El segundo discurso del Rey

Según han publicado los medios de comunicación, el discuso navideño del Rey ha sido este año el de menor audiencia de los últimos 15 años. ” El discurso de don Juan Carlos esta Nochebuena ha registrado una audiencia media de 6.921.000 de espectadores y el 64,4% de cuota de pantalla, según el informe de la consultora Barlovento Comunicación, que difunde los datos de los últimos 15 años. Desde 1998, el mensaje del Rey ha perdido dos millones de espectadores, y casi 250.000 respecto al año pasado”, según publicaba el diario El País.

Añade el rotativo del Grupo PRISA  que “la audiencia del mensaje del Monarca ha ido descendiendo en los últimos 15 años; así, en el año 2000, cuando fue más seguido, se registró una audiencia de 9.140.000 espectadores y una cuota del 87,2%. El año pasado 7.165.000 ciudadanos (el 64,2%) escucharon el discurso de don Juan Carlos. El discurso, que fue seguido mayoritariamente en TVE, obtuvo las peores cuotas de pantalla en Baleares (49%) y Canarias (54,3%), seguidas de Cataluña (57,7%) , País Vasco (57,7%) y Murcia (57,9%). Castilla y León, con el 79,6% de cuota, fue la comunidad en la que más se vio el mensaje navideño del monarca”.

Teniendo en cuenta que el Rey es un mensaje en sí mismo, que su propia figura ya transmite determinados contenidos (estabilidad, credibilidad, solemnidad institucional), resulta llamativa esta fuerte caída en la audiencia, un traspiés que tiene mucho que ver con el profundo deterioro que ha sufrido en 2012 la Casa del Rey a causa del caso Urdangarín y del incidente del elefante botswanés. Ambas noticias han mermado la solidez del monarca como icono informativo, como elemento de equilibrio y credibilidad. La identificación permanente del Rey con su mensaje (una condición fraguada en la histórica comparecencia televisiva del 23-F) es ahora un lastre para que los ciudadanos sientan interés por el mensaje de un jefe de estado que, por mucha razón que pueda tener en sus juicios de valor sobre la actualidad española, ha perdido fuelle como comunicador al verse deteriorada su superioridad moral que reforzaba unas dotes comunicativas nada excepcionales en la forma, pero sí apreciadas en el fondo. el Rey siempre ha dicho lo mismo, pero su desgaste personal ha desbaratado parte del valor de su mensaje. Un asunto que tiene mal arreglo o, al menos, no tiene un arreglo rápido. Cuando el medio (el Rey) es el mensaje, recomponer las costuras que unen ambos conceptos no es sencillo.

Tal vez esta flojera comunicativa es la que ha llevado a los responsables de la televisión pública a programar para la noche del viernes 4 de enero una excepcional entrevista con Juan Carlos I, un formato periodístico al que no suelen prestarse las primeras instancias del Estado y al que se recurre en casos de emergencia. La entrevista se presenta como parte de un programa especial sobre la “generación del Rey”, pero es evidente que en este contexto de tonos azul oscuto tirando a negro para la capacidad de comunicación de Juan Carlos I y su familia, lo del viernes será un segundo discurso navideño. el mismo plato presentado con otra salsa. Verem0s qué impacto consigue y si es cierto que nunca segundas partes fueron buenas.

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