REFRANERO DE LA PUBLICIDAD (VII)

7. Donde no hay publicidad resplandece la verdad.

Éste era el título de una sección de la legendaria revista satírica “La Codorniz”. Se ve que ya de aquella se nos consideraba a los publicitarios como demasiado proclives a la, digamos, “fantasía”.

No lo negaremos. Cualquiera que trabaje en esto ha sentido alguna vez cierto sonrojo ante el inflamado verbo y los adornos a todas luces excesivos que acompañan a algunos “anuncios”… Pero, ¿acaso no ocurre lo mismo en la vida real? ¿No nos ponemos nuestros mejores trapos y afeites para seducir a alguien que nos interesa? ¿Contamos alguna vez antes, y a las primeras de cambio, nuestros defectos que nuestras virtudes, o los de nuestros hijos, nuestros ligues o nuestros coches nuevos?

Tu competencia, desde luego, no tiene intención de hacerlo. Pero sí piensa hacerse publicidad.

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