Archivos Mensuales: marzo 2012

“No soy nadie, Doctor”

Desde luego, una de las habilidades que tiene (que DEBE tener) la publicidad –la buena y la mala– es la de fijar en nuestras cabezas frases, lemas, gracietas, ripios, imágenes y cancioncillas que acaban por quedarse ahí durante un tiempo… En algunos casos, incluso durante mucho tiempo.

Por poner un ejemplo: la amarga queja “No soy nadie, doctor” de aquel sosias de Woody Allen ninguneado hasta por su terapeuta en la campaña de 2003 de Daikin Aire Acondicionado (Clouseau Draft Wordwide) entró en mi cabeza para quedarse. Y tampoco sé muy bien por qué, la verdad: ni siquiera la considero precisamente una campaña de esas “memorables”. Pero, oye, los caminos de la memoria son inescrutables. (Si no, ¿por qué recuerdo que una vez, en Oviedo, Lluis Bassat lanzó su chaqueta al público durante una conferencia, pero no recuerdo ni una palabra de lo que dijo después alguien que, por otra parte, es capaz de inspirar en mi tan honda y sincera veneración?).

 Bueno, el caso es que desde que pusieron en la tele el anuncio aquel de Daikin, ahora, cuando alzo inútilmente la mano en una sidrería o cuando mi jefa envía un mail de felicitación con copia “a todos” menos a mi, no puedo evitar repetir en voz alta el mantra: “No soy nadie, Doctor… No soy nadie…”

 Es duro, no ser NADIE… Se ve que, desde que Warhol nos prometió a todos quince minutos de fama, media humanidad ha disfrutado ya de una larga media hora a costa de la otra media (de la que formamos parte tú y yo, por si aún no te habías dado cuenta). Además, en este concurso de méritos las bases no acaban de estar muy claras. Porque, a ver, levantad la mano los que NO conocéis a Sofía Mazagatos. Y ahora levantadla los que conocéis –no digo ya que lo releáis cada invierno,– a Harry Martinson, Premio Nobel de Literatura en 1974, cuyo monumental legado poético es capaz de abarcar desde una gota de rocío a todo el universo…  Pues a eso mismo es a lo que me refiero.

 Esa ambición, esta necesidad de algún tipo de reconocimiento –y el consiguiente sufrimiento por no verlos nunca satisfechos– resulta especialmente dolorosa y visible en las redes sociales, en la web 2.0 (y ss).

 Hace muchos, muchos años –o sea, diez o quince– unos pocos muy ricos o muy influyentes –o ambas cosas a la vez, como José Luis Moreno– controlaban el acceso a los medios de comunicación de masas, tal y como entonces los conocíamos. Ahora, con la revolución de internet, los medios siguen estando controlados –no nos engañemos– por unos pocos, pero el canal está más abierto que nunca. Y, del mismo modo que la mitología capitalista prometía dar la oportunidad al más miserable hijo del más miserable de sus arroyos de llegar a dominar el mundo (o, por lo menos, Banesto), también la mitología de la nueva red de redes nos permite fantasear con la posibilidad de llegar, desde un humilde garaje en Calcuta o El Natahoyo a ser los dueños de una multimillonaria puntocom. O, ¿por qué no? a construirnos la mansion más imponente en la que uno podría nunca imaginar ser arrestado por el FBI.

 Así que casi todos lo intentamos, alguna vez. Cuando nos abrimos una cuenta en Facebook o en Twitter –o, peor aún, iniciamos un blog o una web personal o profesional– abrigamos la secreta esperanza de tener algún día, mejor cercano que lejano, miles, qué digo, cientos de seguidores, de fieles deslumbrados por nuestro proverbial ingenio, creatividad, capacidad de análisis y saber estar.

 Nuestro vecino y realizador de cine Jim Box lo expresó muy bien, hace ya 5 años, en este vídeo 

 Pero muchos son los llamados y sólo unos pocos los elegidos Cada día se registran millones de nuevos perfiles en redes sociales, millones de nuevos dominios de internet. Detrás de cada uno hay una persona o un proyecto que sueña con asomar la cabeza por encima de la grey, hacerse oír, llamar la atención (por algo bueno, si se puede elegir), decir “aquí estoy y hago esto así de bien”.

 ¿De qué depende lograrlo?

 ¿En serio pensáis que vais a leer eso aquí? Si fuésemos capaces de escribirlo, lo haríamos en la web del Club Bilderberg (si es que tienen web, que va a ser que no). Pero no parece aventurado decir que la fórmula debe contener unas ciertas cantidades, y en la proporción justa, de talento, valentía y oportunidad… ¡Ah!, y suerte, claro. Así cualquiera, ¿no?

 Nosotros tenemos algunos buenos amigos y algunos buenos clientes –suelen coincidir– que lo han logrado, y con creces, no creáis. Así, que podáis conocer, se me ocurre nuestro cliente y amigo José Antonio Martínez Nieto, de 360º Rango Digital, S.L.

 Ya os hablamos de José Antonio en nuestro post del pasado 25 de enero. Pero ahora queremos volver a hacerlo para ilustrar cómo ser alguien en internet –y la web de José Antonio, http://www.esquelasdeasturias.com, lo es, porque tiene un mínimo de 70.000 visitas diarias, más que ninguna otra en esta región– puede ayudar a alguien que lo merece a conseguir igualmente un poco más de atención. Como, por ejemplo, nuestro también cliente y también amigo Alfredo Alonso, de Dalpen Viveros.

 ¿Y cómo se hace?

 Básicamente, cuando las visitas no llegan a nuestra web o tienda online de forma natural (SEO, Search Engine Optimization), es decir, cuando no nos encuentran al realizar en Google (embudo universal por el que pasa casi toda la navegación en internet) una búsqueda de nuestros productos o servicios, no nos queda más remedio que buscar las visitas donde sabemos que está nuestro público, colocando allí nuestra publicidad. Como hizo, sin ir más lejos, Dalpen al colocar sus banners en la web de Esquelas de Asturias.

 Otra posibilidad sería pagar a Google para que, cuando alguien busque algo parecido a lo que nosotros vendemos, nos muestre a nosotros antes que a los demás (SEM, Search Engine Marketing).

 Pero ¿funciona?

 Por supuesto que funciona. Podemos conseguir que webs con 8 visitas semanales pasen a tener 80 visitas al día, lo que es como decir que nuestra tienda (la no virtual, se entiende) estuviese llena de gente todo el día. Que luego compren o no dependerá de la calidad del producto que vendamos y del precio que queramos cobrar por él. Ese será el momento de medir el ROI (Retorno de la Inversión) de la acción de SEM o el gasto en publicidad y el que nos dará la clave de la viabilidad de nuestro negocio actual o la necesidad de modificar alguno de los parámetros: ¿Calidad? ¿Precio? ¿Atención?…

 Si fuese fácil, todo el mundo alcanzaría siempre el éxito. Pero lo que, seguro, es imposible es vender si nadie te conoce, nadie se acuerda de ti y tienes siempre la tienda vacía.

 Lleva tráfico a tu web, consigue que la gente hable –aunque sea bien– de ti y estarás más cerca de lograrlo. Y, si no, pregúntale al Doctor Google.

Identidad corporativa. Un rasgo característico de la identidad de Bittia.

Si en Bittia tuviésemos que redactar nuestro curriculum destacando, de entre aquellas actividades y disciplinas que conforman nuestra actividad diaria o la de cualquier agencia similar a la nuestra, una en la que tengamos eso que se suele llamar “amplia experiencia”, probablemente la elegida fuese la Identidad Gráfica.

 En nuestros orígenes –allá por los últimos años 80– era muy escasa la conciencia entre las instituciones y las empresas asturianas de la necesidad de contar con una identidad visual (en el marco, mucho más amplio–y que excede, nunca nos cansaremos de decirlo, las capacidades y las atribuciones del diseñador gráfico– de la “identidad corporativa”), una identidad adecuada, ordenada, coherente, eficaz, singular, distintiva… y, por supuesto, atractiva. Los ejemplos se contaban, literalmente, con los dedos de una mano y, entre esos pocos, destacaba quizá el impecable ejercicio desarrollado por Elías&Santamarina para el Principado de Asturias (la denominación actual “Gobierno del Principado de Asturias” llegaría muchos años más tarde, con el primer mandato de Vicente Álvarez Areces).

 En ese contexto, y después de haber desarrollado –hay que decirlo– con notable éxito un buen puñado de proyectos para distintas marcas, aunque de mucha menor complejidad y alcance, nos presentamos al concurso que en 1990 convocó el Ayuntamiento de nuestra ciudad, Gijón, para la creación y desarrollo de un nuevo identificador (escudo y logotipo) y la redacción de un ambicioso Manual de Identidad. Y lo ganamos.

 Desde entonces han pasado 22 años, sucesivas versiones, ampliaciones y actualizaciones, todas ellas ejecutadas dentro de esta casa. Pero aquel Manual continúa vigente y su núcleo fundamental (el escudo, el logotipo y sus distintas versiones; las aplicaciones a impresos, la señalética, vehículos, vestuario, publicaciones…) sigue siendo el mismo.

 

Para la primera edición (1991) de aquel Manual redactamos un capítulo introductorio que, a pesar de los años transcurridos y del inequívoco aroma “a Transición” que desprende, con su inflamado y legítimo orgullo por nuestra casi recién estrenada democracia, sigue sonando pertinente y necesario.

 Decía –y dice– así:

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 “Desde el advenimiento de la Democracia en España, la imagen que de las Instituciones del Estado tienen los ciudadanos ha cambiado radicalmente y no parece muy arriesgado afırmar que este cambio ha sido positivo.

 La antigua administración pública, percibida como una entidad ajena –cuando no abiertamente hostil al ciudadano– en la medida en que le había sido impuesta, ha dejado paso a unas Instituciones democráticas y al servicio de todos que, aún con sus defectos y carencias, sólo pueden ser entendidas como instrumento de defensa de sus derechos y libertades y como medio de expresión de la voluntad popular de la que emanan.

 Como rasgo ejemplar de la transición española podemos hablar, pues, de una identificación cada vez mayor entre el pueblo y sus Instituciones.

 Esta identificación se produce de manera particularmente intensa y espontánea en el ámbito de las Administraciones Locales, debido a su cercanía física, vital y emocional al ciudadano, en cuya calidad de vida influyen de una forma más directa y perceptible que ninguna otra.

 Como consecuencia de este rápido proceso de acercamiento entre el pueblo y sus Instituciones –y con la urgencia por adaptarse a los nuevos tiempos, en los que el devenir social, político y tecnológico parece haberse acelerado– todos los organismos públicos en general, y los Ayuntamientos en particular, se han visto en la necesidad de acomodar su imagen a esta nueva identidad democrática e intersecular.

 El objetivo sería que en la comunicación con el ciudadano se observasen los mismos principios de eficacia, transparencia, dinamismo, cordialidad y modernidad que deben regir en una democracia para todas las relaciones de la Administración con sus administrados.

 En el terreno concreto de la Identidad Corporativa –y más concretamente de la Identidad Gráfica, que es la que nos ocupa–, el principal problema sería la falta de homogeneidad y planificación en el uso de sus recursos de comunicación visual.

 Durante años, esta dispersión ha contribuido a empobrecer y diluir muchos mensajes institucionales y a desorientar y desmotivar a sus audiencias, con el consiguiente derroche infructuoso de tiempo, dinero y energía.”

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Con el tiempo, bajo el manto de la institución principal fueron surgiendo otras instituciones descentralizadas, agencias, fundaciones y patronatos, que –justificadamente o no, ése es otro debate– contaron también con sus correspondientes identidades, algunas diseñadas también por los mismos profesionales que hoy formamos parte de Bittia.

 Una de ellas fue la de la Empresa Municipal de Limpieza, EMULSA, cuyo logotipo y Manual de Identidad fueron diseñados y desarrollados originalmente por nuestros colegas gijoneses de Cyan y actualizados más recientemente por el estudio de Paco Currás.

 Hace apenas unos días, Bittia ha resultado adjudicataria, de nuevo en concurso público, de un proyecto para ordenar y racionalizar, desde el punto de vista de la Identidad Corporativa (no sólo, por lo tanto de la “Identidad Gráfica”) todas las acciones previstas en el plan bianual de comunicación de esta empresa pública.

 No es éste el primer caso en el que Bittia recibe el encargo de reordenar o poner al día una identidad que no ha sido originalmente creada en nuestra agencia. Lo hicimos antes, por ejemplo, para Aguas de Fuensanta, a mediados de los años 90. Y también para Corporación Alimentaria Peñasanta, propietaria de la marca Central Lechera Asturiana, para quien desarrollamos su actual Manual de Identidad, un complejo, detallado y voluminoso documento desarrollado íntegramente por Bittia a partir de las marcas diseñadas en su día por la agencia catalana Lorente (Grupo MMLB).

 

Será un desafío y un placer volver a hacerlo de nuevo para EMULSA. Y, ojalá, poder volver a contarlo, con el mismo legítimo orgullo y satisfacción, dentro de cinco, diez o veinte años.

 Y que tú lo leas, claro.

MODULTEC. Construir una identidad.

Hace años que BITTIA trabaja con Modultec, una de las empresas españolas más avanzadas en el concepto de la construcción industrializada con más calidad que la edificación “tradicional” y que permite el ahorro de un 50% de los tiempos de ejecución. Modultec es una empresa con sede en Gijón que tiene como especialidad un trabajo que, según define su propia página web “es un proceso de fabricación de edificios divididos en módulos autoportantes, que se ensamblan tanto horizontal como verticalmente hasta conformar una estructura concebida como un mecano”. Mientras Modultec construye edificios de viviendas, centros de salud o de enseñanza, empresas, hoteles o  los restaurantes de McDonald’s en toda España, BITTIA ayuda a la construcción de la imagen corporativa de Modultec. Nuestra empresa ha elaborado a lo largo de estos años la página web de Modultec, su identidad gráfica, catálogos y otras publicaciones, además de todas las producciones audiovisuales con las que se ilustran los trabajos de construcción ejecutados para diversos clientes en diversas ubicaciones y con personalidades muy diferentes.

McDonald’s http://www.modultec.es/proyectos-realizados/restauracion/

Hoteles http://www.modultec.es/proyectos-realizados/hoteles/

Viviendas http://www.modultec.es/proyectos-realizados/vivienda/

Estas piezas de video son solo algunos ejemplos de los trabajos audiovisuales realizados por BITTIA para Modultec a lo largo de los últimos años. El valor añadido de estas piezas vinculadas al sitio web de la empresa es evidente, ya que la mejor manera de explicar el trabajo de Modultec es verlo, algo que ocurre con la actividad de otras muchas firmas. El valor de una imagen sobre las consabidas mil palabras es indudable en este caso, por eso BITTIA y Modultec se han esmerado de manera especial en cuidar este apartado de la documentación que se incluye en la página web y que se completa con explicaciones sobre el origen de la compañía, la tecnología que aplica, los clientes para quienes trabaja y los proyectos de I+D+i en los que está embarcada para seguir perfeccionando su oferta y sus productos.

A la vez, BITTIA sigue colaborando en la construcción de la imagen corporativa de Modultec, en ayudar a trasladarla a sus destinatarios pieza a pieza, de manera limpia, rápida, inteligente y cómoda, tal y como son los trabajos de Modultec.

¿Somos iguales o somos diferentes?

¿Somos iguales los hombres y las mujeres?, ¿somos iguales los altos que los bajos?, ¿somos iguales unos que otros? La respuesta es no. Afortunadamente no hay dos personas iguales. Incluso, salvando las diferencias más evidentes como la raza y el sexo, seguimos siendo distintos. Unos somos más altos, otros más bajos, mas gordos, mas delgados, etc.

Y la siguiente pregunta sería ¿y nuestras diferencias condicionan nuestro salario?

La diferencia salarial entre hombres y mujeres es un tema recurrente que cada cierto tiempo aparece en los medios de comunicación. Según publicaba hace pocas fechas un medio regional, los hombres cobran en Asturias un 23% más que las mujeres, una diferencia que alcanza el 29,6% si tienen contrato indefinido y hasta el 45,3% en el caso de las ocupaciones menos cualificadas (datos de CCOO de Asturias).

De forma casi simultánea aparecía otra información en la que se decía que los altos ganaban más que los bajos y cualquier día veremos una que diga que los rubios ganan más que los morenos.

Hace un tiempo realizamos una auditoría de igualdad. Se trataba de diagnosticar el estado actual y definir planes que ayudasen a reducir las posibles desigualdades detectadas.

El resultado de aquel estudio fue positivo. No se detectaron diferencias salariales en función del género pero si se detectaron actividades con escasa representación femenina. Se redactaron planes de mejora que se recogieron en un documento cuyo implantación se está analizando estos días.

Estamos lejos de considerar nuestro mundo como el mundo perfecto pero tratamos de poner los medios para que sea mejor cada día. Como todas, nuestra empresa esta formada por personas que constituyen su patrimonio más importante. Todas son diferentes pero esa diferencia que supone un enriquecimiento para la empresa, no puede suponer una desventaja para ninguna de ellas.

Y, por supuesto, feliz día de la Mujer Trabajadora a todas.