Soy yo, o esa actriz se ha hecho algo en la cara?

Hay una gran cantidad de marcadores textuales que podemos elegir para enlazar las ideas de nuestra narración (además, bueno, por tanto, claro, luego, es decir, mira, por otro lado…). Tienen distintos usos (adición, aprobación, llamada…) y, si los variamos en lugar de caer siempre en los mismos, no se convertirán en muletillas.

Mentiras como una casa en Whatsapp y redes sociales

 Cosas que se creen en Whatsapp

No eres el único que está bajo la lupa de los rumanos. Ellos controlan los movimientos de 100.000 personas a la vez, todo un barrio. Lo dicen carteles en las paradas de autobús y los mensajes de Whatsapp… No sabes cuándo la vecina del 3A del final del barrio hace sus compras, pero los rumanos sí.

La «información vecinal» llega a un periódico local:

«Vecinos de Sevilla Este alertan de la existencia de una banda de rumanos con carteles en las paredes…»

Un lector del diario pregunta: ¿Cómo se sabe que eran rumanos?

Otro lector replica: Son rumanos porque los vio la vecina de mi primo mientras entraban en el bloque de enfrente.

A esta historia de rumanos se suceden otras, también vía Whatsapp como: Si tocan el timbre unos rumanos para vender colonia, no las huelas que te duermes y te roban en casa.

Otros mensajes añaden: secuestran a tus hijos y los venden a burdeles de Oriente Próximo, venden sus órganos… Esto ha pasado en Murcia (los whatsapps en Sevilla), ha pasado en Sevilla (los whatsapps en Cáceres), ha pasado en Cáceres (los whatsapps en Oviedo)…

A estos rumanos itinerantes, ladrones de órganos, se les une la cofradía errante de argentinos violadores. Estos tienen el poder de la bilocación (la posibilidad de estar en dos sitios a la vez): recorren la geografía española violando a la vez que permanecen encarcelados en su país de origen. Así que están en Argentina y, a la vez y ahora, en Zaragoza o tal vez Alcalá de Henares.

… Son algunas de las leyendas urbanas que circulan a través Whatsapp y que obliga a la Policía a emitir comunicados para calmar los ánimos de los ciudadanos.

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Cosas que se creen en Twitter

Mientras tanto, los usuarios de Twitter se burlan de quienes difunden trolas en Whatsapp, pero no están libres de falta. Basta recordar la difusión de la mentira de la donación de Iniesta tras ganar la Eurocopa 2012. Una mentira surgida en Twitter y que Twitter pronto aceptó, y tardó días en enterrar (lo que sucede en Twitter, se queda en Twitter).

Cosas que se creen en Facebook

En Facebook, son las citas célebres falsas, los virales de amor y los montajes fotográficos para desprestigiar a los enemigos. Contenidos en muchos casos desprestigiados, pero que no inspira a los difusores a pedir perdón. Lo importante es el mensaje, dicen, el mensaje de amor o el mensaje contra el contrario. De manera que seis policías golpeando a un mendigo que duerme tranquilamente en un banco se convierte en una fotografía icónica antisistema.

Por qué compartimos trolas

El director y guionista transmedia Gustavo Palacios comenta sobre las trolas y leyendas que: «de alguna forma el gran motor de cambio ha sido Facebook, ya que “compartir” un contenido es parte esencial de su naturaleza y eso hace ver como normal que compartas cualquier cosa. Cadenas de fortuna, de urgente ayuda, de curaciones mágicas… Yo creo que hay algo de la naturaleza humana en la necesidad de creer, ser parte de una comunidad y hasta de una verdad».

Quizá la necesidad de pertenecer a una comunidad conduce a millones de alumnos de secundaria españoles a secundar una huelga falsa. Ocurrió con un mensaje de Whatsapp animando a los alumnos a no asistir a clase el 5, 6 y 7 de febrero. La trola llevó al Sindicato de Estudiantes a emitir un comunicado para desmentir la convocatoria.

Difundir leyendas de rumanos y seguir una huelga falsa son ejemplos de que a menudo solo queremos creer lo que reafirma nuestros prejuicios, nos interesa o nos place (como rehuir las obligaciones) o nos permite permanecer «dentro de la comunidad». Para algunos, estar fuera del grupo es duro; aceptar mentiras es más cómodo.

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La pereza intelectual

Jorge, un español afincado en Australia, dice que: «Si compartes una “noticia” que dice que no hay que beber Coca-Cola porque un estudio científico ha revelado que provoca desligamiento ultramolecular en el testículo izquierdo, ¿te has molestado siquiera en poner en Google “coca cola desligamiento ultramolecular” a ver qué sale?»

Para Jorge es síntoma de pereza intelectual. Palacios coincide al afirmar: «Solemos repetir fórmulas sin razonar y compartir pensamientos que ni hemos reflexionado, porque el ejercicio de la razón es exigente y hasta peligroso».

Viejos mitos, nuevos soportes

Esta pereza explica la pervivencia de leyendas urbanas del pasado, acogidas ahora por las redes sociales y que programas como Cazadores de mitos se encarga de desmontar. Al respecto, la periodista Marina Montes recuerda la carta de la peseta de los 80 y los 90. ¿Quién no recibió un sobre con una peseta y una carta sugiriendo enviar diez copias con una peseta cada una a otras personas?

«La diferencia es que ahora todo es más inmediato», señala Montes.

La tarea de continuar la cadena era tan penosa como vergonzosa. El temor irracional a no seguir las instrucciones obligaba a muchas personas a escribir a mano diez o más cartas (tantas como las solicitaba el anónimo), punto por punto y coma por coma, comprar diez sobres y meterlos en buzones ajenos esperando no ser vistos. Ahora compartir cadenas, bulos y leyendas urbanas es tan fácil como hacer click en el botón «compartir» en el navegador o el móvil. Y ya no hay vergüenza por recibir un tirón de orejas.

Difusores de trolas y reincidentes

«En mi experiencia, la gente que manda ese tipo de “alertas” continuamente no para de hacerlo por muchas veces que les informes, amablemente, de que son una patraña», dice Jorge. Asegura no tener reparos en bloquear o dejar de seguir a quienes son adictos a la propagación de bulos, personas que en muchos casos carecen de curiosidad intelectual.

Realmente, crear mentiras es tan fácil como saber dirigirse a un público concreto.

Una niña inventa que si dejas a un Pou con cien cacas aparecerá un ovni para llevárselo, lo difunde por Whatsapp y miles de niñas pican y difunden «el truco». Siguen esperando el ovni.

Uno de mis tíos me comentó en cierta ocasión que los fantasmas eran señores que por las noches salían con farolas bajo sábanas blancas para acostarse con la mujer de otro. Nadie detenía a los fantasmas. Esto demuestra que el conocimiento es poder. En este caso, saber que los fantasmas no existen, y sacar un provecho de ello.

Las leyendas urbanas, las fotografías trucadas, mitos científicos, lo que dicen los políticos, los virales de amor, que la muralla China se ve desde el espacio… son algunos fantasmas de nuestro tiempo. ¿Qué mentiras has dejado de creer?

 

Claves del marketing en la era social: estar sin molestar

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A través de Pedro Teixeira Duarte Puromarketing

Cada vez que buscamos algo relacionado con el marketing o la publicidad, con los videos virales  las aplicaciones SOMOLO, nos encontramos con numerosos estudios y opiniones que intentan entender y aprovecharse de la conducta del consumidor. Con el neuromarketing, no solamente queremos entender ese comportamiento como también controlarlo de forma a que nuestras campañas tengan una efectividad elevada. Siempre queremos más, y ese más nos lleva a buscar procesos complicados para obtener una respuesta simple.

Ya lo decía en su tiempo Woody Allen: 80% del éxito consiste en aparecer.  Las marcas tienen que saber aparecer en la vida de sus clientes actuales y potenciales sin molestarles. No hay nada peor que recibir emails que no nos despiertan interés, recibir llamadas de ofertas que no nos interesan o tener mil notificaciones en rojo en cada aplicación que lo único que hacen es llenar la pantalla del teléfono de una manera incómoda y nada atractiva.

Las empresas tienen que saber utilizar los medios de que disponen de forma a que logren acompañar a sus clientes de una forma discreta, constante y, diría yo, casi subliminar. Tienen que lograr ser una parte esencial de la vida del usuario, esa página web que no se puede dejar de visualizar o esa aplicación que uno no puede dejar de ver antes de dormir.

¿Pero como aparecer de una manera tan repetitiva sin provocar el “efecto rechazo” en mis clientes?

Primero, hay que saber que los medios sociales se complementan y que, dependiendo de nuestro negocio, cada uno puede desarrollar una cierta función. A la hora de aparecer en la vida de un cliente, es importante que esa intervención cumpla con los siguientes requisitos o calidades:

  •   Necesidad: es vital que cuando publiquemos algo lo hagamos porque lo necesitamos, porque tenemos algo que contar y que ese algo lo tenemos que transmitir al cliente lo antes posible. En caso contrario, el cliente se perderá una buena oportunidad no solamente de compra o de descarga, pero de darse a conocer o de conocernos mejor
  •   Novedad: ya que vamos a comunicar algún tipo de información a nuestro publico, es clave que ese contenido sea nuevo, que no repita la misma idea de la comunicación anterior y que transmita la sensación de que las cosas están en movimiento, que lo de hoy puede que ya no esté disponible mañana y que se siguen desarrollando nuevos proyectos y líneas de trabajo
  •   Exclusividad: ya sea por medio de un correo, de promociones y descuentes elevados, o por fotos en Instagram, Facebook o Twitter, etc., es esencial que el público se sienta exclusivo. Tienen que sentir que el pertenecer a ese grupo, seguir a esa marca, o mantener esa suscripción les regala algo distinto que de otra forma no se podría obtener: tanto pueden ser, por ejemplo, fotos de un making off (o de un backstage) que se suben a Instagram de manera informal y cercana, como el relato de cómo se están preparando las cosas para un gran evento por medio de Twitter.
  •   Timing: todos los demás elementos perderán su efecto si no se comunican en el momento correcto. Ya sabemos que el mejor día para enviar correos electrónicos es el martes, pero obviamente no podemos limitar todas nuestras acciones a un solo día de la semana. Es importante tener un registro del día y de la hora a la que se hacen las acciones de promoción, de venta o de cualquier tipo.  El saber cuándo nuestro equipo se ha dirigido a nuestro público por la última vez evitará que pasemos por pesados, desesperados o intencionados. El “a que día y a que hora” depende obviamente del negocio o aplicación de que se trate pero hay algunas reglas que seguir: nunca intervenir con el cliente más que una vez al día, si él quiere saber más nos buscará a nosotros y no lo opuesto; por fin, las primerísimas horas de la mañana, de 15 a 17h y las horas después de cenar suelen ser las más elegidas para consultar más detenidamente el teléfono o el computador.
  •   Simple y visual: cada vez más se destaca la importancia de la infografía, así que nuestras comunicaciones no pueden hacer caso omiso de este dato y ser lo más concretas y visuales posible. 60% de lo que recordarán nuestros clientes será visual y si queremos que sigan visualizando lo que tenemos para ofrecer tenemos cerca de 5 segundos para convencerles de que lo que están viendo  les interesa y que perderán más si se van o si dejan de prestar atención que si se quedan.

En conclusión, las empresas tienen que conseguir que el cliente las busque a ellas y no el opuesto; tienen que conseguir estar presentes de una forma casi inconsciente en la mente del interesado de forma que cuando este tenga un momento libre lo primero que se le ocurra sea abrir nuestra página web o nuestra aplicación. Que las notificaciones que tenga en el móvil o en el correo sean pocas pero esenciales – eses detalles, eses recuerdos – que le van manteniendo enganchado al producto que tenemos. Ello se consigue con una comunicación novedosa, simple y visual, que el cliente considerará como necesaria y que le ha llegado en el momento perfecto de conocerla y de hacerle sentir especial. De otra forma, pasará de ella y habremos perdido nuestro tiempo en darnos a conocer.

Más fácil escrito que echo, sí. Pero por algún lado se empieza. Así que si no lo habéis hecho, empezad ya: show up, daros a conocer a vuestro público y conquistadlo de la mejor manera. El momento de aparecer en la vida de nuestros clientes es ahora.

¿De qué vive Twitter y por qué es gratis?

 

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A través de Ana P. Alarcos en lainformacion.com

Twitter es uno de los mayores fenómenos sociales del planeta. Esta red tiene más de 230 millones de usuarios, permite que se intercambien más de 500 millones de mensajes al día y es una de las herramientas de comunicación más demandadas y efectivas. “Es el mayor exponente de la web 2.0”, asegura David Navarro, gestor de Inversis Banco.

A estas alturas, no hay duda de que la plataforma de los 140 caracteres goza de un gran impacto socio-cultural y cosecha un gigantesco éxito entre el público. Pero pocos saben cuáles son sus fuentes de ingresos y cómo ha convertido su cartera de usuarios en un arma para conseguirlas.

Los expertos lo tienen claro: Twitter vive de la publicidad y de comercializar datos a terceros, dos vías que le están permitiendo facturar cada año más dinero. Solo en los últimos nueve meses, la compañía ha ingresado unos 422 millones de dólares (unos 312 millones de euros).

En concreto, su modelo de negocio está basado en cuatro fórmulas:

A) Los tuits patrocinados. Se trata de los mensajes que aparecen en el muro del usuario y que proceden de una cuenta a la que éste no sigue, y están ligados a criterios como la demografía o la afinidad. Cuando esto sucede es porque hay alguien que ha pagado por aparecer en un timeline (es decir, en el muro).

B) Las cuentas esponsorizadas. “Esta vía se produce cuando la plataforma te recomienda seguir a algunos perfiles. Unas veces esos consejos se realizan en base a algoritmos (por ejemplo, que muchos de tus contactos sigan a dicha cuenta y por eso te la recomiende) y otras veces se trata de cuentas patrocinadas”, detalla Enrique DansProfesor de Sistemas de Información en IE Business School.

C) Los trending topics esponsorizados. “Entre los términos más populares del momento (los famosos trending topics o TT) casi siempre hay alguno que está ahí porque alguien ha pagado por ello. No se sabe a ciencia cierta, pero la lógica dice que el coste irá en función de las condiciones de ese TT: no será lo mismo estar en la lista a las diez de la mañana que de madrugada, ni tampoco salir solo en la lista de Madrid que llegar al top internacional”, indica el analista independiente Jaime García Cantero.

D) Comercializar datos. “Su otra gran pata es realizar estudios de audiencias para terceros, que pueden ir desde el cine hasta el comercio. En definitiva, se trata de hacer métricas por las que muchas empresasestán dispuestas a pagar, ya que incluye el tratamiento de información sobre los usuarios dentro de las condiciones que permiten las leyes de protección de datos”, puntualiza Dans.

¿Y en qué se traducen todas estas vías? Para Twitter, en más de tres cuartas partes de su facturación. “En el primer semestre del año, la compañía ingresó 221 millones de dólares solo en concepto de publicidad y otros 32 millones vendiendo el acceso a sus datos”, detalla José Luis Orihuela, profesor en la Universidad de Navarra y autor de Mundo Twitter. Es decir, representan ocho de cada diez dólares de los que ingresó en ese periodo.

La gratuidad, una de sus grandes armas

Con todo, y como consecuencia de esta dependencia de la publicidad, Twitter sigue el mismo esquema que muchas de sus compañeras de sector. “Twitter, al igual que Facebook y Google, es gratis y sabe que no debe dejar de serlo porque, al fin y al cabo, cuantos más usuarios tenga, más fácil le será atraer a los anunciantes. El hecho de optar por un modelo de pago podría poner en riesgo su cartera de clientes y por ello no creo que lo contemple”, opinan fuentes del mercado.

Eso mismo cree Orihuela, quien puntualiza que “la estrategia de la red se ha centrado en suministrar un servicio estable y sencillo evitando trasladar al usuario los costos operativos de la plataforma, lo que le ha permitido llegar a los actuales 230 millones de usuarios activos y que, junto al valor de la marca, constituyen sus grandes argumentos de venta”.

Aun así, la plataforma no es rentable actualmente. Desde que nació, acumula unas pérdidas que rondan los 480 millones de dólares (355 millones de euros) y por eso necesita abrir nuevas vías de negocio, que es una de las grandes exigencias que le impone el mercado justo antes de que se estrene en bolsa.

Las vías en camino y otas alternativas a la vista

Como cualquier empresa, Twitter necesita crecer para atraer a nuevos inversores. Pero, ¿cómo puede conseguirlo? Los expertos aseguran que, de momento, la plataforma cuenta con cartas a su favor.

Una de ellas es que, según un estudio elaborado por Adobe, es la red social que más ha crecido en ingresos globales por usuario en el último año, al pasar de los 11 a los 44 céntimos por visita a su página. Además, podría seguir logrando buenos registros.

El informe asegura que las publicaciones con imágenes son más queridas por los usuarios y consiguen mayores compromisos que las que no la tienen (un extra muy atractivo en el mundo publicitario). Coincidencia o consecuencia, lo cierto es que Twitter permite desde hace una semana que los tuiteros vean fotos y videos directamente en su muro.

Otra de sus armas será el acceso móvil de sus usuarios. “Esto genera un 65% de los ingresos de la compañía y, según confiesa ella misma, el móvil se ha convertido en el principal catalizador del negocio”, recuerda el experto de la Universidad de Navarra. Y no es para menos: más de la mitad de los accesos a la plataforma se producen desde un smartphone, todo un ejemplo de la importancia que tienen estos dispositivos para la compañía.

A ello se suma la plataforma que está preparando para poder comercializar datos a cualquier tipo de empresa, incluso a las pequeñas. “Esos estudios de audiencias que hace están reservados a las grandes compañías debido a su coste, pero ya tiene preparada técnicamente una plataforma más barata para poder llegar a cualquier empresa y que, quien quera, pueda autoadministrar la información (para hacerse una idea, será como Google Analytics).

De cara al futuro, Twitter también podría poner en marcha otro tipo de modelos asociados a su propia plataforma. “Desde lanzar herramientas que resuman tuits, hasta medir la reputación de una cuenta, pasando por poner en marcha servicios premium o incluso ofrecer la posibilidad de realizar pagos a través de ella. Hay muchas alternativas válidas sobre la mesa”, añade García Cantero.