Identidad corporativa. Un rasgo característico de la identidad de Bittia.

Si en Bittia tuviésemos que redactar nuestro curriculum destacando, de entre aquellas actividades y disciplinas que conforman nuestra actividad diaria o la de cualquier agencia similar a la nuestra, una en la que tengamos eso que se suele llamar “amplia experiencia”, probablemente la elegida fuese la Identidad Gráfica.

 En nuestros orígenes –allá por los últimos años 80– era muy escasa la conciencia entre las instituciones y las empresas asturianas de la necesidad de contar con una identidad visual (en el marco, mucho más amplio–y que excede, nunca nos cansaremos de decirlo, las capacidades y las atribuciones del diseñador gráfico– de la “identidad corporativa”), una identidad adecuada, ordenada, coherente, eficaz, singular, distintiva… y, por supuesto, atractiva. Los ejemplos se contaban, literalmente, con los dedos de una mano y, entre esos pocos, destacaba quizá el impecable ejercicio desarrollado por Elías&Santamarina para el Principado de Asturias (la denominación actual “Gobierno del Principado de Asturias” llegaría muchos años más tarde, con el primer mandato de Vicente Álvarez Areces).

 En ese contexto, y después de haber desarrollado –hay que decirlo– con notable éxito un buen puñado de proyectos para distintas marcas, aunque de mucha menor complejidad y alcance, nos presentamos al concurso que en 1990 convocó el Ayuntamiento de nuestra ciudad, Gijón, para la creación y desarrollo de un nuevo identificador (escudo y logotipo) y la redacción de un ambicioso Manual de Identidad. Y lo ganamos.

 Desde entonces han pasado 22 años, sucesivas versiones, ampliaciones y actualizaciones, todas ellas ejecutadas dentro de esta casa. Pero aquel Manual continúa vigente y su núcleo fundamental (el escudo, el logotipo y sus distintas versiones; las aplicaciones a impresos, la señalética, vehículos, vestuario, publicaciones…) sigue siendo el mismo.

 

Para la primera edición (1991) de aquel Manual redactamos un capítulo introductorio que, a pesar de los años transcurridos y del inequívoco aroma “a Transición” que desprende, con su inflamado y legítimo orgullo por nuestra casi recién estrenada democracia, sigue sonando pertinente y necesario.

 Decía –y dice– así:

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 “Desde el advenimiento de la Democracia en España, la imagen que de las Instituciones del Estado tienen los ciudadanos ha cambiado radicalmente y no parece muy arriesgado afırmar que este cambio ha sido positivo.

 La antigua administración pública, percibida como una entidad ajena –cuando no abiertamente hostil al ciudadano– en la medida en que le había sido impuesta, ha dejado paso a unas Instituciones democráticas y al servicio de todos que, aún con sus defectos y carencias, sólo pueden ser entendidas como instrumento de defensa de sus derechos y libertades y como medio de expresión de la voluntad popular de la que emanan.

 Como rasgo ejemplar de la transición española podemos hablar, pues, de una identificación cada vez mayor entre el pueblo y sus Instituciones.

 Esta identificación se produce de manera particularmente intensa y espontánea en el ámbito de las Administraciones Locales, debido a su cercanía física, vital y emocional al ciudadano, en cuya calidad de vida influyen de una forma más directa y perceptible que ninguna otra.

 Como consecuencia de este rápido proceso de acercamiento entre el pueblo y sus Instituciones –y con la urgencia por adaptarse a los nuevos tiempos, en los que el devenir social, político y tecnológico parece haberse acelerado– todos los organismos públicos en general, y los Ayuntamientos en particular, se han visto en la necesidad de acomodar su imagen a esta nueva identidad democrática e intersecular.

 El objetivo sería que en la comunicación con el ciudadano se observasen los mismos principios de eficacia, transparencia, dinamismo, cordialidad y modernidad que deben regir en una democracia para todas las relaciones de la Administración con sus administrados.

 En el terreno concreto de la Identidad Corporativa –y más concretamente de la Identidad Gráfica, que es la que nos ocupa–, el principal problema sería la falta de homogeneidad y planificación en el uso de sus recursos de comunicación visual.

 Durante años, esta dispersión ha contribuido a empobrecer y diluir muchos mensajes institucionales y a desorientar y desmotivar a sus audiencias, con el consiguiente derroche infructuoso de tiempo, dinero y energía.”

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Con el tiempo, bajo el manto de la institución principal fueron surgiendo otras instituciones descentralizadas, agencias, fundaciones y patronatos, que –justificadamente o no, ése es otro debate– contaron también con sus correspondientes identidades, algunas diseñadas también por los mismos profesionales que hoy formamos parte de Bittia.

 Una de ellas fue la de la Empresa Municipal de Limpieza, EMULSA, cuyo logotipo y Manual de Identidad fueron diseñados y desarrollados originalmente por nuestros colegas gijoneses de Cyan y actualizados más recientemente por el estudio de Paco Currás.

 Hace apenas unos días, Bittia ha resultado adjudicataria, de nuevo en concurso público, de un proyecto para ordenar y racionalizar, desde el punto de vista de la Identidad Corporativa (no sólo, por lo tanto de la “Identidad Gráfica”) todas las acciones previstas en el plan bianual de comunicación de esta empresa pública.

 No es éste el primer caso en el que Bittia recibe el encargo de reordenar o poner al día una identidad que no ha sido originalmente creada en nuestra agencia. Lo hicimos antes, por ejemplo, para Aguas de Fuensanta, a mediados de los años 90. Y también para Corporación Alimentaria Peñasanta, propietaria de la marca Central Lechera Asturiana, para quien desarrollamos su actual Manual de Identidad, un complejo, detallado y voluminoso documento desarrollado íntegramente por Bittia a partir de las marcas diseñadas en su día por la agencia catalana Lorente (Grupo MMLB).

 

Será un desafío y un placer volver a hacerlo de nuevo para EMULSA. Y, ojalá, poder volver a contarlo, con el mismo legítimo orgullo y satisfacción, dentro de cinco, diez o veinte años.

 Y que tú lo leas, claro.

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