Adicciones Digitales inicia una campaña contra las webs pro anorexia y bulimia

En Asturias, nuestros hijos y, sobre todo, nuestras hijas tienen un acceso muy fácil a las webs que les enseñan a ser anoréxicos y bulímicos. Cada vez hay más. Crecen como setas. En ellas, los adolescentes aprenden cómo perder peso lo más rápidamente posible. Les enseñan a vomitar, a hacer lo que sea para no engordar y lograr una extrema delgadez, engañando a los padres. Estos pobres incautos muchas veces no se enteran de lo que están haciendo sus hijos hasta que es demasiado tarde.

Para concienciar a la sociedad de esta situación, Adicciones Digitales inicia una campaña informativa que permita dar a conocer a los padres asturianos los mecanismos de defensa contra estas webs. Según Juan Romero, portavoz de Adicciones Digitales: “Se trata de webs que defienden a capa y espada la necesidad de adelgazar a toda costa. Rayan con la legalidad desde el momento en que están promoviendo conductas no saludables en adolescentes y, por tanto, menores de edad. Por eso hemos iniciado esta campaña que se dirige a padres, profesores y adolescentes de Asturias”.

Adicciones Digitales es una organización que imparte charlas, conferencias y organiza seminarios dirigidos a adolescentes, jóvenes, padres, profesores y profesionales en general con el fin de mostrarles cómo hacer un uso saludable de la tecnología. Realiza sus actividades en colegios, universidades, centros sociales y empresas de toda España. Lo que se pretende con esta iniciativa es que no siga aumentando el número de afectados por estas enfermedades, que en Asturias pueden llegar al 5% si consideramos, además de la anorexia y la bulimia, el resto de trastornos alimentarios. Muchas de estas webs son elaboradas por jóvenes afectados por estas enfermedades, que quieren sentirse acompañados en el proceso de adelgazamiento por otros que sientan la misma necesidad que ellos.

Lo cierto es que los adolescentes lo tienen muy fácil a la hora de meterse en estas webs. Suelen conocer su existencia por internet, aunque no exclusivamente. No hay que olvidar que en Asturias el total de viviendas asciende a 361.000, frente a las 15 millones y medio del total nacional. El índice de viviendas con algún tipo de ordenador es del 64,7%, algo más bajo del 66,3 de toda España. Hay un 51,2% de viviendas con banda ancha, mientras en el resto del país la media se sitúa en el 51,3. Son datos del Instituto Nacional de Estadística correspondientes al año 2009.

Y parece claro que a mayor número de ordenadores, mayor riesgo, principalmente si los padres no ejercen o no saben ejercer la necesaria supervisión sobre las actividades que realizan nuestros hijos frente al ordenador. Por eso, Adicciones Digitales recomienda que estos aparatos estén siempre fuera de la habitación de los adolescentes, por ejemplo, en la sala de estar, y si no hay sala de estar, en el salón o cualquier otra habitación común de la casa. Pero nunca en la propia habitación del adolescente. Además, los padres deberán asegurarse de que el ordenador está apagado por la noche.

Se trata de enfermedades graves que tienen tratamiento. Según Esther Valles, psicóloga de la Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia (ADANER), en las últimas tres décadas lo datos no han cambiado. “Entre un 47 y un 50% de pacientes que sufre este tipo de problemas se recuperan totalmente y entre un 20 y un 30% pueden llegar a llevar un vida totalmente normal». El resto de afectados, un pequeño porcentaje, acaban convirtiéndose en enfermos crónicos y, en otros casos, se llega hasta la muerte”.

Los problemas o trastornos alimentarios continúan afectando sobre todo a las mujeres. La psiquiatra María Tajes Alonso y el endocrino Aurelio Martís Sueiro han señalado en unas jornadas celebradas en la Universidad de Santiago, que más del 85% de las personas que padecen anorexia nerviosa o bulimia son mujeres, mientras que los porcentajes relativos a hombre se encuentran entre un 15 y un 17%, datos que vienen experimentando un progresivo aumento. La mayor incidencia se encuentra en adolescentes entre los 12 y 18 años, aunque en los últimos años el abanico se está abriendo con casos de niños todavía más pequeños.

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