6. No cambies de caballo en mitad del río.
Vale, reconozcámoslo, la cosa está complicada: el enemigo viene achuchando y el río se nos antoja ahora más ancho y profundo de lo que aparentaba desde aquella apartada orilla.
Hay varias decisiones que podemos (que debemos) tomar, unas más acertadas que otras, aunque aún no sabemos cuáles.
Pero lo que sí deberíamos saber es que bajarnos ahora del caballo no estaría precisamente entre las primeras… ¿Estamos locos o qué? ¿Para qué habrían servido, entonces, tantos años –muchos de ellos buenos, que no se nos olvide– de lucha compartida, de esfuerzo, de ilusión, de inversión, para llegar hasta aquí?
Bueno, pues con la publicidad lo mismo.

