MAQUILLAJE DE IDEAS

J. PONCELA.

Parece evidente y aceptado, al menos en teoría, que la política sin ética es un paripé y un engaño al sistema democrático. Parece también que la publicidad sin ética cada vez tiene menos cabida en el mercado. La publicidad engañosa es, además de fraude perseguido por la ley, una puñalada trapera entre las costillas de una actividad fundamental en nuestra sociedad. La publicidad sin ética daña a la profesión y al cliente, además de poner en tela de juicio el valor del mercado  y de los fabricantes honrados. La política sin ética daña a los políticos, a todos: a los buenos y los mediocres, espanta a los electores y genera recelos generalizados contra la propia democracia. Aceptado todo lo anterior ¿qué grado de responsabilidad tienen los publicistas, los comunicadores en general, sobre la difusión de propuestas electorales de más que dudoso cumplimiento? Las campañas electorales son una orgía de lemas, frases y letra menuda que transportan mensajes de políticos de dudoso curso legal. ¿Se puede prometer pleno empleo? (yo se lo he escuchado a un candidato). ¿Se puede garantizar para un próximo mandato la solución de problemas que no se han solucionado en el actual? ¿Puede un partido de la oposición asegurar que si gana tomará ciertas medidas que no respaldó cuando las propuso el actual gobierno? ¿Se puede dar cabida a cualquier mensaje y a cualquier precio? ¿Se puede aceptar ser el maquillaje de cualquier promesa?

Josep Plá escribió que “la mediocridad es indestructible” y yo añadiría que es, además, puede ser contagiosa. La mediocridad que se ha instalado en ciertas capas de la “clase” política. La publicidad es comunicación y la comunicación, sea por la vía que sea, debe respetar unas normas mínimas. El “todo  vale” que parece imperar en las campañas políticas, en algunas al menos, no debería trasladarse a los comunicadores que trabajan en el ámbito de la publicidad. Las posibles mentiras del mensaje político no pueden esconderse tras los brillos de la creatividad.

Los comunicadores no son la conciencia de los partidos políticos, es cierto, pero tampoco pueden ser los alcahuetes de mensajes abiertamente falsos o de dudosa procedencia, ni embellecedores de programas imposibles o abiertamente falsos. Si no somos la conciencia de ellos, tengamos al menos conciencia propia. El foto-shop puede usarse para quitar alguna pata de gallo, pero no como maquillaje de la ausencia de ideas.

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